(PRIMERA PARTE) SOBERANIA ALIMENTARIA Y ENERGETICA

Una oportunidad para el desarrollo social y económico del Uruguay

Este artículo busca ser un aporte a este debate que ha comenzado y que estamos seguros polarizará posiciones dentro de los movimientos sociales, ambientalistas, sindicatos y los partidos de izquierda. Desde hace varios años planteamos nuestros cuestionamientos al modelo productivo dominante en el sector agroalimentario. En esos momentos decíamos que la cuestión no era cambiar la palabra orgánico o ecológico por la palabra química, como lo hacían muchos, sino que el tema era más profundo, había (hay) un modelo de producción, que engloba aspectos económicos, sociales y ambientales. Ahora la situación es la misma. La disyuntiva no es petróleo o biocombustibles, sino que también debemos analizar el modelo en que se lleven adelante las políticas para el desarrollo de la agroenergía y, por supuesto, la matriz de consumo.

El modelo productivo que predominó trajo innumerables consecuencias: concentración de tierras, inseguridad alimentaria, precariedad en el trabajo, consumismo energético (despilfarro de energía), deforestación, desertificación de extensos territorios, destrucción del suelo fértil, pérdida de biodiversidad, difusión de tóxicos biocidas en el ambiente, etc. Una de las razones esgrimidas para implantarlo, fue el supuesto que los problemas de la pobreza y el hambre eran básicamente problemas de producción, falta de tecnologías. En la actualidad existe mayor conciencia que los problemas del hambre y la pobreza no se solucionan solamente con el aumento de la producción, sino que influyen fundamentalmente factores relacionados con la distribución y el control de los recursos naturales y económicos. En la actualidad se mantiene un conjunto de países en situación de carencia alimentaria desesperada: 826 millones de personas (una de cada siete) no obtienen suficientes alimentos. Es una situación que demuestra un fracaso mundial en dar una respuesta adecuada a las necesidades de las personas en tiempos de abundancia sin precedentes, en un mundo que disfruta de una riqueza enorme. El acceso a una alimentación adecuada y suficiente depende de muchos factores: la existencia y disponibilidad de alimentos, ya sea por producción propia o por su adquisición en el mercado; dependiendo en este último caso de la capacidad adquisitiva de la familia.

Este mismo enfoque es el que se deberá tener para entender los problemas de la agroenergía, ya que no debemos olvidar que también la energía es un derecho fundamental de los seres humanos, al igual que lo es el de la alimentación.

«La energía es el prerrequisito fundamental de cada vida humana. La disponibilidad de energía es un derecho humano fundamental e indivisible. La experiencia del siglo XX demuestra que los sistemas de suministro energético establecidos, que se basan principalmente en los combustibles fósiles y la energía nuclear, no son capaces de garantizar este derecho humano a cada persona del planeta. El derecho humano a la energía se viola cotidianamente miles de millones de veces. Debido al agotamiento de las fuentes de energía convencionales y a los daños ambientales y climáticos asociados a su uso, este derecho no puede garantizarse a un número siempre creciente de personas. El derecho humano a la energía sólo puede garantizarse mediante las energías renovables». (1)

Para poder analizar la actual coyuntura es necesario repasar todo lo sucedido. La agroenergía por lo tanto, aparece como uno de los paradigmas; es decir, la producción a través de la agricultura de una nueva matriz energética renovable. Ahora el planteamiento es que el problema del calentamiento global y de la escasez futura de petróleo se resuelve, para muchos, con la producción de agrocombustibles, enmarcada en el mismo modelo de agricultura industrial que ha predominado en los últimos 40 años. Otra vez caeremos en el mismo error.

A nivel mundial se comienza a dar un proceso en el que un gran número de países inician el proceso de desarrollo de los agrocombustibles. En este camino, Brasil se destaca como el pionero y líder mundial en esa materia. Recientemente, Brasil y Estados Unidos, los dos mayores productores mundiales, acordaron cooperar también en el desarrollo de un mercado internacional de etanol, aunque viviendo situaciones opuestas. Brasil quiere producir etanol para sustituir 10% de la gasolina consumida en todo el mundo dentro de 18 años, que en ese momento será de 1,7 billones de litros al año. Además del 10% de ese volumen, Brasil tendrá que producir etanol para su mercado creciente que ya tiene 2,6 millones de vehículos impulsados a alcohol. Por otro lado, Estados Unidos deberá importar mucho para alcanzar la meta de reducir 20% su consumo de gasolina hasta 2017. Por esta razón es que aparece el planteo político de Bush de realizar acuerdos con países de Centroamérica, Caribe y algunos de Latinoamérica para comenzar a desarrollar planes para la producción de etanol (el «plan perverso» como lo denomina Chávez y al que Fidel hace referencia). Uno de los factores que enfrenta Bush es la barrera arancelaria estadounidense de 54 centavos de dólar por galón (3,8 litros), equivalente a US$ 0,14 por litro.

Todas estas políticas serán diseñadas y ejecutadas por las transnacionales que dominan el agronegocio… *

(1) Declaración de la Asamblea Mundial de las Energías Renovables 2005 celebrada en Bonn/Alemania

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