NO TIENE OBJETO ESPECULAR CON AUMENTOS DE LA TASA DE POLITICA MONETARIA
La convicción acerca de que la FED continuará bajando las tasas hasta que comience a percibir una estabilización de los precios de la propiedad, y en tanto de las garantías del sistema financiero, está comenzando a recrear una discusión local relativamente importante y difícil de entender: ¿qué es lo que deberán hacer el BCU y el MEF si la apertura de la brecha entre las tasas de corto plazo norteamericanas y uruguayas continúa ensanchándose. Efectivamente, el programa del gobierno y una dividida votación del Copom, quince días atrás, mantiene la tasa de política monetaria (TPM) en el 7.25%. En consecuencia, las cuentas son sencillas: si el piso de las tasas que pueden obtener las instituciones financieras reguladas por colocar pesos en condiciones de máxima seguridad posible es ése, los bancos venderán dólares y comprarán pesos para colocarlos en las diferentes modalidades que hoy admite el mercado local y estimula la política monetaria. Si los bancos, el resto del sistema financiero y las familias demandan más pesos sucederán dos cosas al menos: caerá más el precio del dólar y se crearan condiciones para el aumento de las tasas en pesos.
En otro momento, esto sería insostenible para la competitividad y los equilibrios políticos del gobierno, las empresas exportadoras y los rentistas en dólares. Ahora no. El tipo de cambio real no está cayendo de manera gravosa. Por lo contrario, la mayor parte de las empresas locales está sobrevendida y trabaja muy cerca del máximo de su capacidad instalada, con proximidad al pleno empleo en amplios sectores industriales y de servicios.
No hay en este momento un problema de «atraso cambiario» y es un tanto tonto, si no fuera funcional con la especulación excesiva, continuar ubicando la discusión o la atención pública en ese tema. Lo que si pudiera comenzar a existir es algo similar pero diferente: un «adelanto inflacionario». Esto tiene que ver con la caída de la productividad derivada de la recomposición de márgenes, del aumento de la ocupación y el costo salarial y de la propia lentitud en la cual, el aumento de la inversión produce un aumento de la oferta. Además, obviamente, de la inflación importada. En estas condiciones, el riesgo inflacionario tiene prelación frente una eventual caída de la competitividad. Dado lo cual, importa poco que aquella brecha de tasas se ensanche si es que sus causas y efectos son aceptados y defendidos políticamente.
Por ahora la tesorería y el BCU tienen márgenes financieros para rechazar una presión excesiva de las instituciones financieras sobre las tasas de letras de regulación y notas de tesorería. De hecho es lo que está haciendo en estos días: declarando desiertas o cortando por tasas las licitaciones diarias. El Copom no se reunirá hasta fines de abril y nada debería provocar la insistencia que se observa en la prensa local para que el BCU disminuya su tasa de política monetaria en vez de aumentarla como pensamos algunos.
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