ANALISIS INTERNACIONAL: DEBIA TRANSFORMAR UNA EMPRESA TAN DIGNA COMO INEPTA PARA EL JUEGO DE MERCADO

Barrett, razón de esperanza en clave de futuro

Es el registro de alguien que conoció a Barrett Díaz entre las patas de los caballos y sablazos del 68 de las primeras búsquedas y lo reencontró cuarenta años después sintetizando una compleja historia de valores desde la presidencia de la empresa privada más grande del país. Pero sobre todas las cosas, este es el reconocimiento, desde el caso Barret a la capacidad de los humanos para reivindicar en la lucha esperanzada la íntima razón de ser.

Valenti escribía el viernes que si el Chino le hubiera podido hablar a la muerte la hubiera convencido de la futilidad de su empeño. ¡¡Pero es que así ha sido, y así será!! Barrett es uno de esos hombres que viene conversando con la muerte desde que supo de su existencia. Eligió ese lugar de riesgo extremo y en el creó su hábitat regenerador de vida y esperanza; en su condición de líder estudiantil o entre las camas de sus enfermos en los centros de cuidados intensivos en los cuales trabajaba, Pero por sobre todas las cosas ese lugar de riesgo elegido para vivir confrontado con la muerte fue a buscarlo en esa intersección de la historia y el futuro donde, ahora mismo, está librando sus batallas más caras. No fue la casualidad ni los dioses quienes lo eligieron presidente de una empresa espejo y testigo de ese encuentro del pasado y el futuro. No fue casual que el Chino estuviera trabajando en un lugar en el cual se crea valor principal ­salud­ en condiciones muy difíciles. Fueron sus más íntimos amigos, parte de sí mismo, quienes volvieron a reiterar esa terrible costumbre de pedirles a los hombres más que lo que ellos pueden hacer o sufrir. Ellos y él mismo le exigieron al mejor de ellos, en la conciencia o no de lo que ello suponía, asumir la presidencia de la institución en torno a la cual convergen todas las confusiones y desarreglos que coexisten en este país cuando se trata de generar valor ­nada menos que salud­ en ese tironeo infame de corporativismos, esquizofrenias variadas y reglas de mala competencia. En un entorno en el cual los diagnósticos son parciales y pobres; en el cual el gobierno fija precios y cantidades o prestaciones pero donde la regulación independiente no existe y en tanto las empresas hacen lo que quieren con la función de producir ese valor tan caro para el bienestar social. Allí fue el Chino, corriendo entre los pasillos para cambiarse la túnica por un saco y una corbata.

Esa es la otra épica que alguien debe contar porque ella, sin disociación alguna de la otra, debe contribuir a que nos entendamos mejor. Ni un ápice se apartó el Chino del border del 68. Presidió el Casmu durante tres años de pruebas y errores, de búsquedas febriles hasta que, como el decía con fundamentos intraducibles aún para tantos «apareció la luz al final del túnel». Allí comprendió cuál era el juego del poder real. Allí comprobó que ni podía ni debía descansar la responsabilidad individual y empresarial en el incierto juego de la política menuda. Allí terminó de entender porque no era sano ni posible jugar la suerte de una empresa a los favores oficiales ni a las solidaridades mal entendidas. Allí debió librar su batalla más dura. La que ya no podía afrontar con las ideas y reivindicaciones usuales, precisamente porque en esa batalla, aparentemente menor de reconstrucción de una empresa, se jugaban de pronto, todo el potencial de los valores acumulados en el histórico proceso del cambio. Esto que ahora resulta obvio dada la situación del Casmu no era tan claro cuando Barrett decidió aceptar el desafío de presidir una empresa «de izquierda» sin herramientas para articularse a un mercado tan archintervenido como carente de regulación fuerte. Se sabía protagónico en la transformación estructural de esa empresa y sus relaciones con su propia gente y el mercado. Debía transformar una empresa tan digna como inepta para el juego de mercado en un mutualismo degenerado; desde la responsabilidad exclusiva del dueño con la misión de la empresa. Pero con una visión amplia de su responsabilidad social, lo que para el incluía el encuentro con la ambición de cambio que en ese momento auguraba la aproximación del Frente Amplio al gobierno.

Viví todo ese extraño proceso observando diferentes factores de riesgo que afectaban el empeño y uno en especial: la capacidad del jefe de una empresa, en tanto contingente humano, expuesta al mercado para entender y operar la emergencia. El desafío compone en si un caso de estudio académico. Para el Chino fue una sucesión de batallas de mercado y afectos, inusual para la práctica empresarial corriente en este país. Como decía Jorge Lorenzo en el Buceo, el Chino había desgastado su oído oyendo lo que su razón seleccionaba. Lo recuerdo en la última sesión de la Junta del año 2005 resumiendo en una síntesis clara y concisa, los fundamentos casi inaccesibles para ese ámbito y circunstancias de un plan de reestructura financiera expuesto previamente en un argot imposible. Nada de lo que sucedía en esa reunión lo había distraído de su concentración entera en la exposición de la disertante. Su oído sano y sus ojos devoraban conceptos, números y gráficas que procesaba en línea esa mente privilegiada.

El Chino necesita tiempo pero ya ha hecho lo esencial en ese frente que otros desprecian. Ese Casmu querido y ofendido, tan criticado como inevitable tiene una hoja de ruta de encuentro y alimentación conceptual con el SNIS. El 28 de diciembre pasado, ese plan tropezó con una resolución adversa de una asamblea médica, perdida por unos pocos votos. El Chino no pudo llegar a esa instancia decisiva porque en esas horas estaba convenciendo a la muerte. Pero volverá a las andadas y habrá que escucharlo. Ese plan reposa en una elaboración ética muy personal a partir de la cual Barrett hará la docencia que no tuvo hasta ahora la posibilidad de ejercer. A nosotros nos queda la dificultad de aprender. *

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