Dólar. Astori explicará hoy la estrategia

Los rentistas presionan más que las empresas

La demanda de dólares es prácticamente inexistente y la oferta del billete verde proveniente de la demanda de los exportadores, la inversión externa directa y de portafolio, se ha visto extraordinariamente incrementada en las últimas dos semanas por una concentración de vencimientos tributarios usuales a los cuales, ahora, se le suman las liquidaciones de los nuevos tributos que gravan los servicios, particularmente los provistos por profesionales y personas físicas. En estas condiciones, el BCU debió ayer reingresar al mercado comprando US$ 1.5 millones y señalizando la intención de poner un piso a la caída.

La descompensación de los mínimos equilibrios explica la precipitación continua de la cotización de uno de los dos precios principales de la economía. Uruguay transita un acelerado proceso de desdolarización pero, aún resta un margen muy considerable para que los equilibrios se restablezcan en otro nivel, dado lo cual, es presumible que ese proceso seguirá determinando un pasaje de dólares a pesos que le imprimirá al mercado una tensión agregada. El gobierno se enfrenta a este proceso con muy pocos instrumentos y da la impresión que sus previsiones, en cuanto al momento en el cual cesaría la caída del dólar norteamericano, frente a las canastas de monedas fuertes, han sido desbordadas ampliamente por la realidad. EEUU está aceptando explícitamente el deterioro de su moneda ajustando el salario y la capacidad de compra de los norteamericanos a una realidad que ya no tiene nada que ver con la que caracterizaba al mundo una década atrás. Si la previsión del cronograma en el cual se comenzarían a restablecer los equilibrios del gobierno uruguayo ha sido equivocada, la que han hecho las familias ha sido infinitamente peor. La mística del dólar se asemeja a un valor incorporado por los uruguayos que han sido advertidos hace mucho sobre el riesgo que ahora se concreta sin que hayan siquiera tentado reaccionar a tiempo.

Prácticamente a esta altura de las cosas, la única forma que está encontrando el gobierno para atenuar la brusquedad de los picos de caída del precio del dólar es, explicita o implícitamente, presionar a la banca comercial del Estado y otros agentes sobre los que puede incidir para que adelanten compras de dólares cuanto puedan. Esto tiene sus costos y riesgos para las empresas del Estado que intentan cotidianamente apuntalar la cotización del dólar. Además, hay límites y ellos han comenzado a aparecer claramente. De hecho, el Banco Central había declinado desde fines de febrero y hasta ayer, comprar dólares con pesos que luego debe retirar con costos crecientes. El gobierno se enfrenta a un incremento de la reivindicación por un dólar más caro sabiendo que esta no proviene tan sólo de los exportadores y el agro, sino de las familias sorprendidas por la licuación de uno de sus activos y fuente de rentas de uso diario más confiables. En este último conjunto convive la preocupación del típico rentista tenedor tradicional de deuda pública ­en este país hay casi un centenar de miles de poseedores de bonos y títulos de deuda nominados en moneda extranjera o vinculados al dólar que, en general, nada saben de cobertura de riesgo precios y otros instrumentos que las grandes empresas o los administradores profesionales de fondos utilizan generalizada y creativamente.

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