Entre retenciones y crecimiento
A comienzos de 2002, los rurales argentinos resistieron el restablecimiento de las retenciones agrícolas argumentando que dejarían sin rentabilidad al campo y provocarían una brusca caída de la producción. Sin embargo, hasta ahora estos pronósticos no se cumplieron. La producción agropecuaria argentina ha crecido de manera espectacular incentivados por el tipo de cambio alto y la suba de los precios internacionales.
Luego de la devaluación, comenzó a cobrar fuerza en el gobierno de Duhalde la posibilidad de aplicar retenciones a las exportaciones agrícolas para financiar planes sociales. Las entidades del campo y la industria alimentaria se venían venir la medida y a fines de febrero de 2002 ofrecieron un único aporte voluntario de 1500 millones de pesos poniendo como condición para el desembolso que no les aplicaran retenciones. La iniciativa no prosperó contaba no prosperó y el 4 de marzo el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, anunció la aplicación de un 10 % de retenciones para los productos primarios y 5% para las manufacturas agropecuarias. La medida motivó un amplio rechazo en el sector que auguraba la pérdida de rentabilidad, cosa que no ocurrió la Secretaría de Agricultura confirmó una cosecha récord de 71 millones de toneladas, que permitió exportar granos por más de 10.000 millones de dólares. El precio de la soja fue fundamental para apuntalar el .
Finalmente, Kirchner ganó las elecciones y las retenciones siguieron sin cambios hasta enero de 2007. Sin embargo, eso no produjo ninguna caída en la producción. En la cosecha 2006/2007 se batió un nuevo al superar los 85 millones de toneladas. El incremento de la superficie sembrada, las mejoras en la productividad y los altos precios internacionales apuntalaron el boom. El gobierno decidió entonces aumentar nuevamente las retenciones a la soja y utilizar ese dinero para subsidiar el precio de los alimentos en el mercado interno.
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