CIFRAS DE POBREZA E INDIGENCIA ESTAN SIENDO COMENTADAS CON UNA APRECIADA CAUTELA POR EL GOBIERNO

Crecimiento, bienestar e igualitarismo

Las cifras de pobreza e indigencia difundidas por el Instituto Nacional de Estadística el jueves pasado han sido o están siendo comentadas con una apreciada cautela por el gobierno. Este cuidado en el manejo de este tipo de datos tiene su fundamento en el cuidado inicial con el cual el propio INE presentó la información. Alicia Melgar, su directora, advirtió que el resumen es un buen registro de los avances logrados en materia de reducción de la pobreza y la indigencia pero, a la vez, sugirió que dicho informe induce a trabajar mucho con esas cifras para aproximarse a una explicación útil a la política. Melgar explicó las dificultades para empalmar las series históricas con la nueva metodología y la cobertura de la encuesta ampliada de hogares que el INE utiliza desde el año pasado. El mismo resumen del instituto advierte que la utilización de esas instantáneas del bienestar de los hogares requiere interpretaciones más complejas que las que el propio INE intentará elaborar.

La advertencia del apartado IV del informe deja inferir que el análisis de los problemas sociales del Uruguay en vías de modernidad y mayor justicia no es posible si la inteligencia uruguaya no se anima a ubicar este análisis en un contexto de fuertes revisiones. Dicho de otra manera: de poco serviría revisar las series, sin buscar en ellas novedades en las cuales puedan apoyarse elaboraciones que hoy no están disponibles, ni en la discusión académica, ni en los ámbitos legislativos o ejecutivos del Estado.

Por ejemplo, no parece demasiado significativo enfrentar el análisis de los números del INE desde una perspectiva exclusiva de cantidad.

Claro que importa saber cuál es la metodología más apropiada de las tres que el INE utiliza explícitamente para precisar cuántos hombres y mujeres se sienten más incluidos que antes. Importa también saber que la conjunción de políticas asistenciales, de distribución y estabilidad han permitido mejorar la cohesión social básica. Ese era un presupuesto del programa de la izquierda uruguaya y, por ahora, se está verificando: la puja distributiva es administrada en este país en niveles de razonabilidad política adecuados. Más aun, el respeto prácticamente íntegro de un modelo complejo de salida de la crisis de 1999-2002 y la incorporación funcional a su esencia de fuertes transferencias derivadas del crecimiento hacia los sectores más desvalidos, es en sí una novedad que debe ser valorada en su misma esencialidad.

La complementación de políticas sin que ellas fueran afectadas por arrebatos populistas tan propios de América Latina, era un interrogante en 2004 que ha sido despejada casi íntegramente en la actualidad.

 

Más ambición

En el contexto de un mundo nuevo, este país está recibiendo una invitación potente a utilizar ese capital de razonabilidad con mayor ambición. Esto no sería posible si las cifras del INE no nos permitieran encarar esa discusión más ambiciosa con la tranquilidad de una inclusión en progresión considerable. En 2007 y 2008 la economía continuará creciendo a tasas aun mayores a las proyectadas en el programa oficial.

A este país no le faltarán recursos para que esa discusión inteligente pueda prosperar en un marco de mínima tranquilidad social.

Del crecimiento seguirán derramándose recursos sin que la acumulación de los excedentes económicos en los sectores de mayores ingresos moleste excesivamente. Uruguay irá creciendo y distribuyendo para incluir un poco más. No habrá problemas al respecto. Los problemas, sin embargo, pudieran surgir de no poder hallar en ese lapso de recomposición de la cohesión social «económica» razones para que este país pueda plantearse objetivos más ambiciosos que volver a tener al 30% de su población debajo de la línea de pobreza.

Esa discusión de ambiciones y formatos nuevos tiene que ver con encontrar los motivos que pudieran inducir a los uruguayos a mejorar el sentido de pertenencia. Personalmente estoy seguro de que la igualdad ­ o equidad-, no es un principio capaz de reunir a la sociedad tras un nuevo pacto tácito o explícito. De hecho, además, el propio INE advierte sobre cuán irreal es plantearse metas y políticas que persigan la equidad como anhelo principal: En este proceso de crecimiento y mejora del bienestar social dice el INE «en términos de equidad, no se han registrado cambios importantes hasta el momento.»

Parecería que ya es hora de revisar la conveniencia de mantener el santo y seña de la «igualdad» para beatificar o condenar cualquier medida de política o principio de discusión interesante. *

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