LA ESTABILIDAD ESTA AMENAZADA PESE A LOS INTENTOS DEL GOBIERNO PARA GARANTIZARLA

Los próximos test de fuerza

Las resoluciones del Consejo de Ministros del jueves pasado han generado una señal oportuna y potente. Hay límites de racionalidad básica que este gobierno conoce y no está dispuesto a transgredir. La decisión de no agregar más gastos e inversiones a los doscientos ochenta y cinco millones de dólares al proyecto de Rendición de Cuentas revela que el presidente y la gran mayoría de los ejecutivos del gobierno han comprendido las consecuencias a futuro de desprolijidades actuales del presente.

Vendrán ahora largos meses de movilización social a la cual no serán insensibles los representantes. En ese marco, agitado y costumbrista, iremos llegando a noviembre, fin virtual del año más importante para el primer gobierno de izquierda en el Uruguay.

Esa conflictividad se verá multiplicada por los efectos que provendrán de la experiencia transformadora que este gobierno está desarrollando. Los lectores conocen algunas de las fuentes de esa confrontación creciente a la cual estará expuesto un país en formato de reforma. Además, en esos meses Uruguay debe sortear de alguna manera el bloqueo geográfico y lograr mínimos de comodidad en la región para poder desarrollar una política comercial compleja si, además, se tiene en cuenta que de prosperar la actual negociación, Doha podría estar cerrándose entre diciembre y febrero próximo con todas sus oportunidades y amenazas abiertas para un país que se desarrollará o no en función de su capacidad de asegurar otro tipo de comercio y de captar inversión.

 

Prerrequisito del cambio

En cualquiera de los lugares de ese escenario nos puede ir un poco más mal de lo deseable incluyendo en ello posibles crisis o minicrisis del excepcional entorno que disfrutamos. En lo que no es posible que algo ande mal es en la estabilidad de la economía y la fortaleza de las instituciones. Las cuentas tienen que cerrar con superávit, la inflación no puede superar el límite del 6,5% y los ciudadanos debemos apreciar mejor la madurez y capacidad que deberán tener los poderes del Estado a la hora de dirimir sus conflictos naturales de oposición.

Sin embargo, estas obviedades aparentes representan relativamente poco en la idiosincrasia con la cual, además de todas las cosas, los ciudadanos estarán observando la acomodación de los partidos políticos para el extenso período de celebración electoral que tiene este país.

Todo lo cual, naturalmente, genera aquel natural pesimismo de la razón, último componente en el diseño de ese escenario. Vamos a ingresar en esos meses decisivos en varios sentidos sin haber podido aún construir los mínimos de confianza social perdida hace mucho tiempo y destrozada definitivamente en 2002.

 

Test de fuerza ciudadana

A la reivindicación de la estabilidad como valor, se le suma la convicción de que sin ella la izquierda no podrá aspirar a un segundo período de gobierno en el cual completar su experimento reformista. El «core» del gobierno y la fuerza política conoce esto y de hecho ha logrado administrar el aluvión de demanda social postergada con eficacia más allá de las excepcionales circunstancias del entorno.

Pero esa estabilidad no es un valor legitimado en este país. Para las grandes mayorías es relativamente indiferente que el país cierre el año con un 6,5% de inflación o un 10%. Para unos cuantos especuladores de la política que no desconocen la cosa, esa estabilidad no sólo no es un valor sino que es una amenaza en la medida que inhibe parte importante del juego de la confrontación del cual viven.

En conclusión, en los próximos meses este país rendirá un test de exigencias extremas pero sobre todo, ese test medirá el aprendizaje que ha realizado la gente de los dichos y hechos de sus representantes que realmente afectan su bienestar actual y su esperanza en el futuro. Esos resultados serán indicados inicialmente por cómo harán el juego esos mismos representantes políticos y corporativos. En sus actitudes, tributarias del pensamiento dominante de sus representados, leeremos si la experiencia social de estos años ha logrado o no mejorar el capital humano.

Esa será la lectura más importante. Aguardémosla con cierto optimismo aunque él vuelva a ser impropio de la razón. *

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