LA DELICADA FUNCION DEL BCU EN PERSPECTIVA

Cancela: "En la política de un banco central, lo importante es su credibilidad"

De acuerdo al discurso del presidente de la República y las resoluciones formales del Comité de Coordinación Macroeconómica (1) del martes 4, el Poder Ejecutivo ha decidido enfrentar el riesgo de un rebrote inflacionario y ubicar el problema en el centro de la preocupación del gobierno. A tales efectos, y en contrario de algunas especulaciones, el Comité de Coordinación ha confirmado que el programa económico del cambio debe procesarse en un escenario de estabilidad. Dado lo cual, pese a que en los últimos seis meses la inflación anual ha permanecido encima del techo del rango programa, en 4,5%-6,5%. El Comité ha confirmado que a partir de junio de 2008 esa meta bajará al 4%-6%, y se mantendrá para los doce meses cerrados en diciembre de dicho año.

Dicha resolución no ha sido liviana ni gratuita.

Supone costos, económicos y eventualmente políticos, vinculados a la responsabilidad de mantener, cueste lo que cueste, el equilibrio fiscal en un escenario preelectoral.

Pero además la decisión supone trasladar explícitamente un enfático pedido al BCU para que aplique los instrumentos disponibles, a los efectos de cumplir su misión constitucional esencial: mantener la fortaleza de la moneda nacional ­preservada del riesgo inflacionario. Ello supone para el banco la asunción de un rol protagónico en la creación de nuevas condiciones de sustentabilidad del programa económico de un gobierno de izquierda.

La siguiente entrevista realizada al presidente del Directorio del Banco Central, Ec. Walter Cancela, intenta aproximar lo más didácticamente posible la intimidad del juego institucional y los problemas esenciales que pudieran obstaculizar la ejecución de esa responsabilidad constitucional, ahora jerarquizada en términos poco usuales para nuestro país, y menos aún, en un modelo de desarrollo implementado y ejecutado por un gobierno de izquierda.

De allí, y dada la complejidad y relevancia de estos temas, se apela al esfuerzo del lector para trabajar con este documento.

 

­El Copom (2), reunido al mediodía del viernes, decidió disminuir del 15% al 9% la expansión anual de los medios de pago. Conjuntamente decidió ampliar las facilidades de asistencia crediticia diaria para disminuir la volatilidad del mercado cambiario y facilitar la disponibilidad de los pesos faltantes, en un marco de mayor contracción de la base monetaria en pesos.

En estos días aumentó la tasa de interés en pesos y cayó el precio del dólar. Hace pocos minutos, ustedes han «tomado» las recomendaciones del CCM, con cierta preocupación por sus efectos laterales: el riesgo de una especulación mayor a la prevista con la caída a futuro del precio del dólar y el aumento de las tasas. ¿Es así?

 

­La existencia del CCM, instituto previsto en el proyecto de ley por el que se reforma la Carta Orgánica del BCU, pero que ya tiene funcionamiento efectivo, es un elemento esencial en el cumplimiento del programa de gobierno, que establece que el proceso de cambio requiere, en el ámbito macroeconómico, una permanente consistencia entre las políticas fiscal, monetaria y cambiaria de modo de asegurar el crecimiento con equidad en un ambiente de estabilidad.

Es así que allí el MEF y el BCU se ponen de acuerdo sobre las metas de estabilidad (o de inflación) apropiadas para cumplir con ese objetivo dadas las condiciones del contexto. Quiere decir que el BCU no sólo «toma» la recomendación, sino que contribuye a formularla. Al BCU le compete explicitar cómo va a manejar su instrumental para cumplir su mandato, lo que hace en el ámbito del Comité de Política Monetaria (Copom).

Cada vez que se adopta una decisión concreta sobre instrumentos de política monetaria (o financiera, en general), el Banco procura anticipar los comportamientos de los agentes del mercado, ya que lo que toda política intenta es disciplinar los comportamientos en línea con los objetivos de esa política. Es claro, también, que ante cambios en los escenarios introducidos por determinadas medidas, puede haber períodos de incertidumbre. Los «jugadores» se estudian. Y ese período es propicio para comportamientos oportunistas y especuladores. Por lo tanto, los riesgos tienen que ser calculados y la política debe acotarlos. Es por ello que, específicamente en lo que refiere a tasas de interés, se ponen límites y se expresa claramente que el BCU no renuncia al uso de ninguno de los instrumentos que la ley le confiere para actuar de modo de contrarrestar comportamientos contrarios a los objetivos.

 

­Las reuniones del Copom emiten señales de futuro respecto a cómo se comportará el regulador en escenarios que observa desde una perspectiva de su obligación constitucional, que no es exactamente la misma que la que tiene, por ejemplo, el MEF o el propio PE3. Empero, no parece siempre claro el balance de lo que ha hecho o podido hacer el BCU en el trimestre previo respecto al programa monetario y sus propias correcciones anunciadas en los trimestres previos, y no parece claro en ese contexto de dificultades para ejecutar sus responsabilidades.

 

­El BCU tiene un mandato específico y claro, aunque complejo: mantener la estabilidad de la moneda y del sistema financiero, en el marco de la política económica general. Esta puede cambiar con los gobiernos, pero la estabilidad financiera es una condición de eficacia de cualquier política. Esto es así porque su ausencia castiga a los más débiles. Una inflación alta castiga a quien no tiene la posibilidad de cubrirse con productos financieros sofisticados. Bancos «opacos» o débiles son un peligro para los ahorristas, que siempre tienen menos información para actuar rápidamente ante condiciones de riesgo. Por lo tanto, si bien el mandato del BCU no es exactamente el mismo, porque su área de competencia está delimitada a una dimensión específica, no puede ser contradictorio con el de otras áreas del gobierno económico.

