Los cambios, el mercado y la decisión del Presidente
No sólo por lo que supone en la composición de los escenarios de mediano y largo plazo, sino como se sabe- porque el mercado terminará de descontar de inmediato esa perspectiva en términos presentes.
Dicho de otra manera, sin el doctor Vázquez en la presidencia a partir de marzo de 2010, de hecho, ya están en discusión partes importantes de los cambios que ha venido instituyendo el actual gobierno con la participación muy personal del Presidente en su concreción formal. No sólo están en discusión las reformas principales, sino también la dirección de algunas políticas que caracterizan al actual gobierno en el área comercial, de la política exterior, de la vinculación de lo público y lo privado, de la política laboral, etcétera. Y también, vaya que es importante tenerlo en cuenta, también será puesto en discusión el delicado equilibrio existente entre la continuidad de políticas construidas en salida de la crisis de 2002 y los riesgos inherentes a un proceso de fuerte redistribución del ingreso. Importa tener en cuenta que la certeza de la ausencia del actual Presidente en el mantenimiento de la estabilidad heredada y el plan de inclusión de la izquierda no es, desde este punto de vista, una buena noticia para el mercado. Ahora también está en riesgo la neutralización de lo que pudiera haber sido una mayor agresividad de la izquierda en la confrontación con procesos casi naturales pero que ofenden fuertemente la idiosincrasia y la cultura tradicional de la izquierda uruguaya. El ejemplo más típico es la razonable aceptación de la importante radicación de la inversión externa directa con sus transferencias implícitas de propiedad y posiciones dominantes en las cadenas de producción principales.
Cultura y riesgo
En tanto, la intuición de que no habrá continuidades fáciles de políticas es un problema para la izquierda agrupada en el Frente Amplio, pero también aparece como un factor que deberá procesar el mercado. La certeza que establece la decisión personal del doctor Vázquez se agrega a otros factores que llenan de incertidumbres novedosas esos escenarios de futuro: en particular aquellos derivados la profundidad y dinámica de la crisis externa. Hay otros de cuño nacional que tienen que ver con el acceso de la inercia desatada por los cambios y la contención cultural de un país pequeño y conservador. Y esto excede ampliamente la dicotomía de izquierdas y derechas. Pero las nuevas incertidumbres se alinean ahora en cómo se administrarán esas contradicciones sin el disciplinamiento político de un gobierno que, difícilmente, tendría con Vázquez o sin Vázquez las mismas mayorías absolutas ganadas en 2004. La decisión del doctor Vázquez agrega elementos a esas simulaciones que ya venían siendo usuales en cualquier estudio atento sobre el riesgo de los nuevos escenarios.
Política y programa
Pero desde el ángulo didáctico y muy práctico por cierto, la decisión del doctor Vázquez coloca sobre la mesa el tema principal: el del realismo político y programático de la política. Es una proposición que Vázquez no tiene por qué formular explícitamente ahora, pero que surge urgente y racionalmente propuesta sobre la discusión actual de la izquierda. Así conformada y unida formalmente sobre un líder, una historia que no se anima a revisar aún y un programa de contenido emblemático, el Frente Amplio es un problema más que un sustento para cualquier presidente que deba conducir al país frente a los desafíos inéditos que enfrenta.
El Frente Amplio carece de los mecanismos y disciplinas institucionales aptos para ordenar y recrearse afrontando esa discusión extraordinariamente compleja.
Dado lo cual, si el doctor Vázquez hubiera consentido en considerar su reelección, hubiera traicionado la racionalidad íntima desde la cual han surgido sus fenomenales aportes a esa izquierda y a la madurez de un país en su conjunto. Piénsese en esto recorriendo la historia de sus laudos en los hitos de confrontación más fuerte de su fuerza política. Eso fue posible a determinada altura del plan de cambio y en épocas de bonhomía y estabilidad. Sin embargo, el doctor Vázquez sabe que estos no serán los escenarios próximos.
Hay experiencia abundante sobre los antecedentes y causas que pudieran ser inmanejables para un presidente de las características del doctor Vázquez en escenarios de mayores exigencias profesionales y consecuente conflictividad sin que su fuerza política solucione sus controversias principales. Estas razones, insisto, son complementarias a las de principios, pero en cualquier caso son decisivas.
Veamos algunas de ellas limitándonos exclusivamente al terreno de la economía. El Presidente ha impuesto su autoridad: en algunas decisiones presupuéstales trascendentes -no en todas aquellas en las que debió laudar en esta materia Las ha impuesto, con dificultades también apreciables cuando debió urgir la aprobación de las últimas correcciones en la Ley que creó el nuevo sistema tributario; ha impuesto su autoridad en momentos difíciles y en instancias menos conocidas como las que el pasado 3 de octubre rodearon el aumento crucial de la hoy llamada Tasa de Política Monetaria o call programa del 5% al 7% con una votación dividida en el Directorio del BCU y una relativa prescindencia del Ministerio de Economía. Sin embargo, ha sido ostensiblemente derrotado en instancias que el doctor Vázquez sabe son absolutamente decisivas. La decisión respecto al TLC con EEUU y su procesamiento fue, quizás, la advertencia que le faltaba al doctor Vázquez para saber los límites en los cuales puede moverse un presidente, conductor responsable de una ciudadanía envejecida y soberbia en sus heredades políticas y culturales.
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