EN OCTUBRE HABRIA DEFLACION

De la reestabilización al desarrollo, por la microeconomía

Si las anticipaciones que realizara el INE para utilización interna del gobierno son correctas ­estarían indicando deflación en octubre­, el equipo económico dispondrá de algunas semanas de tranquilidad y podrá intentar algunas operaciones más para asegurar que al término del año la inflación no supere los dos dígitos. Pese a ello, se sabe que la inflación estimada sin los correctivos y sacrificios fiscales continúa rondando el uno por ciento mensual. La interrogante para la cual aún no hay respuesta es si, efectivamente, los sacrificios fiscales y la afectación presupuestal de empresas como Ancap, conjuntamente con una tasa call al 7%, han servido para quebrar las expectativas inflacionarias o si, por el contrario, la batería instrumental aplicada en las últimas semanas no es suficiente. Siendo el problema de las expectativas una referencia central en la batalla por estabilizar la economía, es obvio que sin un blindaje efectivo contra los riesgos estructurales, esas expectativas son volátiles en extremo.

 

Buenas noticias

En esa perspectiva y con el tiempo agregado que habilitará ese buen número de inflación de octubre ­que será informado el 5 de noviembre­, el gobierno se concentrará en la cuestión salarial. Por distintas razones que no vale la pena recordar ahora, la elevada productividad del trabajo que caracterizo la posguerra de 2002, ha comenzado a descender. El gobierno lo sabe y ha comenzado a mover sus piezas. Sin embargo, la postergación de la negociación colectiva para 2008 no es sencilla en un contexto de permanencia de la sospecha inflacionaria y en una confrontación en la cual todos los actores saben que lo que está en juego no son algunos decimales de ingresos salariales agregados, sino cuál es el sentido mismo de este gobierno desde una perspectiva de estricta racionalidad sindical. Por ahora es ostensible que la recuperación del ingreso y las bajas tasas relativas de interés, más la inflación importada, están manteniendo un nivel de consumo excepcional que va a seguir presionando sobre los precios independientemente de la selección que haga el consumidor de la mejor relación precio/calidad de lo que necesita y, ahora, puede pagar con algo más de facilidad. El gasto publico no descenderá sino que de ahora en más cabe aguardar un incremento asociado a una mayor dinamización de la inversión pública, agregando más demanda y presión sobre los precios.

De tal manera que todo hace pensar que, más allá de los esfuerzos y sacrificios para mantener la inflación en un dígito, ésta se mantendrá más elevada de lo previsto en el plan. Con una recaudación de IVA creciendo en el anualizado a setiembre a tasas reales del 15% y el IRAE del sector privado aumentando en términos reales a tasas del 30%, es natural pensar que el equipo económico tiene amplio margen para enfrentar los problemas de la coyuntura.

 

Proyectos nacionales

La interrogante es cómo hace el gobierno para estructurar su política de tal manera que lo que se haga contribuya a aumentar la confianza y la salud institucional de la política. Hay movimientos que no están en esa línea de fortalecimiento de la confianza y la claridad de las políticas: las compras de dólares en el mercado spot. Afortunadamente, los problemas actuales se derivan de la administración de un crecimiento no previsto y una distribución en línea de esa riqueza agregada. Más allá de esas dificultades y riesgos, el magnífico entorno y la administración prolija, han creado una oportunidad fenomenal que debe ser utilizada.

Es desde esta perspectiva desde la cual comienzan a surgir otro tipo de problemas, más específicamente vinculados con lo microeconómico. El problema ahora se desplaza desde las políticas de estabilización hacia la gestión y la renovación empresarial vinculada al marco de políticas públicas capaces de operar en la promoción de la inteligencia, la toma de riesgos y la responsabilidad del empresariado nacional. La inquietud no estriba en la salida de capitales sino en por qué en Uruguay no es posible utilizar con mejores normas y estímulos la acumulación de excedentes dentro del país. Y en eso, el tiempo pasa con una extraña lentitud. *

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