Ver el tren que pasa de nuevo sin saber por dónde subir

Los empresarios reunidos ayer en torno a la mesa de ADM fueron a oír ideas acerca de los contenidos que pudiera tener un programa alternativo al que expone la conducción económica. Y se fueron sin ellas. El pensamiento autodefinido como liberal no logra proponer ideas fuerza capaces de convocar entusiasmos nuevos. Naturalmente, los empresarios se fueron del Hotel Riviera con la satisfacción de encontrar ecos un poco más inteligentes que los usuales para sus preocupaciones actuales. Pero no fueron a eso.

Es cierto que la incorporación al diagnóstico de un «realismo fundamentado», la pertenencia insoslayable a bloque, por ejemplo, es una provocación interesante para pensar en cómo negociar la apertura al mundo con Brasil. Ese fue el aporte de Végh: un reconocimiento que aún Brasil tiene márgenes de subsistencia y ambición posible de llevarlo al club de los ricos; aporte complementado por ese «negociemos mejor con Brasil», propuesto por De Posadas.

Pero hasta allí llegamos. Las alternativas no aparecen porque hay un manto de escepticismo acerca de los cambios que puede soportar, más que la izquierda, la cultura nacional. Ese escepticismo pareció, ayer, constituirse en la restricción principal para generar más pensamiento propio y sobre todo utilizable. Por la oposición, por el gobierno y los ciudadanos que seguirán aguardando esas ideas fuerzas y sus vínculos con un quehacer más hábil.

J.J.

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