Escrito por: Jorge Jauri |
Además de todo eso, en torno a esta variable se establecerá la disputa que le permitirá o no a la izquierda aspirar a un nuevo período de gobierno. El que, eventualmente, será muy diferente al actual; porque el entorno económico ya no será el mismo y porque, probablemente, la administración de los cambios deberá realizarse en un régimen de mayorías legislativas difíciles de construir.
Sobre la idea de equilibrio fiscal reposa la tranquilidad pública en este momento dado que prácticamente todo lo que importa en economía incluyendo el empleo está atado al equilibrio de las cuentas públicas. En esa línea el gobierno celebró que las cuentas de febrero dadas a conocer a última hora del viernes permitieran por el momento despejar algunas dudas sobre la evolución del gasto. En el escueto comunicado que acompaño la publicación de las cifras, el Ministerio de Economía explicó que el gobierno continúa utilizando todo el ingreso agregado por un nivel de actividad que en 2007 desbordó la previsión inicial en financiar el aumento del gasto social asignaciones familiares- y las transferencias impuestas por las primeras partidas del financiamiento extraordinario del FONASA.
Esto era previsible y no asusta a nadie el hecho que comiencen a utilizarse ese monto de cuasi reservas que el gobierno mantiene como resultado del sobre cumplimiento fiscal para enfrentar contingencias adversas en un país que no está preparado para autorizar a sus gobernantes a implementar de frente una política fiscal contra cíclica. La política sigue ofertando distribución como valor exclusivo y sus profesionales cobran bien por ello en moneda electoral, obviamente.
En los próximos días esos representantes políticos de la mayor expectativa social generada en los últimos treinta años se expondrán a test decisivos en el cumplimiento de su misión principal; esa de representación individual de los intereses de sus electores en una perspectiva que exceda las simplezas del corto plazo. Deberán aceptar una propuesta mediante la cual, en los nuevos escenarios de restricción, el gobierno procure eliminar la sospecha de desequilibrio que erosionen toda la sustentabilidad del cambio y su compleja administración inicial. Esa propuesta debería comenzar a explicarse en un comunicado que esta semana deberá emitir el Comité de Coordinación Macroeconómico. Seguramente en él, además de la convención que el MEF y el BCU deberán impulsar para que el BCU implemente algunos cambios de su política monetaria, el equipo económico con el aval presidencial casi explicito deberá comenzar a solicitar el concurso de la población para sustentar el equilibrio amenazado.
Esa propuesta insinuada desde ese comunicado del CCM no va a acomodarse exactamente al tenor del discurso oficial de la economía que la población escucha hasta el grado de la saturación. Quizás, más importante aún que la calidad del diagnóstico y el ajuste del programa económico sea la forma en la cual el gobierno explicará la nueva hoja de ruta. Y esto vaya que es difícil para un gobierno acostumbrado a pensar, obrar y decir el exitismo y la distribución como valor sacrosanto. Será un desafío fuerte y, observada en perspectiva, una oportunidad que este gobierno no afronta desde que dos años atrás, demasiado temprano y lejano, pasara aquel otro tren.
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