Alguien va a tener que hablar más claro y en breve

Y mejor que no sea Astori. Porque el ministro tiene una enorme credibilidad dentro y fuera de fronteras. Tanta como las dificultades que tiene su aceptación en los multiplicadores de opinión, políticos en general, frente al discurso reiterado de un presidenciable en ejercicio de la importante responsabilidad pública que tiene el ministro. Ahora la historia nos la van a tener que contar los reguladores. Si es que pueden ser defendidos por los ciudadanos.

Ayer el precio del dólar cayó fuertemente en la punta vendedora luego de que el BROU disminuyera la brecha de la compraventa de $ 1.50 a $ 0.60 arrastrando a todo el sistema cambiario. Ello determinó que en la punta vendedora la cotización cayera sesenta y cinco centésimos mientras que en la compradora se apreciara veinticinco. La tónica descendente fue multiplicada expresivamente por la saludable medida del BROU. El banco comercial y agente financiero del gobierno no compró dólares por cuenta de un Estado que, ayer no necesitaba comprar dólares demostrando que no interviene en prácticas de sostén encubierto, usuales en otros tiempos. Así de sencillo. Frente a esta ausencia en la demanda, la cotización de un dólar muy ofrecido continúa cayendo, generando algunas sorpresas y unas cuantas acusaciones apresuradas o interesadas en demasía sobre la conducta monetaria del BCU. Acusaciones que además de sumarse a toda la especulación política y económica, no tienen fundamento. Al contrario de lo que se piensa, el BCU no está pudiendo implementar su política monetaria en línea con el programa explicitado el pasado 6 del corriente. El regulador actúa con enorme cautela en el área de su competencia y responsabilidad principal: enfrentar el fuerte rebrote inflacionario, el peor y más antidemocrático de los impuestos. Pero desde su soledad y lejanía de la cultura del «productivismo», el BCU se debilita ostensiblemente día tras día.

Habría que contar de otra manera lo que está sucediendo en el mercado del dinero todos los días. Y hacerlo desde la independencia de las pertenencias políticas sospechadas y en clave de lenguaje obrero y popular. De otra manera es imposible que se entienda que cada vez que el BCU avanza un escalón en su programa, los bancos le piden tasas de interés impagables para la compra de las letras de regulación monetaria, al tiempo que no hacen ningún esfuerzo ­visible al menos­ para utilizar las facilidades marginales que el BCU ha puesto a su disposición para que los bancos no digan «ah, bueno, pero si no me pagan esa tasa vendo dólares». La profesionalidad del sistema bancario uruguayo está siendo convocada por la sociedad a pesar de que esta no tenga códigos para entender el juego. Y los bancos no están respondiendo.

Algo similar sucede con los viejos empresarios de la exportación y los rentistas ­¡cuántos políticos de izquierda y derecha tienen colocaciones en dólares en este país!­ Cae el precio del dólar y algunos exportadores, que saben cómo es la cosa, más sus asesores financieros y políticos ignoran olímpicamente que el BCU ha puesto a su disposición contratos que les aseguran el precio de esa moneda en los plazos que necesiten para que sus negocios no se caigan en la eventualidad de una depreciación mayor del signo norteamericano. Pero no hay un solo pedido de forward pese al costo ínfimo de tal seguro. Las reacciones de los empresarios nacionales son antiguas, especulan con que la política defenderá el valor de la moneda… norteamericana. En fin, recién empieza el debate en serio y, sobre esto, alguien deberá hablar más claro y en poco tiempo. *

JJ

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