Terrible realidad en las colonias afectadas

Críticas al gobierno de los "atrapados" en Rivera y Chiflero

Gladys Silva acusó enérgicamente al gobierno como responsable de la situación, porque «sabían que había aftosa del otro lado de la frontera y no tomaron las medidas necesarias. Debían haber vacunado a los animales y no matarlos como están haciendo ahora.

Las autoridades no hicieron nada y ahora nos caen encima a todos nosotros. Esta es la opinión unánime de los vecinos de esta zona».

«Hay lugares donde los animales estaban completamente sanos, pero igualmente están siendo sacrificados».

Silva tiene 56 años y vive con su esposo y tres hijos en Colonia Gral. Rivera, que está a unos 10 kilómetros de la capital de Artigas. Trabaja hace 30 años como funcionaria de la Escuela No. 16.

Explicó que «teníamos 60 ovejas, 10 vacunos y 2 cerdos, lo único que nos quedaron fueron los caballos, porque mataron a todos los demás. Dicen que nos van a pagar una indemnización, pero perdimos toda la zafra de lana».

Los habitantes de la Colonia Rivera, aproximadamente 30 familias, están completamente aislados. «Nos han prometido que nos van a mandar ayuda. Nosotros formamos parte de un proyecto canadiense que nos envió canastas con alimentos para cada familia integrante.

Por otro lado, un movimiento solidario de mujeres en Artigas nos mandó alimentos y tenemos la promesa del doctor Cardozo, de Promoción Social, que dijo que vendrá un camión con leche en polvo y unas 30 canastas por semana con otros alimentos para repartir en la zona. Incluso, hasta el viernes los niños concurrieron a la escuela, pero no sabemos si la maestra el lunes podrá traspasar el cerco policial».

Explicando la situación en la zona aclaró que en la misma «no puede entrar ni salir nadie. Pedimos ayuda médica porque hay mucha gente que se está sintiendo enferma, debido a la situación, y todos los días a las 11 de la mañana va a venir un médico. Hay gente en estado crítico, porque vivía de la lechería y están matando a todos los animales. Para nosotros ha sido un golpe tremendo, porque de un día para otro se nos terminó todo. Estamos completamente destrozados, hay muchos enfermos de presión porque no saben cómo van a mantener a sus familias y a pagar las cuentas. Hay muy poca gente con sueldo, todos viven de sus animales».

«La culpa es del gobierno»

Consultada sobre si hay responsabilidad en la gente de la zona por utilizar productos provenientes del lado brasileño, Gladys Silva dijo enfáticamente: «Acá la única responsabilidad es del gobierno, que sabía que había aftosa del otro lado de la frontera y no tomó precauciones. Debían haber vacunado a los animales y no matarlos como están haciendo ahora».

Agregó que «el único culpable es el gobierno. Del lado brasileño, muy cerca de la frontera, había casos de aftosa, pero las autoridades no hicieron nada y ahora nos caen encima a todos nosotros. Podían haber evitado esta situación y no lo hicieron. Esta es la opinión unánime de los vecinos de esta zona».

«Quedamos sin nada»

Luján Rocha de Arbiza, pariente lejana del propietario donde se originó el foco de la enfermedad, vive en la zona de Colonia Chiflero junto a su esposo y cinco hijos.

Ella hace 23 años que vive en el lugar, pero su esposo tiene toda una tradición familiar que comenzó con el afincamiento de su abuelo en la zona.

«En este momento se están llevando nuestro ganado. Teníamos 141 vacas y terneros y nos estamos quedando sin nada», comentó en diálogo telefónico con nuestro cronista.

«La situación es verdaderamente dramática, porque es una zona totalmente lechera, con productores pequeños y pequeñísimos, gente muy pobre que tiene a los animales como único medio de vida. Peor aun es la situación de los empleados, que de un día para otro se quedan sin ningún tipo de sustento para mantener a sus familias. Los tamberos vamos a recibir dinero por los animales sacrificados, pero ellos no. En toda esta zona nuestro medio de vida es la leche que todos los días vamos a vender casa por casa a la ciudad de Artigas, que está a unos ocho kilómetros», comentó.

La señora califico de «razonable» la cifra fijada para la indemnización, «pero lamentablemente los campos van a quedar vacíos, poblados solamente con unos pocos caballos».

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