OPTIMISMO SOBRE DOHA Y SUS DERIVACIONES REGIONALES

Uruguay se dispone a acompañar a Brasil, confiado en un relanzamiento de la negociación original del Mercosur

Un enorme árbol de navidad, estilizado como todo en Brasilia, anticipa o constata la alegría con la cual los brasileños se aprestan a vivir Navidad y el verano próximo. No es para menos en un país en el cual la masa salarial esta creciendo a tasas reales del 7% anual, con una marcada inclinación a la mejora de los ingresos más bajos.

Las sorpresas que genera esta enorme capacidad de consumo sobre una oferta que crece a tasas sustancialmente menores, es la permanencia de la estabilidad que sustenta los cambios. Más allá que en Brasil el aumento de los precios de los lácteos haya elevado un décimo de punto la inflación, nadie habla de carestía, precios, adelanto inflacionario o rezago cambiario. Y desde esa estabilidad, comienzan a aparecer los cambios culturales, muchos de los cuales aparecen inducidos por un comportamiento diferente de las familias en el gasto, el ahorro o la inversión. Eso impacta y se observa tanto en los indicadores como en la calle.

En línea con esas señales aparecen sorpresas bien representativas, por ejemplo, un taximetrista comentando su preocupación por las oscilaciones que está teniendo el precio de una acción en las últimas transacciones de la bolsa paulista…

En ese contexto interno de estabilidad, satisfacción y confianza, los estrategas del comercio exterior brasileño ultiman los detalles del plan con el cual Brasil se apresta a recorrer el complejo itinerario en el cual deben combinar las seguridades de finalizar Doha en condiciones inéditas de privilegio comercial y político, a la vez de lograr una articulación regional de esa negociación, capaz de tranquilizar las arterias de sus nerviosos socios comerciales en el Mercosur.

Las autoridades brasileñas son cautas en la explicitación de esta expectativa, pero es obvio que no ha habido momento en la historia del GATT- OMC y el Mercosur en el cual Brasil haya enfrentado la recta de las negociaciones con tanta ambición y fortaleza. La perspectiva del comercio de bienes y servicios es conocida. Lo que no es usual para la lectura uruguaya de la perspectiva en la cual andamos con Brasil, es la calidad del modelo económico en aplicación, la novedad de sus instrumentos y sobre todo, la compatibilidad con la ambición de inclusión social del gobierno y amplios sectores sociales. Brasil crece al 4,5%, tiene un superávit primario asegurado en el año superior al 5% y un derrame de ese valor agregado que acumula en la economía y sobre todo en la fortaleza institucional.

Desde allí Brasil hace su juego y algo de esto esta siendo comunicado a sus socios en la VI Reunión Extraordinaria del Consejo Mercado Común que se esta realizando en Montevideo. Lo interesante de esa estrategia que debe comenzar a aterrizar en formulaciones más concretas en las reuniones que comienzan en Ginebra la semana próxima, es la amplitud de los intereses que los negociadores brasileños deben considerar a los efectos de cerrar con éxito una Ronda de consecuencias excepcionales en el reordenamiento comercial y político del mundo de la postguerra.

Esa amplitud de intereses encierra ahora objetivos de relanzamiento del bloque regional a partir de tres o cuatro ideas fuerza que los think tank brasileños comenzaron a esbozar esta semana. [i] El histórico constructor del bloque, José Botafogo, ahora presidente del Cebri­organización no gubernamental de fuerte consideración en la definición de las políticas comerciales y de integración­ sorprendió a todos el lunes adelantando que a su juicio el acuerdo sustancial de Doha ya se podría considerar cerrado. «Desde allí ­senaló Botafogo­ los brasileños tenemos que dedicarnos a resolver las asimetrías y problemas regionales» En esa línea de reflexión provocativa, Botafogo insinuó que una de las alternativas posibles debería pasar por la explicitación de las perforaciones del Arancel Externo Común tomándolas como una contribución al realismo más que como una debilidad y una fuerte permanente de disidencia y malestar.

La anticipación de Botafogo es una síntesis de un nuevo equilibrio del pensamiento dominante en el gobierno y la sociedad brasileña respecto al relanzamiento del país en el mundo; y a partir de el, reelaborar sus vínculos con la región. Los cambios en Brasil tienen la dimensión y el impacto correspondiente con la maduración de una institucionalidad democrática, reinventada entre 1988 y 1994.

Este factor es usualmente soslayado en su aporte a la conformación de la nueva estrategia internacional de Brasil. Esa estabilidad ­lograda en un marco de inflación internacional fuerte y riesgos de todo tipo­ es una contribución decisiva para ese soltarse de Brasil en el mundo. Este Brasil ya no es el mismo que negocio los tratados de Asunción en 1991, ni el de 1992 en DOHA, ni el de 2004 en Ouro Preto. Entonces, la esencia de la negociación era defensiva; ahora ni se especializa en eso ni su desarrollo puede soportar esos lujos de antaño.

Si bien los cambios son notorios, no es fácil de plasmar en las proposiciones y alineamientos de Brasil en la negociación final.

Entre esa novedad del pensamiento dominante y sus oportunidades aún median los miedos y la utilización de ellos por la burocracia del Estado y la renuencia de la academia. Es fácil de entender desde la historia reciente del periplo uruguayo de la negociación comercial.

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