La inflación corroe la institucionalidad más rápidamente que los ingresos reales
La inflación ha invadido el escenario y ello compone, efectivamente, un problema serio y relativamente inesperado. En estos trances, la discusión dominante toma el problema desde el ángulo de los efectos inmediatos sobre el ingreso inmediato de los uruguayos. Ese es el efecto visible, el que habilita la discusión pública. En tanto, si esto sigue así mañana nos reencontraremos con la discusión del 68, alguien propondrá que el Area de Defensa del Consumidor devenga en Dinacoprin, mientras otro subirá la apuesta proponiendo que Subsistencias saque a la calle camiones con pan y bizcochos a precios populares. Los periodistas suelen encantarse con la sensibilidad automática que demuestran los funcionarios ante la pobreza y el desvalimiento. De tal manera tenemos al gobierno y, ahora a los sindicatos enfrascados en una conversación «para bajar» los precios e impedir la «especulación».
La especulación real
Ese es, precisamente, el problema de la inflación: la generación de un estadio de desconfianza, el corrimiento de un velo que, de pronto, oculta el escenario principal colocando en escena a monigotes extraños que dicen barbaridades que en cualquier país civilizado sonarían a grotescos brulotes de tablado. De pronto, el riesgo se ha concretado. Siete meses seguidos con el gobierno y el Banco Central incumpliendo sus proyecciones es demasiado para un país que pretende diferenciarse en seriedad. El frío catalizó esa acumulación de pequeños desequilibrios sistemáticamente dejados de lado. Ahora tenemos, realmente, un fenomenal problema. Insisto, en la vieja conversación de la izquierda razonable lo que está sucediendo hubiera sido motivo de alarma, algo así como aquello de la sustitución perversa de los «ejes de atención». Afortunadamente, los uruguayos poseemos un nivel de educación y razonabilidad suficiente para enfrentar las barbaridades que suelen ocurrir en estos escenarios. Argentina, en cambio, afectada por similar flagelo admite que su sistema de garantías institucionales sea destrozado enseñándole al mundo, nuevamente, que el Indec (similar a nuestro INE) ya no sirva virtualmente para nada. Y, en tanto por ejemplo, toda la construcción de la confianza realizada para emitir deuda en pesos sustituyendo al dólar haya sido destrozada. Lejos de la solidaridad de sus propias organizaciones nacionales, los funcionarios del Indec siguen en huelga intentando parar el malón oficialista para cambiar las metodologías de la Encuesta Permanente de Hogares a fin de que las mediciones de pobreza e indigencia sean funcionales con las necesidades del oficialismo en el calendario electoral. Hoy, lunes 6 de agosto, ese organismo debe informar la inflación de julio en un marco de escepticismo y sospecha generalizada. Allá podría verificarse esa sentencia extraña de un senador uruguayo en estos días respecto a que no hay que hacer terrorismo con la inflación y como dice uno de sus colegas, tampoco importa que la inflación varíe en dos puntos más o menos. Con la soja y el trigo a U$S 300 el triple de sus precios históricos, allá aún se pueden hacer estas cosas. Acá no, entre otras cosas porque como contracara de esos precios Uruguay está pagando el petróleo a precios de oro. Pero, sobre todo, eso se puede hacer allá porque los argentinos han perdido hace mucho rato la capacidad de defenderse contra la inconstititucio- nalidad permanente. Aquí no, Uruguay se derrumba literalmente si el gobierno y sus organizaciones sociales cejan en el empeño de defender la estabilidad y las reglas. Incluyendo en ello la defensa y exigencia a las autoridades y profesionales que aceptan ocupar cargos públicos de relevancia esencial. La inflación no es sólo carestía; es el principio de la corrosión de la estabilidad y la fortaleza institucional a partir de la cual se pueden ejercitar las reformas y habilitar un juego de capacidades sanas. De allí que genere una enorme pesadumbre la reducción de la inflación a un problema meramente económico o de procedimientos «especulativos». ¡Como si los trabajadores o los carniceros no tuvieran que especular con la sospecha y debieran buscar en la indexación o en las pequeñas trampas del oficio la defensa del ingreso de sus familias!
En busca de los ejes virtuosos
Seguramente, a esta altura de las cosas, el equipo económico y la presidencia estarán estudiando soluciones ya no en el área de los precios sino en lo que refiere a compatibilizar sus proyecciones con la realidad. Y luego, si pueden o tienen al menos la propensión de hacerlo, intentarán replantear los ejes virtuosos de una discusión que viene muy mal rumbeada. Pero esas soluciones y la comunicación de lo que está sucediendo en realidad no puede reposar sólo en los hombros de cuatro autoridades del equipo económico. El respetado INE en lo suyo, pero sobre todo el abandonado BCU en lo que hace a sus enormes responsabilidades constitucionales, deben introducir porciones de razón mayor en esta discusión sobre la inflación. Aunque duela y obligue a confrontar en el seno del propio gobierno. Pero con razones y fundamentos que desplacen el talenteo insoportable que no puede tener más que efectos argentinos si el frío continua haciendo lo suyo. El escenario secundario ha sustituido al principal y es propenso para que en él quienes se sienten fuertes agredan la estabilidad con progresiva facilidad. *
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