La encuesta y la realidad
Los instrumentos de difusión que las instituciones públicas liberan al uso público luego de haber cumplido sus funciones en este caso, informar al regulador para un mejor diseño y seguimiento del programa monetario deben ser manejados con cautela. Cuando la inflación no era un problema, no importaba en demasía que la encuesta de expectativas mensual no tuviera la disciplina metodológica y la transparencia necesarias. Ahora es diferente. En la proyección de flujos, los presupuestos, etcétera, la expectativa privada así medida complementa la información que provee el Estado a partir de la pauta inflacionaria. Esa pauta está desbordada desde hace siete meses y amenaza continuar así por otros diecisiete meses más. Dado lo cual, si esos números dicen lo que están diciendo con propiedad, hay un problema serio y alguien deberá explicar las políticas respecto a la inflación con más claridad. De cualquier manera, queda la sospecha de que esos test de mercado deben ser mejorados. Esa encuesta debe integrar los mecanismos de difusión y constatación que en otros países obligan a competir a los informantes entre sí frente al mercado, aproximándose a la realidad lo mejor posible. Hasta ahora, las respuestas más que un número fiable de la inflación futura indican que los analistas siguen el anuncio oficial con escaso desvío. *
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