EL CONCEPTO DE LIQUIDEZ APARECE COMO UN ELEMENTO CAPITAL PARA COMPRENDER ALGUNAS DE LAS PARADOJAS DE LA ECONOMIA MUNDIAL

Tensiones de liquidez

La prolongada expansión económica y la abundante liquidez mundial crearon un caldo de cultivo en el que se acrecentó el apetito por el riesgo. En un entorno de costes de financiación muy reducidos, la búsqueda de la rentabilidad propició que agentes que en otras circunstancias hubieran tenido difícil el acceso a la financiación hayan podido sufragar una nueva vivienda a través de una hipoteca «subprime» o realizar operaciones corporativas arriesgadas en condiciones relativamente poco exigentes.

En segundo lugar, la posibilidad de fragmentar el riesgo ha tenido un papel decisivo. El desarrollo de mecanismos de titularización, y, sobre todo, la estructuración de deudas a través de CLOs, CDOs o ABCPs, junto con la aparición de los derivados de crédito, han permitido a los bancos reducir su concentración en este tipo de riesgos, aumentando su capacidad para conceder financiación, dada su restricción de capital. Desde el punto de vista del sistema financiero, estos mecanismos han contribuido a una mayor diversificación del riesgo, lo que debería reducir su vulnerabilidad ante posibles shocks adversos. Sin embargo, esta nueva arquitectura también genera algunas incertidumbres.

El contexto actual, en el que los riesgos son relativamente nuevos (subprime), su distribución es mucho más granular y que parte de los mismos se encuentra en instituciones como los «hedge funds» o vehículos de financiación, caracterizados por una menor transparencia y mayor apalancamiento, plantea numerosos interrogantes. ¿Cómo está repartido este nuevo tipo de riesgo? ¿Cómo se están valorando algunos de estos nuevos productos estructurados cuya liquidez en el mercado es prácticamente inexistente? ¿Un reajuste de estas valoraciones hacia niveles más realistas puede poner en entredicho la solvencia de alguna entidad o generar significativas minusvalías en el patrimonio de los inversores institucionales? ¿Qué tan expuestas están las entidades financieras a contrapartidas que pueden encontrarse en dificultades? Los bancos que prestan a otros intermediarios también se hacen estas preguntas y la ausencia de respuestas fiables les ha llevado a ser mucho más rigurosos con el volumen y las condiciones bajo las que conceden crédito, contribuyendo a generar las tensiones de liquidez que se están viviendo estos últimos días y que las intervenciones de los principales bancos centrales del mundo están tratando de paliar.

Los temores actuales a la falta de liquidez pueden resultar paradójicos cuando hace escasos meses todos los análisis apuntaban al «exceso de ahorro» o «abundancia de liquidez» como factor que alimentaba el positivo contexto en el que se desenvolvía la economía mundial. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Se ha evaporado esta liquidez? ¿Dónde se ha ido?

En realidad, hay que tener en cuenta que en ambos casos se está apuntando a definiciones diferentes de liquidez. Cuando se ha venido hablando en los últimos años de exceso de liquidez se hacía referencia sobre todo a un concepto más monetario o macroeconómico que contemplaba fundamentalmente la evolución de agregados como la base monetaria o la acumulación de reservas por parte de los bancos centrales. Sin embargo, el problema de las tensiones de liquidez recientes se vincula en mayor medida al riesgo de liquidez de los mercados financieros.

Tradicionalmente, se dice que un activo financiero es líquido si se puede transformar fácilmente en otro activo sin pérdida de valor. Esto se consigue cuando existen al tiempo muchos compradores y vendedores. Ambos conceptos están relacionados puesto que la búsqueda de alternativas de inversión para los elevados volúmenes de reservas que han acumulado algunos bancos centrales ha contribuido a aumentar la liquidez de los mercados financieros. Sin embargo, no es incompatible una situación de exceso de liquidez en el sistema con una desaparición de la liquidez de los mercados.

Uno de los requisitos para que esta liquidez se mantenga es la confianza que los inversores depositan en la capacidad de pago de los agentes que se financian. La confianza por tanto, es un elemento clave en cualquier crisis de liquidez. En la actualidad, los inversores sólo parecen confiar con tranquilidad en deudores que consideran muy solventes, como los gobiernos. De esta forma, las rentabilidades de la deuda pública han experimentado descensos muy acusados durante este episodio. Prestar a otras entidades financieras es, en estos momentos, harina de otro costal. *

La prolongada expansión económica y la abundante liquidez mundial crearon un caldo de cultivo en el que se acrecentó el apetito por el riesgo.

Los temores actuales a la falta de liquidez pueden resultar paradójicos cuando hace escasos meses todos los análisis apuntaban al «exceso de ahorro» o «abundancia de liquidez» como factor que alimentaba el positivo contexto en el que se desenvolvía la economía mundial.

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