El gobierno uruguayo estudia su estrategia para las reuniones del GMC en Brasilia
La situación y la comprensión de las razones que la reiteran es importante para los uruguayos desde una visión del riesgo nacional. En particular, la dilucidación de la discusión interna del gobierno brasileño y de éste con las corporaciones paulistas, define si Brasil mantendrá o no los equilibrios monetarios y cambiarios de los últimos años.
El riesgo consiste en que la precipitación de las desavenencias en materia económica complique en extremo la ya difícil tarea que tiene Lula para armar una coalición mínimamente suficiente. Y esa discusión se ha terminado de complicar la semana pasada cuando el ministro Guido Mantega, intentando explicar por qué el gobierno ya ha tenido que corregir la estimación de crecimiento para este año al 3%, reiteró su conocido diagnóstico personal: «Es un problema de competitividad industrial».
Ello en buen romance paulista significa mejor financiamiento, mejor tipo de cambio real, protección comercial mayor y disminución de más impuestos. En un escenario regional ello supone mejorar la competitividad brasileña en el comercio de bienes y servicios. Brasil está «caro» para la historia de mediano plazo y tiene dificultades para ganar más competitividad extra regional.
Sin demasiadas alternativas
En verdad, Brasil no posee una alternativa estratégica de impacto suficiente para mejorar expectativas que comienzan a deteriorarse. Estas ya parecen haber consagrado la imposibilidad de superar tasas de crecimiento muy pobres y lesivas para el mantenimiento de los equilibrios internos. Hasta ahora el gobierno suponía que el crecimiento podía acompañar con relativa modestia el objetivo principal que Palocci y Meirelles habían procurado alcanzar: la disminución de la vulnerabilidad de la economía brasileña a cambios previsibles en el espléndido escenario de los últimos años. El problema parece consistir en que el tiempo de la cara estabilización interna no ha sido suficiente para completar el plan de reinserción internacional. El mundo crece y se desarrolla más que Brasil, y ni la inversión ni la demanda interna del país continente logran completar el círculo virtuoso que genera la captación de inversión externa. Brasil no ha logrado tampoco avanzar en las reformas estructurales para mejorar la competitividad. La reforma tributaria permanece estancada en el Congreso, la reforma política difícilmente contará con los votos de una coalición suficiente en estas condiciones y la previsional parece estar lejos de las posibilidades de ser considerada en el corto plazo. Frente a estas «incertezas» el gobierno ha comenzado a reinstalar la discusión entre Planalto e Itamaratí respecto a la inserción externa. Comienza a recrearse la sospecha de un replanteo de la estrategia respecto a los acuerdos bilaterales incluyendo aquellas conversaciones de principio de año con Gutierres, el jefe del comercio norteamericano.
Los riesgos inmediatos
Pero más acá de estas hipótesis, es inevitable observar el riesgo de la desestabilización brasileña desde múltiples ángulos de interés uruguayos. El del riesgo asociado y su consecuencia sobre el costo del financiamiento soberano y, particularmente, la desestabilización de la propia estabilidad uruguaya. Además de sus tasas de interés Brasil pierde competitividad comparada con los grandes centros de expansión asiática y ahora, además, la pierde con EEUU, con Europa y Japón.
La discusión sobre el tipo de cambio es inevitable y el equipo económico ha intentado hacer todo lo que esta a su alance para contener la depreciación del dólar. Todo menos la macrodevaluación del real. Brasil tiende a aumentar la protección y a mejorar de la manera que sea su competitividad comercial y de servicios. Si ello no es posible, la devaluación del real parece inevitable en el corto plazo. Las autoridades del turismo uruguayo estiman que este año, pese a todo, Uruguay logrará usufructuar una situación cambiaria y los efectos menores de los estímulos sectoriales para captar más turismo argentino y brasileño, amén del proveniente de otros orígenes.
La simulación oficial tiene en cuenta la mejora de una variable determinante: el notable encarecimiento de hacer turismo en Brasil. Esa variable juega en el flujo de la frontera Este, pero esencialmente determina un aumento de la competitividad uruguaya para captar las tradicionales migraciones argentinas al litoral atlántico brasileño. Gráficamente, la mejora de este potencial aparece indicado con claridad en la brecha abierta entre el tipo de cambio real de Uruguay con Argentina -desmejorado continuamente desde principios de 2003- y con Brasil -apreciado desde mediados del mismo año. Si esta situación que básicamente explica los equilibrios de la cuenta comercial del país, más allá de los déficit del comercio de bienes fuera alterada por la recurrencia de Brasil a sus soluciones cambiarias de corto plazo, el turismo y los precarios equilibrios uruguayos se verían afectados fuertemente.
La justipreciación de este tipo de riesgo estaría colocando en la agenda del Grupo Mercado Común, que se reunirá el próximo 15 de diciembre, planteos cautelares y formalización de garantías que a esta altura son consideradas por algunas autoridades como de mayor importancia aún que la solución del problema de frontera con la Argentina. *
Mercosur: Instancias de decisión próximas 12/06
| 11 y 12 | VII Extraordinaria de la Comisión de Comercio (confirmada) |
| 12 | Preparatoria GMC y CMC (no confirmada) |
| 13 e 14 | Grupo Mercado Común |
| 15 | XXXI Ordinaria del Consejo Mercado Común |
| 16 | Cumbre Presidencial (aplazada para enero 2007) |
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