EL MERCADO PUBLICO DE VALORES HIBERNA
Según informó el Banco Central el viernes pasado, en el transcurso del primer trimestre del año, las operaciones realizadas en las Bolsas públicas BVM y Bevsa- sumaron menos de US$ 6.000 millones, de los cuales tan sólo US$ 108 millones fueron realizadas en la Bolsa donde el régimen es, efectivamente, público, basado en el voceo en una rueda de acceso físico del público interesado.
Estos ciento y pico de millones de dólares fueron operaciones realizadas para valores del sector público US$ 91.2 millones y tan sólo US$ 14.2 millones correspondieron a transferencias de títulos privados.
A la vez, todo ese monto comercializado en la rueda de voceo y con presencia física posible del público se correspondió con transacciones de «mercado secundario», o sea que en el trimestre ninguna empresa pública o privada emitió valores de «oferta pública» que no fueran certificados de depósitos o letras de Tesorería o Regulación Monetaria -en este caso, ni en BVM ni en Bevsa.
El tema no es menor más allá de la tristeza que depara el observar la realidad del mercado bursátil uruguayo.
El problema es que continúa pasando el tiempo y por una conjunción de razones, el gobierno no logra insinuar siquiera la construcción de un ámbito de encuentro público de los oferentes de fondos y las empresas que necesitan utilizar el ahorro público para financiar sus proyectos de inversión, reconversión, asociación o apertura del capital familiar sencillamente. Esta inexistencia real del mercado nacional de valores parecería ser asumida como un déficit estructural menor dado que hace ya demasiado tiempo que ni el gobierno, ni los intermediaros financieros, ni los empresarios logran impulsar definitivamente una modificación de la Ley de Mercado de Valores y otros instrumentos, incluyendo probablemente cambios en la normativa que regula los fideicomisos financieros.
Hay demasiados nudos difíciles de desatar en pro de promover ese ámbito público de financiamiento de la inversión productiva. Pero además de todos los problemas que supone la opacidad de todo lo que se transa lejos de la mayor transparencia que supone la existencia de una Bolsa de Valores realmente de acceso y control directo del ciudadano, esa omisión se está constituyendo en una verdadera omisión de la defensa de la soberanía. San Pablo, Wall Street y Chicago, las bolsas europeas o, aún algunas de las asiáticas conforman cada vez más el escenario de esas transacciones que no logran atraer las bolsas locales.
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