Optimismo respecto a la evolución futura de la economía norteamericana
En un informe realizado por Jorge Sicilia, el economista jefe del Servicio de Estudios BBVA Norteamérica, sobre los niveles de productividad en los Estados Unidos, el especialista comienza señalando que, más allá de los debates académicos, entender las determinantes de la productividad se ha convertido en una necesidad. Sicilia sostiene en su informe que «la capacidad de un país para mejorar su nivel de vida a lo largo del tiempo depende casi por entero de su capacidad para aumentar su producción por trabajador. En otras palabras, la productividad no lo es todo a corto plazo, pero a largo plazo es casi todo».
El analista recuerda que durante casi 20 años la productividad en Estados Unidos había crecido por debajo del 1.5% en promedio, lo que contrastaba poderosamente con las tasas ligeramente inferiores al 3% que alcanzó en los 25 años previos. Esto llevó a que entre la segunda guerra mundial y 1973, la renta media en Estados Unidos creciera por encima del 2.5%, mientras que en los 20 años siguientes, la renta media prácticamente no subió. Esto nos permite entender por qué la productividad a largo plazo lo es casi todo».
Al analizar la literatura relativa a las determinantes que hacen a la falta de productividad, señala que hace unos decenios no existía un consenso sobre cuál era el origen del problema ni cómo solucionarlo. Entre otros argumentos, Sicilia destaca que la tecnología aparecía como uno de los factores que podían impulsar su recuperación, pues ya desde los años 80 los avances tecnológicos eran bastante sorprendentes, si bien no terminaban de tener un impacto notorio en la productividad. Al respecto, el analista afirma que «en aquel momento, los pesimistas opinaban que la revolución tecnológica no iba a cambiar el panorama si no lo había hecho ya, pero los optimistas recordaban los felices años 20, cuando el impulso del sector del automóvil hizo crecer la productividad, aunque el automóvil ya existía desde principios de siglo, para recordar que los avances tecnológicos inciden con rezago en la productividad».
Sicilia es enfático en señalar que 15 años después hay pocas dudas de que los optimistas tenían razón. Al respecto sostiene que el incremento en la productividad de la economía estadounidense entre 1995 y 2005 ha vuelto a crecer a tasas que casi alcanzan el 3%. Y, considera que «no existe ninguna duda a estas alturas de que el principal causante de este comportamiento ha sido la aplicación de la tecnología de la información en el proceso productivo de las empresas». Esta afirmación la sustenta en el hecho de que «la revolución tecnológica trajo bajos precios en equipos de alta tecnología, lo que incentivó la inversión en este tipo de capital en otros sectores de la economía». Ahora bien, en su análisis aclara que no todo el incremento de productividad se ha debido a la inversión en tecnología, pues señala el economista que «existe evidencia bastante sólida que muestra cómo a partir del año 2000 tuvo un papel importante la organización del capital físico y humano ante la presión competitiva que trajo la globalización». Para Sicilia, «la incidencia de estos otros aspectos en los niveles de competitividad, explicaría los fuertes incrementos de productividad laboral en sectores como el de distribución comercial, ocio, etc.».
Al interrogarse sobre el futuro el autor considera que las visiones nuevamente pesimistas respecto a las bajas relativas de productividad de la mayor economía del mundo no son para tanto, y sostiene la tesis de que «esta visión algo pesimista no es tan probable». «Por un lado, el comportamiento reciente puede ser cíclico. En períodos de moderación económica, como la que atraviesa hoy Estados Unidos, si se piensa que es transitoria, las empresas no ajustan tan rápido el empleo, con lo que la productividad disminuye. De hecho, eliminando de las series el sector residencial, que está drenando crecimiento al PIB de ese país, el panorama es mucho más alentador, con estimaciones que sitúan la productividad en el 2.5%». Estas, sostiene, son las cifras que muchos estudios, entre ellos los nuestros, sitúan como el equilibrio de la productividad en la próxima década».
Finalmente, el economista BBVA afirma que «los procesos fuertes de inversión productiva, como el que se produjo en la segunda mitad de los 90, son disruptivos, en la medida en que las empresas tienen que desviar recursos para aprender a utilizar el nuevo capital. Ante la inversión acumulada, a partir del año 2000, las empresas pudieron aprovechar el capital invertido en la reorganización de sus recursos de capital y de trabajo. Y la tecnología evoluciona rápidamente: nuevas inversiones pueden impulsar de nuevo el panorama». Por lo que se muestra optimista respecto a la evolución futura de la economía norteamericana. *
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