Mercado de gas. En los límites del modelo

El calentamiento global y el mercado del carbono

Por ahora y hasta que en 2013 se puedan sustituir las normas establecidas en el Protocolo de Kyoto el mercado de carbono, donde se emiten y venden estros certificados crece en forma exponencial. Esta es la solución que hasta ahora se le ha encontrado a la paradoja contemporánea de crecer económicamente, a costa de las alteraciones climáticas que quienes vivimos en el sur conocemos de primera mano.

El ingeniero agrónomo Daniel Martino, director de la empresa Carbosur, entrevistado por la revista de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Marketing (ACDE), explica el funcionamiento de este peculiar mercado,

El Protocolo propone mecanismos para auxiliar a los países a que cumplan sus metas ambientales. Uno de ellos da derecho a los países desarrollados a comprar «créditos» a las naciones que contaminan poco, con el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), conocido como el mercado de créditos de carbono.

De acuerdo al MDL, los países en desarrollo pueden vender créditos por la contaminación que «no hicieron». Hay dos opciones. De acuerdo a la primera, las empresas crean proyectos para reducir sus emisiones de carbono y los registran en la ONU. Si realmente surten efecto, generan los llamados créditos de carbono: por cada tonelada de CO2 que el proyecto deja de lanzar a la atmósfera, rinde un crédito para la compañía. Los créditos pueden ser vendidos a las empresas de países que ya establecieron metas de reducción para algunos sectores industriales, como los de la Unión Europea y Japón. Las empresas compradoras, utilizan el crédito para contribuir con las metas de su país, sin reducir sus emisiones. En la segunda opción, los créditos son colocados a la venta en las bolsas.

 

Cómo funciona el mercado

Martino explica que es algo nuevo, el Protocolo de Kyoto del 97, recién fue ratificado por el número mínimo de países que se precisaba en febrero de 2005. A partir de ahí empezó el proceso de consideración de proyectos que una vez que están registrados quedan habilitados para producir certificados.

El Protocolo de Kyoto tiene varios mecanismos. Uno de ellos permite la participación de países que no tienen la obligación de bajar las emisiones. Esa es la oportunidad que tenemos en Uruguay para entrar al mercado.

Si bien Uruguay no está obligado a reducir las emisiones de carbono, en algún momento en el futuro lo estará. Pero todavía se reconoce que los países más industrializados tienen una responsabilidad diferencial y por lo tanto son ellos los que tienen el liderazgo en la responsabilidad de bajar emisiones. Uno que está casi registrado es Botnia, hay otro proyecto que es de la Intendencia Municipal de Montevideo, con los residuos depositados en un relleno sanitario.

Todos los proyectos tienen que estar registrados en Naciones Unidas.

Hay 18 certificadoras que están acreditadas en Naciones Unidas para analizar los proyectos antes de que empiecen y luego, anualmente, esa certificadora viene a verificar si las medidas son correctas. La empresa certificadora está habilitada para emitir el informe de certificación que lo lleva a una Junta Ejecutiva que funciona en Bonn, que es la que finalmente lo aprueba. Salvo que haya una razón de peso, lo que diga el certificador es lo que se hace. Y el certificado lo emite la comisión de Bonn, cada proyecto tiene certificados diferentes, son seriados y tiene su identificación propia.

El valor de cada certificado es a la fecha de 14 euros comprado en el mercado a futuro, existe también otro tipo de certificado, de proyectos que ya están en funcionamiento, que valen cerca de 24 euros.

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