Habrá que revisar los diagnósticos en búsqueda de nuevas respuestas
Ahora que sabemos que en el que ha sido, probablemente, el mejor año de la economía y la inclusión social, los uruguayos hemos duplicado la emigración sobre la ya dramática tendencia a abandonar el paisito que manifestamos hace décadas. Ese enfoque usual debería ser alterado, con el dramatismo natural que el nuevo dato introduce.
Ese saldo de diecisiete mil emigrantes netos en 2006 establece, además, una dimensión nueva de la tendencia al abandono. Sencillamente no es explicable en el contexto usual en el que analizamos este tipo de problemas. Los demógrafos manifiestan su «sorpresa» y los cientistas sociales no han atinado, hasta ahora al menos, a elucubrar ninguna interpretación comunicable del fenómeno. Afortunadamente, ese nuevo número no sólo establece una enorme sospecha sobre la calidad de los diagnósticos con los cuales nos manejamos, sino que ahora, indefectiblemente, se traslada bruscamente a los casilleros de la matriz del riesgo nacional. Los cientistas sociales y nuestros representantes políticos se tomarán el tiempo que puedan o quieran en interpretar qué es lo que está pasando realmente con el pensamiento colectivo de esta sociedad, pero en las disciplinas más vinculadas a la calificación del riesgo ese número es insoslayable. Dicho de otra manera, la sospecha que hay algo no registrado y en tanto no ponderable que se ha colado en las zonas más delicadas de la matriz sobre la cual se analiza el riesgo la calidad de la unidad y la integración nacional descalifica de inmediato todo el dictamen previo. Este asunto de la propensión a continuar el abandono del país en el contexto actual de su economía y proyecto social hay que manejarlo con cuidado, en los titulares y las mesas familiares.
Pero en los lugares donde se estructuran los proyectos productivos o se negocian las tasas de interés de largo plazo ese tipo de datos es el tema del día. En esos lares tampoco hay respuestas cabales frente a la sospecha de la calidad de los diagnósticos, pero allí no hay demasiado tiempo para aguardarla. La calificación interroga. No hay respuesta. Esa ausencia recalifica. La recalificación tiene un vínculo inmediato con la tasa de interés o el precio del riesgo. Los flujos de largo plazo se modifican y habrá que ver de nuevo si los números cierran o no en el plazo en el cual hay que amortizar la inversión. Consecuencia, el proyecto se hace a mayor costo, o simplemente se desecha. Así funcionan las cosas en el mundo real.
¿Es posible revisar los diagnósticos en el tiempo disponible?
Habrá que ver si es posible conciliar esa realidad con aquella sobre la cual van a definirse los titulares principales de la agenda política en los próximos días. Es obvio que no se puede vivir con esa idea de desintegración progresiva del ser nacional que, a la vez, se intenta integrar, modernizar y proyectar al mundo con cierta ambición. En tanto aquel número y la especulación sobre la sospecha de estar trabajando sobre un diagnóstico incorrecto, programas consecuentemente equivocados y plazos desencajados de los cronogramas de la realidad, serán subsumidos en la discusión que estamos en condiciones de protagonizar actualmente. Sin embargo, lo otro, aquella otra especulación y sus consecuencias prácticas irán creciendo en los lugares en los cuales se crea o destruye trabajo. Y, naturalmente, sin esos instrumentos sofisticados de ponderación de riesgos y costos, continuará procesándose, en el seno de las familias y los boliches donde se refugian esas conversaciones de los jóvenes, prohibidas por la cordura social o las fórmulas de lo políticamente «correcto».
Advertencia
En ese otro ámbito de irrealidades y confusiones que recrea cotidianamente la degradación bélica con la cual se destroza la política en este país, nuestros representantes tienen también, ante sí, ese número brutal de la emigración de 2006.
Ojalá alguien pueda convencernos, con otro empeño y valentía del que se advierte en esas áreas del realismo político, que aún estamos a tiempo de ensayar alternativas y respuestas más tranquilizantes que las disponibles actualmente. *
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