Bush podría utilizar prerrogativas comerciales marginales para mejorar el acceso uruguayo al mercado estadounidense
Pese a ello, algunos de dichos especialistas le manifestaban ayer a SEPARATA que, quizás, ese escepticismo no estuviera atendiendo a los márgenes de discrecionalidad desde los cuales un presidente estadounidense pudiera proveer cupos relativamente marginales en el comercio global, capaces de atender situaciones críticas en países en desarrollo.
En general los empresarios vinculados a las cadenas de mayor ponderación en la exportación uruguaya a Estados Unidos han sido muy cautos en relación con estas posibilidades y, aun, los dirigentes textiles uno de los sectores en los cuales pudiera incidir fuertemente el logro de accesos preferenciales no han sido muy elocuentes cuando han sido consultados sobre tal posibilidad.
El marco
En el juego de la política estadounidense la negociación comercial externa ha pasado a ser una materia objeto de delicada atención por todo el sistema de representación. Las nuevas mayorías demócratas pesan y la elección presidencial se definirá en un entorno muy próximo a la recesión. En tanto, el descuido de la protección del trabajo será un lugar común en la gran campaña que adviene. En julio se sabrá si se aprueba el pedido de renovación del fast track, una decisión muy incierta a la fecha dada la coexistencia de ese marco restrictivo de la política interna y la presión que siente Estados Unidos desde la negociación multilateral del comercio. La vía sustitutiva del bilateralismo no tiene el impacto de apertura que Estados Unidos necesita y sin fast track no hay final exitoso de la ronda Doha. Dado lo cual existe la posibilidad de que se le vote la extensión de dicho instrumento y, en el segundo semestre del año, la oficina comercial del Ejecutivo estadounidense pueda convenir con Uruguay un acuerdo comercial amplio a homologar luego en el cierre de la ronda, probablemente en febrero del próximo año.
Si fuera así, el gobierno uruguayo podría programar una aproximación exitosa y realista a mejores accesos para cadenas muy comprometidas e, incluso, ir haciéndoselo saber al mercado con más claridad. Parecería, sin embargo, que ese escenario es el más remoto.
Dado lo cual, el proyecto del gobierno en el cual se ubicarían la reunión en Anchorena y sus anexos de negociación inmediata podrían apuntar a lograr algunos accesos en el marco del Sistema General de Preferencias, un régimen de excepción comercial que Estados Unidos tiene dentro de los más antiguos de su normativa y que desde 1976 habilita el acceso libre de unos 4.600 productos importados desde ciento cuarenta y cuatro países.
Uruguay tiene un solo acceso en este programa, para unos U$S 500.000 de exportaciones anuales de carnes enfriadas de alta calidad. El régimen es marginal en cuanto a los volúmenes del comercio estadounidense y sus concesiones pueden ser revocadas por la mera voluntad del Ejecutivo estadounidense, lo que le quita interés al régimen para los inversores de mediano y largo plazo.
Empero, para la vulnerabilidad comercial que se evidencia en algunos sectores manufactureros nacionales y el tamaño de la oferta uruguaya, el SGP podría ser una alternativa en negociación.
Potencial
El potencial de utilización con impacto de estos eventuales acuerdos bilaterales de menor entidad podría ser utilizado por la carne ovina, arándanos, vestimenta y textiles y algunos productos lácteos, quesos principalmente. En este régimen quizás pudiera extenderse el acceso de 20.000 toneladas anuales de carne bovina aunque esta posibilidad ya presenta una resistencia interna mayor en Estados Unidos y no definiría, en principio, las seguridades que la cadena de industrialización de carne bovina necesita.*
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