RICARDO LAGOS REFLEXIONO SOBRE EL DESARROLLO MODERNO EN MONTEVIDEO

"La inmediatez de las transacciones y el desarrollo de las comunicaciones desdibuja el determinismo geográfico"

El éxito del modelo chileno de desarrollo se ha basado en la capacidad de entender la globalización en toda su dimensión y afrontarla con una perspectiva clara sobre las prioridades sociales «pegando» la economía al sector externo, sostuvo el ex presidente Ricardo Lagos en la apertura de su conferencia brindada en la mañana de ayer en Montevideo. En la exposición, con la cual el PNUD y Devnet iniciaron un ciclo de actividades en preparación del Capítulo Nacional del Informe de Desarrollo Humano, el estadista trasandino advirtió sobre las dificultades que en la elaboración de políticas genera el desconocimiento o la subestimación de las particularidades nacionales, recursos, historia y, sobre todo, las dotaciones de capital humano que poseen los países.

«Hay una visión global de América Latina, pero hay que atender las particularidades nacionales». Ello no obsta para reconocer que el continente, con excepciones como Haití, tiene una situación que lo excluye del asistencialismo como reivindicación histórica. Ahora, sostuvo enfáticamente el ex presidente, «no demandamos asistencia sino reglas de comercio justas».

Desde los noventa América Latina ha consolidado sus democracias y nadie discute ya los equilibrios fiscales o monetarios. Estas categorías «no son de derecha ni de izquierda», sostuvo. En todo el transcurso de su conferencia Lagos realizó sus apreciaciones contextualizadas a un mundo de cambios que obligan a repensar muchas cosas. «Hasta hace poco aspirábamos a vincularnos a las corrientes comerciales que transcurrían sobre el Atlántico Norte, ahora Europa piensa en cómo participar en la dinámica comercial generada sobre el Pacífico. Más del 50% del intercambio comercial de bienes se realiza ahora en esa región comprendiendo la protagonizada por los países de Norteamérica entre sí».

 

Apertura y flexibilidad

Si bien la exposición de Ricardo Lagos estuvo permanentemente referida a un contexto global, la convocatoria y su propia convicción, lo inclinaron a una observación crítica del desarrollo latinoamericano.

Lagos partió de la experiencia vivida por Chile frente a la conformación formal del Mercosur para explicar lo que a su juicio es uno de los problemas principales que traban el desarrollo de la integración y la proyección de América Latina al mundo, proyección que, insistió permanentemente, es la clave del desarrollo local. Chile se enfrentó a la opción de ingresar al Mercosur aumentando su AEC (Arancel Externo Común) promedio desde el 11% aproximadamente, que tenía a comienzos de los noventa, al nivel promedio acordado por el bloque, muy superior, o buscar un camino propio.

Este último fue el que su país debió elegir dada la rigidez del contrato de Asunción y el posterior de Ouro Preto, que obligaba a Chile a algo más que a levantar más barreras al ingreso en su mercado; lo forzaba a cambiar toda su estrategia de desarrollo, jugada absolutamente a la apertura comercial y requerida, en tanto, de un arancel progresivamente disminuido.

Eso fue exactamente lo que el presidente Frei a instancias del propio Lagos inició, cuando en contrario a las exigencias de la desechada integración al Mercosur instruyera una desgravación progresiva a una tasa promedial del 1% anual que en cinco años llevó el AEC promedio al 6%.

La opción chilena implica que el 70% del valor agregado de la producción chilena se funde en su comercio exterior, mientras que en Brasil y Uruguay esa proporción no supera el 35%.

Más allá de la didáctica del ejemplo citado, el conferencista utilizó el caso para explicar que las asimetrías naturales con las cuales concurren los países latinoamericanos a la integración exigen mucha flexibilidad en las barreras del ingreso a los bloques.

Los acuerdos de integración deben ser esencialmente políticos  sostuvo- y buscar luego las profundizaciones posibles con regímenes de mayor libertad.

En todo caso, continuó, lo principal consiste en afirmar esos acuerdos sobre ciertos objetivos macroeconómicos comunes. La integración requiere compromisos modestos y creíbles «a la europea» intentando que los compromisos fiscales y monetarios similares le aseguren a los socios, por ejemplo, que no se van a encontrar de pronto con una macrodevaluación que produzca estragos «tal cual le sucedió a Uruguay  recordó- con la devaluación brasileña de fines de los 90 o la posterior argentina».

 

Los débiles y los  fuertes de mañana

Proviniendo del ex presidente de un país que está desarrollando una estrategia de bilateralismo comercial que a veces se la observa enfrentada a la negociación global, se destacó mucho la encendida defensa que realizó Lagos del multilateralismo. El mundo debe tener reglas y disciplinas fuertes y eso debe ser administrado convenientemente por instituciones que ahora  dijo- deben ser reconstruidas. El mundo ya no es aquel de la posguerra y Breton Wood. Defender los equilibrios y las normas exige instituciones fuertes y capaces de manejarse en escenarios muy abiertos y cambiantes. «¿Cuáles serán las economías fuertes en los próximos cincuenta o sesenta años?», se preguntó Lagos. Ojalá puedan afirmarse las reglas y disciplinas aunque ellas sean las de los fuertes de hoy, si es que entienden  sugirió- que esas mismas disciplinas serán las que los defenderán si es que ellos fueran débiles mañana… ¿Cuál es la ventanilla en la cual se reclaman las responsabilidades por el «efecto invernadero? «Si no quieren Kyoto está bien, pero díganme qué es lo que quieren porque así no se puede seguir», demandó enfáticamente Lagos. *

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