En ese contexto, el programa monetario es un instrumento, una señal, que se diseña en el marco de supuestos sobre escenarios futuros y respuesta de los agentes. No siempre se cumplen los supuestos (diría que casi nunca) y los agentes también sorprenden, por lo que la batería de instrumentos tiene que estar disponible para reaccionar a tiempo. Hay dos formas extremas de actuar: priorizando el cumplimiento de lo establecido en el programa a rajatabla aunque el mundo se venga abajo, o acomodarse a lo que las circunstancias van marcando. Si el objetivo es bajar la inflación (la fiebre del enfermo), en el primer caso podría llegarse a lograrlo, pero matando al enfermo por hipotermia. En el segundo, podría conseguirse el mismo efecto, matándolo por convulsiones.

Lo importante del programa y de las acciones del BCU es que se tenga claro el objetivo y que se evalúe diariamente la situación para no desviarse de él, aunque se desvíe la trayectoria prevista en el programa. Es lo que hacen los pilotos. Se trazan un plan de vuelo, pero pueden aparecer turbulencias que obligan a cambiar el rumbo en el aire, vientos que saquen a la nave de su curso. Allí hay que evaluar dónde se está, que no es el punto previsto en el plan de vuelo, para corregir el curso hacia su objetivo. Si se mantiene el curso, lo más seguro es que no se logrará lo importante.

En la política de un banco central, lo importante es su credibilidad, la cual se logra haciendo visible que su compromiso es con el mandato recibido más que con las teorías que puedan estar de moda. Es más, éstas se construyen, por lo general, como un intento de formalizar las prácticas de quienes tienen que actuar en las situaciones concretas.

 

­Si el BCU tuviera, por ejemplo, los recursos que tiene la DGI para diseñar una campaña de educación de los ciudadanos en la comprensión de sus responsabilidades y la apelación del BCU a ellos, a los trabajadores y jubilados esencialmente, ¿c
uáles serían los datos esenciales de ese diseño de campaña masiva? ¿Desde dónde y cómo podrían entender los ciudadanos qué deben exigirle al BCU y los políticos?

 

­Ha sido una aspiración personal, desde el comienzo de nuestra gestión, procurar una comprensión cabal por parte del público de las responsabilidades, las facultades y las limitaciones del Banco Central. También ha sido y es, en lo interno de la institución, una preocupación de este Directorio hacer carne el mensaje de que estamos al servicio del ciudadano.

No hemos realizado campañas, excepto algunas acciones destinadas al cuidado de los billetes y a sus seguridades. Tenemos planteado, y no lo hemos podido llevar a cabo sistemáticamente porque no se puede estar «en la misa y en la procesión», acercarnos personalmente a los ciudadanos para poner énfasis en ese mensaje: el BCU es un instrumento que los ciudadanos tienen para defender su trabajo pasado (el dinero que tienen en el bolsillo) y para cuidar su consumo futuro (el dinero que pueden tener en un banco, o que puedan haberle prestado al Estado comprando bonos o a las empresas a través de la bolsa o a las AFAP para su retiro).

 

­Yendo a temas mas prácticos e inmediatos, la resolución del Copom del viernes pone en marcha mecanismos monetarios que actúan sobre la inflación en una perspectiva mediata, de unos cuantos meses. Empero, el mercado o la gente más informada descuenta sus efectos futuros en presente y actúa en consecuencia. ¿Cómo traduciría el presidente del BCU esas resoluciones que los operadores financieros leerán de inmediato en términos de comprensión útil para los ciudadanos? No le pedimos el precio del dólar a fin de año o las tasas del crédito social del BROU, o cuál sería la pauta salarial en diciembre, pero necesitamos alguna recomendación, vale decirlo, más popular o llana sobre lo que va a suceder de ahora en más…

 

­Efectivamente, el efecto de las medidas monetarias se produce sobre la inflación, es decir, sobre el proceso de aumento de precios y no sobre el índice de precios en un mes determinado y menos sobre el precio de algún bien en particular.

Los operadores financieros no verán cambios sustanciales en relación a lo que ha venido ocurriendo en las últimas semanas. Las tasas de interés del mercado de dinero han subido significativamente y las medidas anunciadas son una señal en el sentido de que continuarán con esa tónica. El tipo de cambio ha mostrado fluctuaciones más acentuadas, aunque todavía leves para lo que es común ver en cualquier mercado del mundo, lo que es bueno para la eficiencia del mercado y para el objetivo de desdolarización.

Estas medidas se traducirán, probablemente, en que los bancos podrán pagar tasas más altas por depósitos en pesos, alentando el ahorro. Y, si bien puede haber un aumento en las tasas por préstamos para los clientes más importantes de los bancos (los que pagan tasas más bajas), otras medidas ya adoptadas por el BCU sobre encajes, el efecto de la reforma tributaria al eliminar el Imaba y el Icosifi, y algunas adicionales que se pueden adoptar en el futuro próximo, pueden contribuir a disminuir la brecha entre tasas activas y pasivas.

En términos llanos, todos esos efectos deberían conducir a limitar el «combustible» monetario de la inflación sin lesionar el proceso de recuperación del crédito que acompaña el crecimiento de la economía. *

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