El gobierno aguarda sin temores excesivos los nuevos datos pese a que revisa las proyecciones del programa
El viernes negro
El viernes, la crisis adquirió un matiz diferente. El comunicado del Departamento del Trabajo informó que las expectativas de creación de trabajo en los EEUU unos 100.000 puestos nuevos para agosto habían revertido en una realidad que hacía más de cuarenta meses no se conocía: la caída neta del empleo. Esta realidad no había sido percibida previamente, ni por el gobierno, ni por la FED ni por todos los analistas privados que responden mensualmente las encuestas de anticipación de datos económicos. En tanto los mercados comenzaron a insinuar una respuesta que adquirirá toda su dimensión en los próximos días. Vuelta de los capitales de la periferia al norte y concentración de los flujos en la adquisición de bonos del tesoro norteamericano y oro. La situación mereció alguna referencia no usual de Paulson, el secretario del Tesoro «no son los números que esperábamos». En paralelo se conocía nuevos envíos masivos de trabajadores al seguro de paro. Extraordinariamente dada la demanda por bonos norteamericanos, la cotización del dólar cayó frente a las monedas fuertes. La explicación es el aumento previsible del diferencial de tasas entre Europa y EEUU en una perspectiva que ahora agrega alguna que otra incertidumbre mayor: la del juego del gobierno de Bush, sensible al impacto político de esta situación y las responsabilidades de la FED de asegurarle a los norteamericanos y al mundo que la inflación no barrerá con lo que queda de credibilidad en la capacidad del capitalismo de autorregular sus crisis.
Sin excesivas preocupaciones
El escenario admite una lectura extremadamente interesante observado desde la perspectiva local. Otras fuentes del gobierno consultadas esta semana por Separata daban por hecho una internalización más agresiva de la crisis externa en el mercado interno. De subsistir la incertidumbre el aumento de las tasas de interés local tenderían a elevarse generando situaciones más difíciles de manejar por el regulador monetario y del crédito. Sin embargo, hasta el viernes al menos, no parecía existir preocupaciones excesivas sobre el mantenimiento de un nivel de actividad, cuya eventual caída pudiera adelantar escenarios más conflictivos. El equipo económico confía en el apoyo explícito que la presidencia de la República ha reafirmado el viernes pese a que algunos pensaron en la previa que, dada la progresividad de la crisis que se conocía a media tarde del viernes, la alocución presidencial de la noche pudiera haber sido más enfática en la señalización de hasta dónde pudiera llegar la política de indexación y aumento del gasto salarial.
Nivel de actividad
Mañana se conocerán los datos de nivel de actividad, y variables asociadas para el segundo trimestre del año. El sector privado no espera variaciones significativas dado lo manifestado en la encuesta de expectativas de agosto. El mercado continúa confiando en las proyecciones oficiales y estima que el crecimiento en 2007 será levemente inferior al 5.2% de la meta programa (4.9%) a estar por los valores más frecuentes de las respuestas. Independientemente de lo cual, el gobierno ha comenzado a revisar la perspectiva del comportamiento del consumo y la inversión pública y privada.
Greenspan: crisis, regulación y condición humana
El optimismo de la voluntad y el escepticismo de la razón, o el privilegio de la condición humana sobre la prevención y regulación de las crisis estuvo en el centro de la conferencia brindada por Alan Greenpan veinticuatro horas antes que se conociera el peor dato económico y social en lo que va del año: la caída del empleo en los EEUU.
El ya mítico ex presidente de la Reserva Federal, ahora consultor y conferencista de primera referencia, Alan Greenspan, citado por The Wall Street Journal «Cuando las burbujas explotan poco se puede hacer, ellas no pueden desactivarse con simples ajustes de la tasa de interés». Al preparar su speech en una jornada académica organizada por el Brookings Papers on Economic Activity, Greenspan aún no conocía la caída del empleo en los EEUU durante agosto, indicador que recién informara al mundo el Departamento de Trabajo en la mañana del viernes pasado. Estamos intentando afirmar la estabilidad utilizando las tasas de interés pero no podemos prever las crisis con facilidad, advirtió Greenspan, agregando que lo que estaban viviendo los mercados globales en las últimas siete semanas era muy similar a lo acontecido en las crisis de 1987 y 1998. «Sospecho añadió que esas crisis son similares a los colapsos vividos en 1837 y 1907…» La expansión de la actividad económica es fruto del optimismo y el miedo, más poderoso que la euforia es, como hoy, la causa de la contracción.» «No se puede contrariar que la condición humana genere la euforia que provoca los extensos períodos de crecimiento de las burbujas o el miedo que genera los períodos de contracción, agregó». No se puede desactivar ese proceso hasta que la fiebre los quiebra», concluyó quien debe ser en este momento una de los dos o tres referencias más importantes para la previsión de los desenlaces económicos en el mundo. La oportuna e interesante reflexión de Greenspan vinculó permanentemente los problemas del crecimiento y la regulación de sus excesos a la intimidad de la condición humana relativizando de tal manera la potencia de la capacidad reguladora de los organismos multilaterales y de la propia Reserva Federal norteamericana.
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