Sensación de vulnerabilidad y alternativas de política
Sin embargo, la sensación de vulnerabilidad se explicita en cada reunión en la que se encuentren uruguayos, sea en ámbitos académicos, comerciales o familiares. Esto era previsible desde los propósitos esbozados en el inicio mismo de la actual administración. Muchos de los cuales fueron condicionando en demasía la independencia de las instituciones para desarrollar su acción ejecutiva independientemente de la reafirmación de principios del programa. Es más, el riesgo de esa sensación de vulnerabilidad pudiera estar cobrando formas más agresivas, de no haber mediado la conjunción de factores internacionales de diferente signo y cuya suma han generado un blindaje externo considerable para que el gobierno pudiera implementar internamente las bases de su programa. Esta no es una apreciación subjetiva en cuya discusión de boliche perderíamos todos el tiempo.
Riesgo e indicadores disponibles
En procura de simplificar, alcanza con observar los spread o brechas de las tasas de interés internas con sus referencias internacionales. La formación de la tasa de interés tiene varios componentes, pero en el margen, allí donde importa entender qué es lo que sucede, el incremento diferencial del precio del dinero se ha venido produciendo en el Uruguay como expresión del aumento del riesgo de invertir y producir en el país. Mientras en todo el mundo las tendencias de la tasa de interés tienden a disminuir, en el Uruguay se observa una tendencia contraria.
Esa tasa de interés en alza resulta de la especulación con el aumento del riesgo soberano, advertido esencialmente por quienes rinden exámenes en aulas más exigentes que las usualmente abiertas en la academia o los concursos de funcionarios públicos. Este riesgo nuevo que explica aquella sensación de vulnerabilidad mayor debe ser entendido con más esfuerzo ciudadano por aproximarse a indicadores que no pueden ser utilizados sólo por los especuladores para ganar más dinero en buena lid. En el país hay tasas de interés reales que son sustancialmente más elevadas que las indicadas públicamente. Y esas tasas progresivamente elevadas que indican realmente lo que sucede no están al alcance de la población que pudiera, con un poco más de esfuerzo, aproximarse a su comprensión y uso. Hay tasas nominales en moneda extranjera ofrecidas públicamente por emisores privados extrañamente bajas si ellas se vinculan al riesgo real que implica invertir en determinados títulos de deuda. En general, este desajuste se corresponde con la inexistencia de un mercado de valores en el cual se compruebe realmente qué es lo que está sucediendo con la confianza pública expresada en los indicadores universales del riesgo. Hay en este momento, por ejemplo, opciones de inversión en deuda pública nominada en dólares con tasas explicables solamente por el desconocimiento ciudadano del riesgo y la calidad de sus indicadores.
Por ejemplo, no parece compartible orientar ahorro o inversión pública (aquella que se emite en mercados regulados con publicidad) en títulos que emitirá esta semana una empresa privada cuya capacidad de pago es la que deriva de una deuda contraída por el Estado con la empresa, asumiendo la pérdida de una demanda judicial, fideicomisada en diez años a una tasa que no refleja ciertamente el aumento de aquel riesgo soberano en alza, del cual depende. La calificación de riesgo de la emisión indicada por una calificadora extranjera como AA.uy pudiera o no ser correcta, siempre y cuando se explique que ese sufijo (.uy) no es la misma que tienen, por ejemplo, algunos bonos municipales norteamericanos, calificados como AA, pero sin sufijo alguno que indique calificación de capacidad de pago de un título de deuda emitido en el mercado uruguayo y no en el mercado global. Pero con toda su importancia indicativa, ese no es más que un caso. Esa deuda se puede emitir en este país sólo porque algunos inversores institucionales –las AFAP por ejemplo– necesitan desesperadamente opciones de inversión «aseguradas», directamente o indirectamente, por el respaldo de una ley o una garantía implícita del Estado. De no ser por ello, no se explicaría la audacia de emitir una deuda con más riesgo que el del propio Estado a una tasa en dólares del 7% sobre saldos de una deuda amortizable en diez años. Pero, insisto, el caso y el problema de los indicadores de riesgo sólo viene al caso para intentar explicar que Uruguay se ha adentrado en un escenario de riesgo sustancialmente mayor, frente al cual el gobierno debería haber ya previsto opciones políticas de contingencia más sólidas y tranquilizantes.
Alternativas de política
El gobierno ya no tiene mucho margen para anticipar a la masticación intuitiva del riesgo a nivel ciudadano. De hecho, ha comenzado a tentar acciones más fuertes en el área monetaria y fiscal sin que esa sensación colectiva de mayor vulnerabilidad y riesgo disminuya. Las alternativas de respuesta fuerte a esa sensación de vulnerabilidad se juegan en decisiones clave que el Poder Ejecutivo deberá asumir en las próximas semanas. De tantas, hay dos áreas en las cuales es preciso avanzar con más contundencia y desde otro tipo de alianzas políticas. Estas áreas son las que definirán realmente con cuánta inflación viviremos de aquí en más en este país y la del relacionamiento externo con un mundo de riesgos y oportunidades inéditas. Eso sólo es posible neutralizando el factor de la confrontación política, intentando construir, cueste lo que cueste, políticas de estado creíbles en formas y contenidos. Dos ideas al respecto: si el próximo Copom decide aumentar nuevamente la tasa call reconociendo la permanencia del riesgo inflacionario, esa decisión del regulador debe ser complementada con un compromiso fiscal sólido. Y en el área de la política exterior y comercial, el país debe enfrentar inminentes decisiones en la negociación multilateral y sectorial desde acuerdos de Estado, francos y discutidos con la oposición desde bases estrictamente profesionales. *
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