ANALISIS NACIONAL

LA SUSTITUCION DE ASTORI

La sustitución del ministro de Economía y, en tanto del triunvirato que está al frente del Ministerio, es un problema complejo y de primer orden. Sigo estando convencido de que allí sí, hay una única alternativa y ella ahora parece cuestionada por la instalación mediática de otra u otras opciones.

Hasta ahora era bastante previsible que se hubiese dispuesto el enroque que trajera a Walter Cancela al edificio de Colonía y Paraguay, volviendo a Mario Bergara al BCU y a Fernando Lorenzo a tareas más vinculadas con la coordinación de la economía y la política en la búsqueda de activar la experiencia de gobierno discutiendo la modernización del programa de la izquierda.

Desde que el jueves pasado, el semanario Búsqueda recogiera un aparente rumor ­desconocido para mí- respecto a que el ex presidente de la CND, Alvaro García, asumiera el cargo, una serie de medios se han encargado de dar por hecha la designación de García. De tal manera, se ha recreado una discusión formalmente viciosa que además del manoseo público de las personas, ungibles en la mañana y defenestradas en la noche, aviva especulaciones menores sobre relevos que deberían ser observados por el público con alguna distancia de los títulares forzados o de la especulación política partidaria.

Hay cargos públicos que en instancias muy particulares de la vida de una nación corporizan en sus titulares responsabilidades de tal naturaleza que su eventual relevo debería ser precedido de ciertos cuidados. Sin duda, en el escenario por el cual transitará el país en los próximos años, el ministro de Economía, el presidente del directorio del Banco Central, el canciller o el ministro del Interior son cargos que, en sí, requieren perfiles personales que más que resolver equilibrios internos de una fuerza política o aptitud profesional para ocuparse de la administración de la transición, demandan una capacidad de liderazgo personal reconocible por la ciudadanía. Si ello, por alguna razón quizás atendible, no fuera posible y buenos profesionales como el contador García debieran ser promovidos desde el área administrativa del Estado a una función de ejecución política hay que saber al menos cuáles son los riesgos. Hasta ahora y más allá de los reparos que personalmente tengo sobre la utilización excesiva de las personas en las lides políticas, la lógica de aquel enroque que llevaría a Walter Cancela al Ministerio era incuestionable. Hay una explicación personalizada del asunto y hay, sobre todo, una razón para que esa hasta ahora convicción lógica nos tranquilizara a todos.

Esa convicción lógica o razonable tiene que ver con la importancia de los cargos y los requerimientos que debe asegurar la sustitución de Astori y su equipo en un escenario en el cual el problema no será el de administrar equilibrios, sino de enfrentarlos ofensivamente. Lamento tener que contraponer perfiles de un cargo vinculándolos a nombres, sobre todo el de dos profesionales que aprecio. Sin embargo, antes de zambullirse en la tómbola usual de nombres tal cual parece perfilarse la cosa, importa recordar algunos procesos y tareas pendientes que pasaran por el Ministerio de Economía. Entre otras: Conciliación de la estabilidad, el crecimiento y la ocupación en el escenario más difícil de los últimos siete años y la discusión y ejecución de la última rendición de cuentas con permisibilidad del gasto.

A lo cual habría que agregarle todo lo que supone la reforma de la política comercial y su sistema de ejecución, responsabilidad compartida con la cancillería para una instancia de definiciones inédita para el país dada su importancia económica y significación respecto a la soberanía. Demasiado para no ocuparse del tema.

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