Radiografía socioeconómica de las mujeres uruguayas
Más allá de las declaraciones y de las buenas intenciones, en la dimensión económica las inequidades de género adquieren la magnitud propia de la injusticia.
Aspecto casi siempre soslayado desde un ámbito de la información poco proclive a reparar en detalles (gruesos) de este tipo y «tan masculina» como la economía.
Paradojalmente, al hablar de las mujeres en nuestro país estamos hablando de la mayoría absoluta de la población, pues en Uruguay, las mujeres son mayoría, representando el 52,9% frente al 47,1% de varones. Por lo que los datos que se detallan a continuación, además de hablar de la condición socioeconómica, revelan la situación de la mayoría de los uruguayos. Podemos decir entonces que cambiar y mejorar las inequidades de género, es avanzar en el desarrollo social del Uruguay.
En este sentido uno de los trabajos más completos respecto a la condición de la mujer en nuestro país, es el informe de Perspectiva de Género realizado con los datos relevados por la Encuesta Nacional Hogares Ampliada 2006, a cargo de las investigadoras Karina Batthyány, Mariana Cabrera y Lucía Scuro. La relevancia de este trabajo además, se basa en el hecho de contar, por primera vez con una encuesta que cubriera las zonas urbanas de menor densidad poblacional del país y aún las zonas rurales, lo que nos permite conocer con mayor profundidad las características socioeconómicas y sus condiciones de vida.
De nuestras mujeres, el 54% reside en Montevideo, mientras un 46% lo hace en el interior del país. A su vez, la proporción de mujeres tiende a decrecer a medida que disminuye el tamaño de la localidad y, claramente en el interior rural, donde la proporción de mujeres baja al 47% frente al 53% de varones.
A su vez, en uno de los aspectos donde se aprecian los cambios en la conformación de las familias es que, del algo más de un millón de hogares que existen en Uruguay, un tercio está encabezado por mujeres, mientras los otros dos tercios, por varones.
El tamaño promedio de los hogares en nuestro país es de 3 miembros, observándose algunas diferencias entre el tamaño promedio de los hogares según el sexo del jefe o jefa. Cuando los varones se declaran jefes del hogar, el tamaño asciende a 3.3 y cuando la mujer se declara jefa del hogar es de 2.4. Por lo que podemos apreciar una tendencia a que los hogares con uno o dos integrantes son predominantemente de jefatura femenina, mientras que en los hogares de 3 o más integrantes la jefatura predominante es la del varón
Cabe destacar a su vez otro aspecto de los cambios ocurridos en la conformación de los arreglos familiares pues, cada 4 parejas constituidas, una es en unión libre, mientras que las otras 3 son casamientos civiles.
La educación de las mujeres
Cuando se analiza el nivel educativo observamos que no existen diferencias por sexo en primaria, mientras que en el ciclo básico de secundaria y UTU, existe un mayor porcentaje de varones. Esto se revierte en el 2º ciclo de secundaria donde las mujeres aparecen con un 22% mientras que los varones con un 19%. Esto podría llevarnos a pensar que, en ese momento del ciclo educativo, los varones optan más por UTU y una formación en oficios y las mujeres tienden a continuar y completar la formación secundaria para el ingreso a la universidad.
En la categoría de educación terciaria no universitaria, la diferencia de casi 4% probablemente se explique por la opción de carreras como magisterio, típicamente feminizadas. En el nivel universitario no se perciben mayores diferencias entre varones y mujeres, lo que muestra a las claras el avance que con respecto a la educación universitaria han venido alcanzando las mujeres. Incluso en este nivel, en varias carreras, son mayoría absoluta y algunos estudios revelan que la feminización de la matrícula universitaria continúa avanzando. A su vez muestran un excelente desempeño en materia curricular.
En el otro extremo del grupo, de uruguayos sin instrucción, una mayoría (60%) son mujeres.
Brecha económica de género
Pero estas diferencias a nivel de la estructura social, adquiere dimensiones peculiares cuando se analizan ingresos y condiciones laborales.
Es así que, las tasas de actividad actual de mujeres y varones se ubican en 51 y 72 y las tasas de ocupación en 44 y 66 respectivamente.
La tasa de desocupación muestra diferencias significativas pues las mujeres desempleadas son prácticamente el doble que los varones.
A su vez el estudio revela que la mujer tiende a perder protagonismo en el mercado de trabajo, a medida que aparecen los hijos, pues se observa que en las parejas jóvenes sin hijos, el 75% de las mujeres trabajan remuneradamente mientras que en las parejas con hijos de hasta 12 años de edad, este porcentaje disminuye a 58%.
Esto nos habla de la modificación de algunas de las pautas tradicionales de género entre las generaciones más jóvenes de nuestro país.
De las uruguayas que tienen trabajo, el 59% son asalariadas en el ámbito privado. Mientras que, en la categoría patronas solamente figuran el 2,6%, esto es menos de la mitad que en el caso de los varones Como era de esperar la tendencia inversa se observa en la categoría miembro del hogar no remunerado, donde el 35% son mujeres frente a tan sólo 1% de los varones.
Ingreso femenino
El 61% de los hogares uruguayos tiene como principal aportante a un varón, mientras que el 39% de los hogares tiene a una mujer. Prácticamente, 4 de cada 10 hogares uruguayos son sostenidos por una mujer.
Si observamos el porcentaje de ingresos que aportan las mujeres, encontramos que, en el 24% de los hogares, las mujeres no aportan ingresos pero en el otro extremo, el 23% de los hogares son mantenidos exclusivamente por una mujer. A su vez, encontramos que 15% de los hogares se encuentran en situación de coprovisión económica, es decir donde las mujeres aportan entre el 40 y el 60% de los ingresos totales.
En 2006, la remuneración media de las mujeres por hora de trabajo, en su ocupación principal, representaba un 88% de la remuneración media de los varones. El ingreso promedio por hora de trabajo para la mujer es de 53 pesos mientras que el de los varones asciende a 60 pesos.
Para completar, en todos los niveles educativos existe una brecha salarial que favorece a los varones; esta brecha aumenta a medida que aumenta el nivel educativo.
Otro elemento interesante para analizar, relacionado a los ingresos, refiere a la población con y sin ingresos propios, éste es uno de los indicadores que cuenta de los procesos de pobreza que afectan diferencialmente a varones y mujeres, y en nuestro país 29% de las mujeres y 16% de los varones no cuenta con ingresos propios, lo que muestra la quitación de dependencia económica al doble de mujeres que de hombres Este aspecto se relaciona directamente con las situaciones de pobreza, pues el 42.7% de las mujeres que viven en hogares pobres no cuenta con ingresos propios, mientras que en los hogares no pobres este porcentaje es de 27.9. De las mujeres que no cuentan con ingresos propios, 3 residen en hogares pobres y 1 en hogares no pobres.
Precariedad femenina
Otro indicador relevante para dar cuenta de las condiciones de precariedad laboral femenina es que el 14% de las que están ocupadas trabaja en el servicio doméstico, donde se estima que casi el 30% está subempleada, y que el 58.4% no realiza aportes a la Caja de Jubilaciones.
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