El gobierno no logra mejorar el mercado de capitales y los privados se desinteresan
Los datos aportados el jueves pasado por el Banco Central en lo que respecta a la comercialización de títulos de renta variable obligaciones negociables, certificados de productos estructurados como fondos de fideicomisos, etcétera muestran crecimientos del circulante en dólares equivalentes superiores en un 30% al circulante de principios de año. Sin embargo la devaluación del dólar y el incremento de las unidades de cuenta en las cuales están nominadas algunas emisiones de renta variable, indexadas a la inflación especialmente, determinan que, en realidad, el incremento del circulante de títulos de renta variables que se comercializa en plaza efectivamente sea mínimo.
Las empresas públicas que en un momento tuvieron una predisposición a exponerse en el mercado de valores en búsqueda del financiamiento de sus inversiones de largo plazo, pero parecen haber renunciado al logro de este tipo de financiamiento de la inversión en base a la captación de ahorro nacional en un proceso sometido a las exigencias transparencia y exigibilidad fuerte. La excepción aparece únicamente constituida por la emisión realizada por la Corporación Vial para el financiamiento de su programa de obra pública.
Otras emisiones de certificados del Fondo Lechero II o el Fondo arrocero, o del fideicomiso del transporte urbano, o de Obligaciones Negociables emitidas por empresas privadas tienen, en general, un respaldo explícito o implícito del Estado. Últimamente se realizó una emisión basada en el fideicomiso de un flujo de deuda asumida por el Estado en un acuerdo extrajudicial. Este tipo de títulos tiene una fuerte demanda de inversores institucionales como las AFAP que no encuentran fórmulas alternativas de canalizar los cuantiosos fondos previsionales que administran por cuenta de los trabajadores en colocaciones de largo plazo, rentabilidad y riesgo adecuadas. El estado es la garantía y el demandante de prácticamente toda la inversión de riesgo en el reducido mercado de deuda pública uruguaya.
Al exterior
Algo similar sucede con la escasa utilidad que están teniendo las bolsas locales para la comercialización de los ahora grandes bonos de la deuda pública. Emitida en bonos de renta fija y en moneda extranjera en enorme mayoría de los casos, la deuda pública uruguaya se comercializa progresivamente fuera del país y tan sólo los bonos del tesoro no listados en las grandes bolsas internacionales son comercializados cada vez con menos asiduidad en la Bolsa de Montevideo o en Bevsa (Bolsa Electrónica de Valores SA).
El financiamiento de la inversión de riesgo o del capital de trabajo a través de productos estructurados continúa sin llegar al mercado de oferta pública formal. A diferencia de prácticamente todo los países de institucionalidad fuerte, en Uruguay las Bolsas no cumplen su función de intermediación no bancaria y encuentro de la oferta y demanda de fondos de mediano, largo plazo. Además de los problemas de costos y exigibilidad de la calidad de los proyectos, la inexistencia real de un merado de valores complica notablemente el avance de las empresas nacionales hacia mejores disciplinas.
La exigibilidad que genera la oferta pública de valores en relación a la calidad de los proyectos para los cuales se solicita el financiamiento del ahorro público en una bolsa de valores es elevada en la medida que esos proyectos las empresas que buscan está vía de financiamiento deben someterse a procesos de auditoria y calificación de riesgo que, más allá de los costos agregados que suponen, implica esencialmente la obligación de colocar la gestión empresarial y los resultados en la vitrina cotidiana de un mercado formal.
De tal manera las empresas quedan expuestas a caídas o aumentos de sus títulos de deuda emitidos en función de la percepción de riesgo y utilidad que tienen los inversores que han comprado la emisión primaria o la comercializan en el mercado secundario, el de las bolas de valores.
Políticas discontinuas
Luego de tres años de intentos, el gobierno no ha logrado aún terminar de conformar un sistema de estímulos capaces de dinamizar esta concurrencia común en el mercado de capitales.
La situación se agrava progresivamente en la medida que, ahora, la nueva situación económica que comienza a vivir el mundo obliga a los administradores del ahorro internacional y a los grandes demandantes de fondo, particulares y gobiernos, a buscar oportunidades en todo el mundo. Esta dinámica del capital es internalizada en general a través de las bolsas de valores nacionales que operan como ámbitos transparentes del encuentro cada vez más complejo de ahorrista, inversores y demandantes de fondos de financiamiento.
Ese proceso no pasa en Uruguay por las bolsas locales (ver recuadro) y en tanto no sólo no puede ser regulado y enseñado a la población sino que entraña riesgos y distorsiones de todo tipo.
El MEF ha reiterado en varias oportunidades su intención de promover estímulos capaces de ayudar a los empresarios nacionales particularmente a mejorar sus proyectos de transformación, fusión, o de inversión simplemente. Sin embargo ni el sistema de asistencia al inversor, ni la nueva reglamentación de la Ley de Inversiones ni los reglamentos que deberían agilizar el uso de los fideicomisos financieros de oferta pública están disponibles actualmente.
Con lo cual los uruguayos colocan crecientemente el ahorro del excedente acumulado en el exterior y las empresas nacionales utilizan vías de financiamiento de mayor costo, riesgos elevados y menos exigencias sobre la función de producción y la gestión.
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