Dramática caída de la masa salarial en los últimos 30 años
Asimismo agrega que el salario bancario no está muy alto, sino los demás sectores están muy bajos y «son una vergüenza nacional». Olesker en un reciente estudio desarrollado por el Instituto Cuesta Duarte (PIT-CNT), señala que en 1968 del total del ingreso nacional el 37,2% se destinaba a pagar salarios, habiendo pasado hoy día a un 25%. Si se hubieran mantenido las cifras de 1968, cada trabajor uruguayo debería recibir por año unos 20 mil dólares extra.
Tomando como referencia las recientes declaraciones del presidente Jorge Batlle en las que se refiere a los sueldos que reciben los trabajadores bancarios y de los entes estatales en contraposición con los percibidos por los universitarios y maestros, el asesor del PIT-CNT considera: «No es que los salarios bancarios, por ejemplo, sean muy altos, ya que tienen un valor similar a 1968, es decir lo que han logrado con la democracia es volver a los salarios de antes de la dictadura. El problema es que los demás salarios son muy bajos y están todos lejos del nivel de 1968 y seguramente casi todos debajo del 75% de aquel valor», explica el asesor de la central sindical.
El estudio sostiene que los docentes universitarios ganan hoy «menos de la mitad de lo que ganaban en 1968″ y «si su salario tuviera el mismo poder de compra de 1968, tendrían que ganar cerca de 30 mil pesos y no 12 mil como perciben hoy los grado 5 con cuarenta horas semanales».
Y más adelante agrega: «No olvidemos un detalle, los salarios más altos, aquellos que figuran en las páginas web de la presidencia o los que en el sector privado encabezarían un supuesto ranking, tienen una característica en común: son todos sectores con negociación colectiva y organizaciones sindicales fuertes: la banca, los entes del Estado, la salud privada, el transporte y Conaprole. Es decir, la lucha de los trabajadores ha posibilitado que algunos sectores no caigan en la decadencia salarial en la que está sumida una parte de la clase obrera. No es el salario bancario el que está muy alto, sino los demás salarios los que están muy bajos y son una vergüenza nacional».
Entre las formas de distribución el informe maneja la posibilidad de incrementar los salarios en la actividad privada, reduciendo márgenes abultados de ganancia y en el caso de los trabajadores considera una redistribución del gasto no salarial hacia los salarios (160 millones de dólares de los gastos en defensa nacional) o «aumentando el gasto público salarial a través de un aporte de tributos de los sectores de ingreso no salarial que son los mayores del país y no pagan ningún tipo de impuesto a su ingreso personal».
Reflexiones
El informe al que accedió LA REPUBLICA indica que el bajo salario docente no es responsabilidad del alto salario bancario, que el bajo salario de los trabajadores de la empresa Sur no es responsabilidad del salario de los barrenderos municipales, que en definitiva «más allá de la solidaridad de los bancarios por ejemplo, han tenido siempre con los demás trabajadores en sus luchas gremiales, no les corresponde resolver el problema que tenemos los catedráticos de la Universidad para vivir de nuestro trabajo».
Sin embargo, el problema de fondo es ideológico –dice Olesker–, porque «nos han vendido la idea (y muchos la hemos comprado) de que la esencia de la injusticia social radica en el alto sueldo que gana el portero de Antel o el chofer del BROU y que los maestros ganan poco, etc.».
«Y ese no es el problema de la injusticia social, no es la causa de los males; el problema radica en la desigualdad innata de la economía capitalista que separa a quienes son los propietaríos de los medios de comunicación (los dueños del capital financiero, de los inmuebes, de las tierras, de las empresas industriales o de los grandes comercios) de los que sólo tienen que vender su fuerza del trabajo (haciéndolo de manera asalariada o a través del autoempleo). Esa es la diferencia central del organigrama de producción capitalista», afirma el documento.
«La batalla ideológica es la gran batalla perdida por los trabajadores en nuestro país y en el mundo. La batalla para comprender el funcionamiento de la sociedad y no transformar la sociedad en un gran competencia por ingresos y más consumo. Por ello aprovechamos para dar un alerta a esta confusión en la que hemos entrado, a decir basta a la idea de que el problema radica en los privilegiados que tienen trabajo y si lo tienen con un salario más alto son casi monarcas y decir que los trabajadores tenemos claro que el problema radica en grandes fortunas acumuladas por ese fatídico triángulo de banqueros-grandes comerciantes importadores y grandes exportadores», considera Olesker.
El economista en las concluciones finales señala: «Y entonces allí radica la base de una política de redistribución de la riqueza. En salarios acordes con los niveles de sobreganancia empresarial, en impuestos al patrimonio (o a la fortuna como se llama en Francia), en la existencia de un impuesto a la renta de las personas cualquiera sea la fuente de sus ingresos (y no como ahora que sólo se castiga con el impuesto a los trabajadores, jubilados y profesionales); en definitiva, en una redistribución de la riqueza desde esa fracción del capital al trabajo y no dentro del trabajo».
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