LOS DICHOS Y SEÑALES DE HOY
Cuando los nuevos ministros firmen el libro de actas, en la mañana de hoy, comenzará un segundo tiempo de un gobierno que, sobre todas las cosas, deberá demostrar que la izquierda es capaz de algo más que incluir, asistir o reparar. En este caso se trata de cerrar una experiencia de inclusión que sea irreversible, o sea, legitimada en la norma y sustentable materialmente; lo que comprende la extensión del sistema de justicia a los más pobres y desposeídos, de dinero y derecho. Esa idea de sustentabilidad excede los límites del balance. El foco es ahora prospectivo. Las cifras y las notas ponderan pero no alcanzan. La historia revisará la política de choque que ha caracterizado el esfuerzo de contención y reunión social en estos tres primeros años de gobierno, en clave de sucesiones de futuro. Revisará y ponderará esa extensión de la justicia hacía los ámbitos más oscuros, olvidados y tan dolorosos del período dictatorial. Calificará, evaluando las condiciones de sustentabilidad, creadas para que ese nunca más tenga sentido y viabilidad. Esa será la contribución al acervo democrático y soberano.
Y en esa perspectiva, la segunda etapa de este gobierno, deja ya de tener aquella característica usual del ciclo electoral nacional; si el plan y las tareas de estos dos próximos años fueran de cierre usual, o condicionadas en demasía al juego preelectoral del ciclo político uruguayo, la izquierda pudiera estar comprometiendo la calificación histórica de su primera administración. Es necesario, al menos, presentar el problema. En resumen, nos importa ese programa de cierre de gestión que el presidente y los nuevos ministros irán esbozando, a partir del mediodía. Ese programa y sus tareas ya no pueden constreñirse sólo a la administración de los cambios. Porque éstos han generado una extraordinaria dinámica de exigibilidades nuevas. Cerrar lo realizado, en clave de sustentabilidad de una nación más habitable, exige pericia, firmeza y grandeza de estadistas. También voces serenas, alejadas de la sospecha de utilidad, en el juego menor de la acomodación partidaria al mantenimiento de los cargos. De allí la expectativa por los discursos de hoy.
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