Cierta preocupación del gobierno respecto al futuro de la inflación
Una de las hipótesis de explicación que se manejan en los círculos oficiales integra la posibilidad de que los formadores de precios hubieran adelantado incrementos de márgenes antes de que deban contribuir a bajar algunos precios, una vez que la reforma tributaria cobre vigencia.
La inflación de mayo ascendió a 0.76% y acumuló un 8.25% en el curso de los últimos doce meses.
El registro de mayo volvió a superar la estimación que estaba manejando el sector privado a través de la encuesta mensual de anticipación que utiliza el Banco Central para confrontar sus propias estimaciones con las que maneja el mercado. El aumento del mes de mayo estuvo muy influenciado por la continuidad en el aumento de los precios de la alimentación y la vivienda. En particular incidieron en mayo los aumentos en los precios de los cereales y farináceos, pan esencialmente, conjuntamente con los de las carnes rojas y las verduras. También siguieron presionando al alza de los promedios de la canasta del consumo los precios del combustible y los alquileres con impactos en el rubro vivienda.
La inflación de mayo fue mayor a la esperada por el mercado y señala una situación de sobredemanda de bienes escasos, transables en particular. La inflación acumulada en el año ya tocó el piso de la banda en la cual el programa del gobierno admitiría se mueva la inflación anual en este período 5.5%.
El problema no es el piso admisible sino que la inflación anualizada, por quinto mes consecutivo está superando el límite impuesto en el programa. Efectivamente, entre enero y mayo la inflación anualizada ha superado el techo del 7.5% del techo programa. Por ahora, el mercado coincide con los técnicos del ejecutivo y el Banco Central respecto a que en el mediano plazo, la inflación se recostará sobre el techo de la banda.
U$S vs. IPC, conflicto de intereses
Sin embargo la volatilidad de los precios de la energía, los transables agrícolas así como la inminente corrección de los salarios privados y algunos públicos reinstala la sospecha acerca de si, en escenarios más complejos, el regulador monetario el BCU- podrá utilizar a pleno su política monetaria para disminuir el riesgo inflacionario.
Al respecto, es obvio que el regulador monetario y el gobierno tienen un conflicto que pudiera ser más marcado y riesgoso si el BCU se ve obligado a avanzar con la contracción de la política monetaria de tal manera que una mayor quita de pesos presione más a la baja el ya debilitado precio del dólar. La cotización de la moneda norteamericana en Uruguay está teniendo menos caídas que las que ostenta el dólar en los mercados globales.
Este es un indicador indirecto a partir del cual interrogarse sobre cual es, en realidad, el piso de caída del dólar que admitiría el gobierno si el regulador se convence que las presiones inflacionarias deben ser combatidas con más contracción monetaria *
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