La crisis financiera en EEUU contagia al sector real de su economía
Hasta ahora se creía que la crisis originada en la burbuja inmobiliaria repercutiría solamente en el mercado financiero, sin embargo la noticia de la caída en las ganancias de General Electric, la tercera empresa global en capitalización bursátil, trasladan la incertidumbre sobre el futuro de la economía estadounidense al ámbito de la producción.
A su vez el carácter global y diversificado de esta empresa hace aún más estridente la alarma sobre su caída, pues significa que presenta problemas en mas de uno de los mercados y productos que abastece.
Los indicadores de la economía estadunidense apuntan a la baja, sea en la confianza de los consumidores -el nivel más bajo de los últimos 26 años- hasta la pérdida de empleos, con la inflación aumentando por los altos precios de los combustibles y alimentos. La confianza de los consumidores bajará por las perspectivas de inflación, el aumento del gasto en gasolina, energéticos y alimentación, y por las pobres perspectivas de empleos, según diversos especialistas que recoge el diario mexicano Milenio.com en su versión digital.
A esto se suma la devaluación del billete verde, que está afectando a las exportaciones de otras economías como las de Canadá y de la Unión Europea, y su impacto en los precios de las materias primas que se han convertido en refugio de capitales y especuladores. La baja en la tasa de interés no ha logrado alivianar el costo del dinero ni revertido la contracción del crédito, al punto tal que muchos economistas dudan que seguir bajando las tasas tenga utilidad en el contexto actual. No sólo hay una inflación que devalúa el billete verde, sino que muchos países ven en esta política una forma de ‘pasarle la factura’ de la crisis al resto del mundo, una especie de proteccionismo monetario que seguramente implique la toma de medidas, como las que han estado conociendo sobre la exportación de algunos alimentos.
El FMI anticipa que esta crisis provocará pérdidas por un billón de dólares.
Este derrame o contagio obliga a poner atención en cómo afectará a la economía real de Estados Unidos y en qué medida repercutirá sobre las de otros países.
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