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LA SEDUCCION PERDIDA DEL DOLAR

En estos momentos el gobierno utiliza todos los mecanismos posibles para mantener el precio del dólar en el rango de los veinte a veintiún pesos sin que, por ahora, los costos sean insoportables. Sin embargo, en lo que va del año, el BCU-BROU han comprado algo así como el 70% de sus necesidades usuales de dólares de un año. La distorsión agrega confusiones y una costumbre: aguardar qué hacen los bancos públicos todos los días en el mercado. El resto del sistema financiero y los operadores «esperan» cotidianamente las compras que el gobierno realiza, a veces en operaciones inusuales de mercado abierto. Y cuando se percibe que no habrá intervención oficial, el mercado desaparece y el precio del dólar se precipita. El problema está siendo multiplicado ahora por el pasaje a un régimen de tasa de interés de la política monetaria; el cual pese a la tasa relativamente baja opera estimulando la venta de dólares. En tanto el BCU oscila notoriamente entre el cumplimiento de la misión que tiene la institución: defender la moneda nacional y la precaución por sus efectos sobre el dólar.

 

Dale con el dólar

Una y otra vez, la cotización del dólar parece ser el problema. Las presiones ya no surgen del sector empresarial que no reivindica en lo más mínimo un mayor tipo de cambio. Ni los trabajadores, ni los pasivos, ni los empresarios demandan la devaluación del peso. Ni la demandan los bancos asegurados contra estas contingencias. La pregunta entonces consiste en quién defiende el dólar con tanta capacidad de presionar: unos de los perdedores de este proceso de reconstrucción de la confianza en la moneda nacional son, precisamente aquellos viejos bonistas acostumbrados a vivir de la deuda pública. Hasta hace poco el Estado vivía en el máximo desequilibrio posible a los efectos de generar y emitir sus bonos de consumo local, para que cerca de ochenta mil tenedores de bonos financiaran lucrativamente al Leviatán. Nadie se preocupaba mucho: los déficit se financiaban con emisión de deuda en dólares a tasas acordes con el riesgo de la insolvencia El Estado pagó siempre. En dólares caros. Hasta ahora. En estas condiciones el peso no valía nada; en razón inversa el dólar se apreciaba y sus poseedores vivían mejor.

Esta modalidad consagraba la esquizofrenia uruguaya respecto al mercado. ¿Para qué trabajar con el dinero, aprender, informarse, si la opción más sencilla era prestarle al Estado? Cuánto más insolvente pareciera éste mejor. El Leviatán vivía y sus hijos pudientes lo financiaban comprándole la deuda, nominada y pagada en dólares. La meca del trabajador era un cargo público y la del inversor criollo conseguir un bono en dólares.

¿No resulta ahora un poco más sencillo entender a quién le interesa la defensa de la moneda extranjera en este país?

ERRATA: En la nota publicada ayer jueves se deslizó un error no imputable al duende recurrente sino a la atención del suscrito: dónde decía «El circulante de emisión de deuda pública en UI ha superado largamente un punto del PBI», Debió decir «… diez puntos del PBI» Mis disculpas, J. J.

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