Deuda. Inversores y familias seleccionan y discriminan más según riesgo

Aumenta la brecha con Brasil

Desde mediados del año pasado y hasta ayer, se ha multiplicado por cuatro la remuneración agregada por riesgo que familias e inversores ­uruguayos e internacionales- exigen por comprar deuda uruguaya en relación con la remuneración que piden por comprar deuda brasileña Y esto es una novedad.

Sin que las variantes de precios conformen una tendencia firme, la caída de los precios de los bonos uruguayos, tanto aquellos listados en las bolsas internacionales como los emitidos dentro de fronteras es muy significativa. De confirmarse, esa tendencia de discriminación negativa que hacen los inversores externos y los propios inversores uruguayos ­familias y empresas, la discusión fiscal adquiriría matices más dramáticos. A los uruguayos nos es difícil manejar estas señales. No entendemos que es una tasa de retorno ni podemos diferenciarla de una tasa de interés simple o compuesta. No sabemos que significa la renta fija ni variable. Y además, sinceramente, ahora, cuando el país aparece expuesto a los impactos de un mercado internacional muy cambiante, ese ejercicio de interpretación de lo que nos sucede, en prospectiva y en un contexto determinante, todo eso tiende a ser ignorado y despreciado. En consecuencia, el problema del vínculo financiero del país con el mundo, los problemas del riesgo, se subsumen en la discusión política que privilegia como valor absoluto el aumento del gasto social inmediato y descontextualizado de una perspectiva de sustentabilidad general del cambio.

Esa discriminación negativa según riego que las familias uruguayas y los inversores externos o internos están realizando desde hace ya más de un año, se corresponde con uno de los dos problemas más difíciles de resolver para un país que ha hecho la mayoría de las cosas bien, pero cuyos representantes políticos se trancan y regresan al pasado cuando debe afrontar los problemas del equilibrio de largo plazo.

Aquella elite que maneja los problemas concretos del riesgo y el equipo económico se ha venido enfrentando a este peligro de la discriminación que se venía insinuando desde mediados de 2006 e hizo eclosión a mediados de 2007. El equipo económico no desconocía estos problemas que aparecerían en cuanto advinieran cambios adversos en el entorno. Intento hacer lo que pudo o quizás un poco menos, esa es mi humilde duda. Pero se apoyó con pericia en instituciones reformadas de hecho y derecho como el BCU y la DGI para mitigar algunos de esos riesgos. A lo cual se le agregó la calidad de la gestión de deuda, organizada en una unidad ejecutora muy especializada. En el caso de la DGI, las reformas permitieron adicionar calidad de gestión a una recaudación basada en el incremento de la recaudación inducida por el crecimiento del nivel de actividad. De tal manera, ese soporte profesional e institucional ha venido compensando con mejora del gasto financiero y fuerte aumento real de la recaudación, los riesgos derivados de una expansión del gasto público y privado sin que, hasta ahora, pasara nada demasiado grave.

Sin embargo, ahora las cosas han cambiado y mucho. Uruguay está padeciendo esas dificultades mayores aunque el plan de contingencia financiera permita atenuar sus impactos y dilate en el tiempo las apelaciones que el gobierno deberá volver a hacer al financiamiento del FMI u otras multilaterales si las cosas siguen así. No queda mucho margen y quizás, esa grafiquita de aumento de la presión tributaria lo esté indicando.

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