Paradojas de la crisis energética a nivel mundial
Acotaba «pero es poco probable que se materialicen las inversiones requeridas para abastecer el aumento en el consumo debido a la concentración de reservas en pocos países de alto riesgo».
A más largo plazo deberíamos cambiar radicalmente las fuentes de energía y así limitar sus consecuencias climáticas. Isbell se declaraba pesimista, debido a los largos períodos de tiempo requeridos, tanto para materializar inversiones como para reemplazar masivamente fuentes de energía tan extendidas como el petróleo. Con todo, señalaba que los altos precios del petróleo están ayudando a avanzar en ambos frentes.
Casi simultáneamente, Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, difundía una visión optimista, apoyada justamente en el rayo de luz que veía Isbell. Según Hausmann, los altos precios del petróleo han desencadenado un proceso vertiginoso de innovación tecnológica, que en pocos años va a cambiar radicalmente la matriz energética mundial. Incluso insinuaba su preocupación por las consecuencias sobre la estabilidad social y política de los países de la OPEP y Rusia. Quienes seguimos regularmente las noticias provenientes del mundo de la energía, vemos la explosión de nuevas aplicaciones tecnológicas, ya sea para desarrollar combustibles limpios, «limpiar» combustibles «sucios» como el carbón, y/o aumentar el rendimiento de los actuales combustibles fósiles.
Compartiendo buena parte del optimismo de Hausmann, no se puede dejar de reconocer que aún no estamos en el mundo que él describe, y que para hacer realidad su visión es necesario que se cumplan algunas condiciones. La primera y principal es la persistencia en un esfuerzo sistemático de innovación energética; la segunda es que dicho esfuerzo sea de amplio espectro, abierto a todas las opciones.
Al constatar esto es cuando aparecen dos grandes paradojas.
OPEP, el aliado inesperado: la falta de voluntad o la incapacidad de la OPEP para ampliar la producción de petróleo está proporcionando un subsidio gigantesco a la innovación y experimentación en energías alternativas al petróleo, que los gobiernos occidentales y Japón nunca habrían podido financiar. En la medida en que los altos precios se sostengan, menor será el tiempo requerido para que se materialice el futuro que nos describía Hausmann.
Los obstáculos de la política energética norteamericana: en estos días vemos dos hechos aberrantes en la política energética de los Estados Unidos.
Por una parte, mientras el petróleo (incluso el que viene de Irán, Venezuela o Rusia) entra libre de impuestos a dicho país, el etanol de caña de azúcar debe pagar un derecho de importación elevadísimo. Por otra, mientras el etanol de maíz recibe un elevado subsidio promovido por el poderoso lobby agrícola, otros biocombustibles más prometedores no reciben premio alguno y los esfuerzos de los innovadores se están desviando hacia una opción de beneficios limitados.
Lo que haga o deje de hacer Estados Unidos tendrá un enorme impacto en el cambio de la matriz energética mundial. Todo indica que un aumento de los recursos públicos para investigación y desarrollo de energías alternativas, sin direccionamientos previos dictados por intereses sectoriales, así como una política más racional de gravamen a las importaciones serían dos pasos muy importantes para facilitar dicho cambio y, de paso, dar un impulso al desarrollo económico de países pobres que tienen una posibilidad real de ampliar la oferta energética limpia y renovable.
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