La sustitución de los viejos empresarios y el pensamiento asociado
Los márgenes operativos de la actividad empresarial tienden a estrecharse y de ahora en adelante irán apareciendo confrontaciones más fuertes con un tipo de empresario que reivindicará con más insistencia la permanencia de las viejas reglas de juego heredadas del juego.
La relativa lejanía que tiene este gobierno con los empresarios es un problema serio en varios sentidos.
Pero, a la vez, esa lejanía dota al gobierno de algunas distancias muy importantes a la hora de preservar al Estado de los riesgos inherentes o derivados de una época de transformación empresarial intensa. Siendo esa transformación empresarial uno de los factores que más ponderan en la modernización de la economía y la sociedad uruguaya.
La generación de nuevos empresarios es parte del proceso natural de cambio de las fuerzas productivas expuestas a desafíos globales bastante más portentosos que los incentivos o restricciones que pueden generar las políticas locales. Pero si en la ponderación de las causas de la transformación empresarial, las amenazas e incentivos globales son más importantes que las propias políticas locales, es cierto estas pueden facilitar ese desarrollo, dificultarlo, o hasta abortarlo definitivamente. Y uno de los éxitos más notorios de la actual administración es habilitar esa transformación desde una combinación de omisiones o acciones que van desde la prescindencia que otorga la lejanía «filial» hasta el mantenimiento de las condiciones de apertura y disciplinas que pudieron rescatarse del último período de la anterior administración. La salida de la crisis de 2002 fue también la emergencia de una reasunción de disciplinamientos perdidos y reapertura ordenada a la nueva división internacional del trabajo y sus emergentes más dinámicos.
Entornos y reacciones
Ello no ha impedido que los viejos empresarios rentistas, que se educaron en la protección redundante y el clientelismo como práctica de gestión utilicen o intenten utilizar, directa o indirectamente los vínculos que el gobierno de izquierda tiene con otros grupos de poder, muchos de ellos vinculados funcionalmente a la existencia del viejo empresariado.
Ese riesgo se asocia generalmente a los vínculos de utilidad común que tienen sindicatos y empresarios en el mundo.
Por ahora el riesgo de la recurrencia empresarial a defender obsolescencia con la amenaza del paro y la desocupación no parece tener mucho andamiento en este país. Pero esa presión emerge desde las propias raíces culturales del productivismo y obliga a la administración a ser extraordinariamente cauta con el efecto social «directo» de sus políticas comerciales y de contracción monetaria y sus efectos sobre el dólar, por mencionar una de las más notorias.
Empero, en la celebración de este «dejar andar» la transformación empresarial es preciso tener en cuenta las facilidades que otorgan a esa política o ausencia de políticas, la prosperidad comercial que vive el país. Es difícil imaginar cómo se hubiera procesado esto en un marco de restricción presupuestal mayor, con los empresarios de competitividad marginal saliendo del mercado y dejando la riastra de desocupación y otros desequilibrios sobre un escenario ya de por sí inimaginable.
Dejar hacer
Pero la realidad es que, efectivamente, ese proceso de transformación y modernización empresarial es muy dinámico y genera realidades inéditas, tanto en el dominio propio de la economía como en el que debería estarse advirtiendo con más atención desde los observatorios de la política y la sociedad. Si, además, se acuerda en que el entorno global de la economía va a seguir por muchos años signado por las características de que hoy disfruta el país, debería aventurarse que lo único que no debería hacer el gobierno de izquierda para asegurar una prosperidad con niveles de inclusión social desconocidos para este país es, justamente, modificar aquellos factores de alta ponderación en la actual precipitación de la transformación empresarial.
Ello tiene que ver con la existencia o no de una convicción fuerte del centró neurálgico del gobierno acerca de cuáles son las características específicas y las consecuencias de esa transformación empresarial en curso. En marcos de apertura, con procesos dinamizados por la competencia global la salida de los viejos empresarios rentistas de sus giros tradicionales va a ir generando dilemas de todo tipo, de familia, de política, de reracionamientos sociales. El gobierno parece haber comprendido el dilema y utiliza las circunstancias para facilitar ese proceso. La sociedad, en general, lo acepta, por ahora, sin grandes preocupaciones. 7
Realidades
Los nuevos empresarios son diferentes, piensan y se mueven globalmente, son más jóvenes y preparados. Vienen de afuera y de los centros de formación profesional. Asociados a la inversión externa no hacen sus cuentas partiendo de la protección, reversible por definición. Piensan en el mercado global y en función de sus posibilidades de permanencia en él invierten, se asocian, proyectan y se financian a mediano y largo plazo. Permitir e, incluso, auspiciar esa transformación choca con los saberes aprendidos a través de la extensa historia de relación del Estado y un tipo de empresarios, cuyos orígenes y cultura provienen de lares lejanos a los competitivos polos del desarrollo industrial o financieros del siglo XIX y principios del XX.
Pese a que el gobierno permanece lo más lejos posible de atender las viejas reivindicaciones de los empresarios que van a ser sustituidos irreversiblemente, quizás pudiera explicar mejor las razones de esa ausencia de auxilios tan caros como inútiles. Así pudiera explicar con pretensión de difusión cultural mayor, porque no se puede gastar plata de los pobres sosteniendo el precio del dólar cuando esos empresarios en vías de salida tienen seguros cambiarios a su disposición y deciden que es mejor especular con la devaluación del peso antes de tomar un forward de venta o compra de dólares con costos irrisorios, por ejemplo. *
«Ni me van a poder subsidiar mi incompetencia ni tampoco lo quiero»
Un exitoso empresario nacional de una de las cadenas agroindustriales más competitivos me explicaba hace un tiempo por qué vendía su joyita industrial. La respuesta fue inobjetable: «Porque en poco más ya no voy a poder competir globalmente en esta industria y ni aspiro ni espero a que nadie pueda subsidiar mi incompetencia progresiva. Yo soy de los que pueden hacer otras cosas…». *
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