Con escasas excepciones la estabilidad aparece como una nueva condición estructural en América Latina
La mejora del riesgo es una consecuencia que habilita incursiones de las empresas públicas y privadas en los mercados de capitales, en sus tramos «no especulativos», de los cuales América Latina vivió excluida en prácticamente toda su historia. La nueva deuda actual es menor, está nominada crecientemente en la moneda que emiten los bancos centrales nacionales, cuenta con cláusulas de acción convenida que preserva a los emisores de las acciones de los fondos «buitres», la curva de vencimientos se desplaza del corto al largo plazo y el servicio de deuda disminuye.
En líneas generales América Latina está logrando no sólo hacer valer sus ventajas competitivas en una nueva inserción internacional del trabajo más inclinada hacia la demanda de los ganadores asiáticos sino que está accediendo a una oportunidad histórica de reforma de estructuras con financiamiento de calidad similar al que han dispuesto los países del centro en la recomposición estructural de la posguerra. En otros términos: América Latina está logrando capturar parte importante de las corrientes de capital más demandadas en el mundo, ya sea para mejorar la captación de inversión directa (IED) o para financiar sus reformas estructurales y parte importante del gasto social agregado. Esto no hubiera sido posible si la estabilidad global no hubiera sido lograda y las bajas tasas de interés permitieran activar esos nuevos flujos de capitales. Pero tampoco hubiera sido posible sin que los emergentes latinoamericanos hubieran logrado sus actuales status respecto al riesgo, cumpliendo exigentes programas de equilibrio fiscal y monetario. Uruguay se ha incorporado a ese club latinoamericano selecto pese a que el peso de su endeudamiento aún dificulta el acceso del país a una calificación de riesgo no especulativa.
Ese diferencial en el tratamiento del riesgo genera un riesgo de desprendimiento del país de ese conjunto de países compuesto por Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y Perú, cuyos indicadores de estabilidad y bajo riesgo los diferencian marcadamente, tanto en lo que refiere al mejoramiento de la capacidad adquisitiva interna como en lo que refiere a la inversión externa más apetecible. *
La recuperación del salario real es una constante desde la salida de la crisis de 2002 y no parece haber razones para que esta tendencia se interrumpa sino que, por lo contrario, hay interpretaciones no validadas en el análisis del BCU respecto al impacto determinante que estarían teniendo los aumentos salariales sobre el reciente rebrote inflacionario.
En cambio, lo que es más difícil de prever es el riesgo de la caída de la capacidad adquisitiva de los hogares en cuyos ingresos el salario tiene menor ponderación que otros ingresos en moneda nacional, trabajadores por cuenta propia, pequeños y medianos comerciantes, etcétera. *
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