Preocupación por la caída de la inversión y el crecimiento en el año preelectoral
El mercado esperaba esencialmente esa decisión en la medida en que se especulaba con la posibilidad de un cierto «ablandamiento» en el compromiso con metas de inflación descendentes frente a las dificultades que enfrentaría en el orden fiscal el Ministerio de Economía y en la monetaria el Banco Central.
En esos momentos, además, se venían acentuando los riesgos inflacionarios dado el aumento presumible del gasto energético y las dificultades para mantener las disciplinas fiscales aun luego del pronunciamiento realizado por el Presidente de la República, negándose a una nueva ampliación del gasto solicitado para financiar el incremento de treinta millones de dólares para la enseñanza.
Sin embargo, el CCM mantuvo la meta programa y, en tanto, la atención se dirige ahora a cómo se logrará el equilibrio entre los efectos de una política monetaria más contractiva con presumibles caídas del dólar y, eventualmente, del nivel de actividad con el mantenimiento de las metas fiscales que se mantuvieron prácticamente invariables.
Pre y post Botnia
En un segundo plano de atención pública, la reunión del CCM corrigió levemente a la baja la meta de crecimiento del PIB para el año en curso, ahora 5,2% vs 5,3% del proyectado en marzo pasado, mantuvo el 3,8% de crecimiento esperado para 2008 e introdujo o recreó la meta de 3,2% para el crecimiento esperado en el año final de la actual administración. Pero, además, el ajuste de la semana pasada introdujo modificaciones importantes en las proyecciones de la formación bruta de capital fijo, el rubro más representativo de la inversión esperada. Corrigió al alza el aumento del rubro en el corriente año y en 2008: 20,7% y 15,6% respectivamente, y explicitó que, como consecuencia del cese de la inversión en Botnia, el crecimiento de la inversión en 2009 se reduciría a 3,6%.
Inflación y costos
Más allá de los matices esta evolución de las variables en los tiempos electorales estaba prevista en el programa inicial pero ahora, instituidos formalmente el riesgo inflacionario y los efectos presumibles de su enfrentamiento, aparece la preocupación por las posibilidades reales que el gobierno tiene de finalizar su mandato cumpliendo con la coherencia debida las diferentes metas y en equilibrio global, en consecuencia.
Esas preocupaciones suponen una lectura más atenta de la evolución fiscal mensual y una un poco más difícil aún de seguir: el costo diario que supondrá aumentar la contracción monetaria con sus consecuencias en el balance del BCU, la presión sobre las tasas y las oscilaciones más bruscas del precio del dólar. *
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