Novedades y datos para la discusión local
Mañana finalizará una intensa semana de reuniones, públicas y privadas en las cuales, las autoridades de 146 países han intentado conciliar información e ideas respecto a cuál es, realmente, la situación y perspectivas económicas, financieras y sociales del mundo.
Desde las reuniones de la cúpula y algo más, con las cuales el BID abriera el calendario una semana atrás en Miami, hasta el cierre de la Asamblea conjunta de primavera del IMF y el BM que se producirá mañana en Washington, el mundo está siguiendo con atención diferente las conclusiones y entredichos de esos encuentros.
En general, las reuniones de reprogramación y ajuste de políticas de los países, enfrentados a un escenario inédito, se han desplazado para la próxima semana aguardando en muchos casos más información para decidir esos ajustes en los programas locales. Hay excepciones que en general se han verificado en el área monetaria. Los bancos centrales asiáticos, europeos y algunos latinoamericanos como el chileno, por ejemplo, no han aguardado la finalización de esas reuniones para decidir ajustes de las políticas de estabilización. En general, el rebrote inflacionario y sus riesgos ha sido enfrentado desde cierta distancia por los reguladores nacionales sin esperar una traducción más afinada de cómo evolucionarán los mercados o cómo se precisa el dibujo del nuevo escenario global. De tal manera el Banco de Japón, el banco central europeo y el chileno, entre otros, han decidido la semana pasada atender el riesgo del ajuste a un nivel de actividad menor pero, a la vez, y en atención a sus misiones principales, jerarquizando la estabilidad, han mantenido sus tasas básicas. Otros como el Banco de Inglaterra han jerarquizado más el riesgo de la extensión de la crisis financiera sobre la competitividad y el nivel de actividad optando por flexibilizar la política monetaria y bajando sus tasas.
Aterrizaje local
El seguimiento de la discusión del norte es seguido con atención en Uruguay, pero su aterrizaje local es aguardado para afinar decisiones de política local, necesariamente vinculadas a la evolución de esos escenarios muy inciertos. Es el caso de las reuniones del próximo jueves del CCM y el Copom. El equipo económico ya tiene la confirmación de un crecimiento mayor al esperado en 2007, algunas precisiones respecto a la inversión y el consumo. En tanto tiene también lo necesario para precisar su programa económico, financiero y monetario una vez que compruebe que no hay en las conclusiones de la discusión del norte mucha novedad a lo que se conoce hoy.
Unidades de medida y visiones diferentes
Empero, estas reuniones de primavera del multilateralismo económico está produciendo novedades y visiones diferentes. Una de ellas es la que surge de la posición relativa de América Latina en la escala del desarrollo, cuando en vez de utilizar los indicadores corrientes del desarrollo se utilizan unidades de medida que ahora disponen los organismos y permiten, entre otras cosas, neutralizar el efecto de la volatilidad cambiaria en la registración. El dólar ya no es una medida universal válida para todo y cuando ella se sustituye aparecen realidades que sugieren reflexiones y, probablemente, ya estén incidiendo en las correcciones de programas y políticas locales. Eliminada la distorsión cambiaria comienzan a aparecer las novedades. Algunas ya asumidas por el mercado y la política internacional: China es la segunda economía del mundo evaluada con esta unidad de medida. Desde esta perspectiva hay también modificaciones que se irán conociendo en los indicadores sociales líneas de pobreza, estado de cumplimiento de las metas del Milenio por ejemplo. Hay también desde una «visión PPP» (capacidad de compra real por su sigla en inglés) , modificaciones interesantes respecto a cuál es el grado de participación real de las diversas regiones en la generación y utilización de la «nueva riqueza». «Entre 2000 y 2006 -decía Sahida Badiee, director de estadística del BM -, los países en desarrollo han pasado de poseer el 35% al 41%».
A ello se le sumó el diferencial aún más intenso vivido en 2007. De allí esas urgencias de blindar lo alcanzado de impactos imprevisibles que surgirán de la crisis del norte.
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