La trascendencia económica del Plan Ceibal
Pero, como seguramente quede quien intente refutar la rentabilidad de este revolucionario proyecto de inclusión digital, nos apoyaremos en datos duros de nuestra economía que demuestran la rentable, perentoria e inteligente necesidad de implementar el Plan Ceibal.
Acostumbrados como estamos a la inmediatez, al consumo compulsivo y al efectismo de las políticas cortoplacistas, nos cuesta calibrar debidamente la importancia capital del mismo. Por otra parte, y antes que nada, se deja constancia de que la dimensión económica no es la única y ni siquiera la más importante de esta iniciativa y que, por supuesto, el complejo proceso educativo es más que el simple manejo de un ordenador, pero a luz de estos datos necio parece negar su trascendencia.
En un reciente estudio realizado por la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) se analiza el contenido tecnológico de los productos que nuestra economía exporta.
En dicho estudio, además de mostrarse que las exportaciones globales vienen teniendo un marcado proceso de diversificación de sus destinos, que crecen en volumen y precio de colocación, se revela que tan sólo el 1,8% de las mismas contiene alto contenido tecnológico.
El trabajo de CIU señala que, considerando los cuatro primeros meses de este año, el 46,7% de las exportaciones uruguayas correspondió a productos primarios, es decir prácticamente sin industrialización alguna y con cero contenido tecnológico. A su vez, del total exportado el 18,3% lo representan productos manufacturados basados en recursos naturales, con mínima incorporación de contenido tecnológico.
Del resto, el 17,7% refiere a manufacturas con bajo contenido tecnológico, el 7,7% a niveles de incorporación tecnológica media y tan sólo un ínfimo 1,8% del total de los más de 1.137 millones dólares exportados desde enero refiere a productos con alto valor tecnológico.
Estos datos son reveladores del grado y tipo de industrialización de nuestra matriz productiva y su bajo grado de tecnificación.
Son por casi todos sabidas, y sufridas, las consecuencias de estas determinaciones estructurales de nuestra economía, que han sumido a nuestro país en un largo proceso de estancamiento, mas allá de coyunturales altibajos.
Sabido es también que cuanto mayor contenido tecnológico se incorpora a la producción se logra un producto de mayor valor agregado, es decir que necesita más trabajo, que se vende mas caro, que genera mas divisas, y lo más importante, el círculo se retroalimenta. Esto demuestra además la vieja tesis de que el sistema productivo comienza en las aulas.
Tecnología y mano de obra
Sin embargo, todo esto, dicho así, puede todavía llevar a pensar que la incorporación de tecnología desplaza mano de obra. Para ello analicemos algunos aspectos del mercado de trabajo.
Un informe sobre Desarrollo Humano en el Uruguay de 2001 del PNUD, analiza los impactos que para los trabajadores han venido teniendo las transformaciones en los modos de producción, que entre otros aspectos se ven seriamente influenciados por el avance tecnológico. En relación a los efectos sobre el mercado de trabajo se destacan tres aspectos fundamentales. En primer lugar, se observa una desigual destrucción de puestos de trabajo según calificación.
Desde la década de los ’90 se verifica un fuerte descenso de la ocupación de los trabajadores con baja calificación, que tuvo como contrapartida el crecimiento de la ocupación de los grupos con calificación media y alta. Vinculado al progreso técnico, se va generando un uso más intenso del empleo calificado. Este ajuste, en consecuencia, afecta directamente a los trabajadores de baja calificación ocupados en la producción de bienes que se comercian internacionalmente, esto en áreas de producción orientadas mayormente hacia el mercado externo, más exigente y competitivo.
El mismo efecto, aunque con otra dinámica, puede señalarse para las tareas en el sector público, al influjo de la incorporación de tecnologías para la administración y gestión, lo que deja obsoletas varias funciones. En suma, en prácticamente todos los sectores de la economía se produce una mayor destrucción del empleo de baja calificación.
De esta forma, la tasa de desocupación de los trabajadores de baja calificación más que duplica la de los trabajadores calificados.
Esta situación empuja a estos trabajadores hacia las unidades productivas pequeñas o al autoempleo, cuando no la informalidad y el desempleo crónico.
Brecha digital y brecha salarial
Esta transformación estructural de la economía global y local implica cada vez menor demanda relativa de mano de obra poco calificada.
Supone a su vez alteraciones radicales en el mercado de trabajo y, en definitiva, mayor precariedad de los sectores sociales con baja cualificación.
Más si se tiene en cuenta que a menor calificación le corresponde menor salario y esta distancia tiende irreversiblemente a agrandarse.
En síntesis, los trabajadores de baja calificación son menos demandados, reciben un salario menor, están relativamente más desocupados y la calidad del empleo es inferior.
A la luz de estos datos entonces parece justo y necesario, pero además rentable, invertir en la calificación de nuestros recursos humanos. Para lograr el desarrollo productivo de nuestro país, más en una época en la cual el conocimiento se torna cada vez más en el elemento diferencial de las naciones.
Obviamente queda fuera de este artículo, centrado obtusamente en lo económico, indicar la importancia de este Plan Ceibal para el desarrollo personal de estas generaciones de ciudadanos uruguayos para los cuales el mundo sin computadora y sin Internet significa postrarlos en el analfabetismo de su tiempo y postrar a la sociedad uruguaya por 50 años más. *
Ceibal
Plan de Conectividad Informática Básica para el Aprendizaje en Línea: Su objetivo es dotar de un computador personal a cada niño para su alfabetización digital. Se prevé para 2009 la cobertura total del país. *
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