En los próximos días se conocerán la profundidad de la crisis y la seguridad del sistema
Esa era la señal que faltaba para explicitar una situación que la FED y el Banco Central de Europa venían monitoreando, con la esperanza de que el propio sistema financiero pudiera administrar los problemas que generaba la descalificación de los títulos de deuda, emitidos con base en el capital hipotecario administrado por las grandes compañías hipotecarias y los bancos de inversión norteamericanos. Como siempre, la señal incómoda para la administración de las consecuencias públicas del desastre privado no surgió de los órganos reguladores ni de las compañías que administran ahorro e inversión de oferta pública. La señal de que algo andaba realmente mal había sido disparada días atrás cuando una calificadora de riesgo rebajó la nota de uno de esos grandes bancos de inversión, cuyos portafolios están llenos de títulos de deuda con garantía hipotecaria. En paralelo se informaba de la apelación de dos compañías hipotecarias a la protección de la legislación de quiebras. Empero, el jueves pasado la señal del Paribas trasladó el foco de atención desde EEUU a Europa y de allí a otra certeza: el sistema financiero global había sido contaminado.
La primera crisis global del siglo
Había otras señales que, interpretadas adecuadamente por los especialistas de inversión, habían generado los movimientos usuales frente a la emergencia de una nueva crisis global. De pronto Europa se enfrentaba a una corrida en su mercado de fondos de inversión, corrida que además amenazaba extenderse a los depósitos bancarios. Sin embargo, pese a que la tasa interbancaria (Libor), elevándose notoriamente como no se veía en lo que va del siglo informaba esa situación de iliquidez extrema, aún los bancos centrales no actuaban explícitamente juntos sobre los mercados globales. La comunicación pública del Paribas se realizó en línea con el inicio de esa acción coordinada entre la Reserva Federal estadounidense, el Banco Central de Europa y el Banco Central de Japón apoyados por Australia y Canadá. Entre el jueves y el viernes esos bancos centrales completaron una asistencia al sistema financiero privado cercana a U$S 140.000 millones. Sólo la FED colocó en dos días U$S 38.000 millones en la asistencia a sus bancos y fondos más afectados. Importa dimensionar ese monto: es levemente menor a la asistencia que debió realizar la FED a sus regulados el 12 de setiembre de 2001, el día siguiente a los atentados.
El fin de semana ha producido un respiro en una situación de dimensiones aún más grandes que las crisis de bolsa de 1989 y 1998. En estas horas, los equipos especializados de los bancos centrales trabajan a pleno intentando monitorear punto por punto el estado de un sistema financiero cuya interdependencia difiere totalmente del existente en las crisis precedentes. La industria financiera había venido multiplicando lo que parecía un regreso consistente del mundo a un escenario en el cual la aversión al riesgo había sido superada.
Detrás del escenario
Además de los equipos de los bancos centrales, este fin de semana también están trabajando los equipos de coyuntura y riesgo de los organismos multilaterales. En particular los del FMI, presionados por lo que parece ser un nuevo fracaso en la previsión de crisis globales. Recién una semana atrás, el Fondo le pidió a la FED que hiciera algo más para ayudar a recuperar los daños de la industria hipotecaria norteamericana. La FED se negó, la tasa de interés básica se mantuvo en 5,25 y, además, Bernanke le recordó al FMI que no iba a cejar en su política de enfrentar la inflación enfrentando las expectativas sobre su eventual debilidad para hacerlo. Recién luego de ese aviso, la FED se incorporó de pleno a la asistencia global. Pero, justamente, esa señal es la que establece una de las novedades o diferencias principales con las crisis previas. La FED de Greenspan asistía de inmediato al sistema financiero en problemas y sin descuidar su misión principal garantizar que la inflación anual no superara el 2% en un horizonte de mediano-largo plazo mantenía a la FED asistiendo al Departamento del Tesoro manteniendo el nivel de actividad y la seguridad bancaria, costara lo que costara.
Un operador de la Bolsa de Valores de Montevideo le confiaba a Separata el viernes pasado la enorme dificultad que tenían los corredores para intuir dónde estaba realmente el límite de la crisis global. En los últimos quince años la estructura económica del mundo ha cambiado dramáticamente en lo que refiere a riqueza y riesgo.
La emergencia de los países asiáticos desarrollados o en vías de desarrollo dinámico ha generado una realidad que al mundo le cuesta asimilar. En el fondo de las cosas, el mundo parece enfrentarse a situaciones que desbordan la fortaleza de sus instituciones para administrar el crecimiento y sus riesgos asociados. *
FACTORES DE RIESGO PARA URUGUAY (Algunos de ellos)
Convergencia del aumento de las tasas de interés con las causas endógenas que, previamente a la crisis, ya estaban complicando el crédito interno.
Eventuales desvíos fiscales derivados de los nuevos costos del endeudamiento externo e interno.
Expectativas de reducción del nivel de actividad ante un enlentecimiento mayor del comercio y mayor selección de riesgo de la inversión externa directa.
Afectación de la incipiente recuperación de la confianza del ahorrista y el inversor nativos.
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