Segura, rica, trazada, certificada y costosa
Durante el año pasado INAC asistió a varios eventos internacionales de primer nivel como, ferias internacionales en Europa; la inversión tuvo como objetivo imponer la carne uruguaya como un producto de excelencia máxima, y en los medios surgió la frase de que nuestra carne era la «carne etiqueta negra».
Desde hace décadas todas las acciones oficiales de nuestro país han tendido a imponer la carne uruguaya como un producto reservado para los más exigentes. El ingeniero Pablo Caputti, técnico de INAC señaló que la estrategia del país de apostar a productos de alto valor era la correcta, ya que Uruguay no tenía posibilidades de aumentar de forma importante el volumen de exportaciones en materia de carne. Igual propósito han motivado las inversiones que ha realizado el Estado uruguayo en trazabilidad y en mantener el estatus sanitario. En este aspecto se deben agregar los pasos que se están dando en materia de producción certificada. Frigoríficos adquiridos por capitales europeos ya están poniendo en marcha esta modalidad de producción que tiene un costo que procura el beneficio de que el consumidor del primer mundo lo pague de forma diferencial.
Política de Estado
En materia de comercio de carne, Uruguay tiene una política de Estado, camino que ha sido trazado desde hace décadas. El ingeniero Roberto Vázquez Platero explicó en una charla que dio para los industriales que el único camino que le quedaba a nuestro país era la apuesta a conseguir mayor valor por su carne, calidad para conseguir mejor precio. Vázquez fue el anterior presidente de INAC y en su conferencia remarcó la gran demanda de carne de excelente calidad que puede registrarse desde la Unión Europea.
Durante el año 2008 el precio internacional de la tonelada de carne que exporta nuestro país aumentó de forma considerable. El incremento quizás se pueda interpretar como una consecuencia lógica de las acciones que ha instrumentado el Uruguay. El ingeniero Caputti dijo que no se podía engañar a la gente en el sentido de que podría mantener el actual consumo de carne vacuna por habitante, uno de los más altos del mundo. La coyuntura externa y la misma política que lleva adelante el país justifican la aseveración. Quizás los que planificaron esta estrategia nunca pensaron que se iba a llegar a una situación extrema en la que el precio de la carne complicaría el abastecimiento interno, pero es claro que en la estrategia faltó planificar qué carne iba a sustituir a la vacuna en la dieta de los uruguayos y esa falta de previsión se está pagando.
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