Los economistas analizan las consecuencias de una devaluación
Los economistas Nelson Noya y Fernando Antía consultados por LA REPUBLICA en relación a las consecuencias de una hipotética devaluación, hasta el momento descartada por el presidente Jorge Batlle, explicaron que los escenarios posibles están relacionados con la magnitud de la devaluación e indicaron que cada proceso devaluatorio «siempre es diferente». En ese sentido y siempre aceptando la hipótesis de una modificación del tipo de cambio, los expertos se preguntaron qué pasaría el día después y qué credibilidad tendría la medida en los agentes financieros.
Para el director del Centro de Investigación Económica (Cinve) Nelson Noya, una devaluación «no se vería absorbida totalmente por la inflación» y «esta tendería a disminuir el salario real o por lo menos los costos en dólares en términos de salarios».
El economista explicó que los beneficiados serían los sectores exportadores, porque los precios de los productos vendidos en el exterior están medidos por el tipo de cambio y tendría un mayor valor en pesos a los productos que importan. «Entonces algunos exportadores que tienen problemas de competitividad debido a los altos costos internos tendrían mayor posibilidad de exportar y por lo tanto habría un mayor beneficio en cuanto a precio y cantidad si se aplica una devaluación».
Dijo que uno de los sectores que podría salir beneficiado «serían aquellas empresas que están sufriendo los precios de los productos importados porque estos aumentarían como consecuencia de la devaluación y ahora tendrían un mayor margen para competir con la producción importada» en el mercado interno.
«En general los que van a perder son las industrias que están endeudadas en dólares y venden en el mercado interno. También pierde el público en general porque la mayoría de las personas tiene los ingresos en moneda nacional, entonces la relación deuda-ingreso se incrementaría tanto para los consumidores como para las empresas que venden en el mercado interno», aclaró el economista.
Desde el punto de vista más general, «si la devaluación pretende ser efectiva necesariamente tendría que terminar bajando el salario real. De hecho es un mecanismo de ajuste alternativo del mercado de trabajo vía devaluación».
En Uruguay, «como hay mucho endeudamiento en dólares de muchas empresas, los efectos pueden ser más complicados, porque si las empresas comienzan a tener dificultades en el pago de sus obligaciones y pueden comenzar a existir problemas de morosidad, sobre las cadenas de pagos e liquidez que traería coletazos complicados al sector sistema financiero».
Noya sostuvo que si bien los sectores exportadores también tienen deudas en dólares, el saldo neto en una hipotética devaluación es favorable. «Los ingresos de los exportadores importantes normalmente suben en su conjunto, aún los ingresos que provienen del mercado interno». Entonces por más que las deudas estén en dólares el saldo es favorable».
Otros problemas que generaría una devaluación «es que el peso de la deuda pública sería mucho mayor desde el punto de vista del Estado, porque gran parte de la deuda pública está en dólares y la recaudación en su mayor parte estaría dirigida más al mercado interno que al externo. Entonces el peso de la deuda pública en relación a la recaudación aumentaría medida en pesos», agregó.
En relación a las posibles consecuencias del aceleramiento del ritmo devaluatorio, el economista dijo que en nuestro país «buena parte de la intermediación financiera se hace en dólares y esto pueden afectar a corto plazo en nivel de actividad. En el caso de Uruguay y Argentina existe una restricción muy fuerte para percibir algunos de los beneficios de una devaluación, porque en general esta medida genera costos e incertidumbre en los agentes financieros».
El día después
Consultado sobre los efectos de una devaluación dentro del mercado interno, Noya manifestó que «si estamos dentro de un contexto donde la situación fiscal está relativamente contenida, donde la situación de reservas es buena y donde hay una cierta depresión en la demanda interna, no veo un traslado inmediato a precios».
El director del Cinve, dijo que el tema más «vidrioso» de responder es qué «tan creíble sería una modificación del tipo de cambio y si después no habría nuevas devaluaciones. Ahí hay un aspecto difícil de predecir que son las expectativas de los agentes».
«Si el gobierno devalúa qué ocurrirá el día después. El problema es que sea creíble que el gobierno devaluará una sola vez, porque si el mercado cambiario en su conjunto apuesta a que habrá más devaluaciones es probable que haya muchas tensiones y que haya que devaluar más de lo deseado», dijo.
«Es difícil que exista una corrida cambiaría en Uruguay, porque la situación del Banco Central es muy sólida en materia de reservas, pero no es un evento imposible. Puede haber una corrida y un Banco Central que esté dispuesto a sostenerla aunque esto significa una pérdida de reservas importantes.
La credibilidad no solamente tiene que ver con el mercado cambiario, también cómo sigue el esquema de estabilización, la inversión, cuál es el encuadre de la política monetaria el día después».
Noya consideró que la respuesta del gobierno, a cierta incertidumbre generada en el mercado, «ha sido muy consistente porque hasta el momento no hubo ninguna insinuación de que la devaluación era una salida», y además «creo que en este momento no hay condiciones económicas y políticas como para devaluar».
¿Devaluación moderada o cuantiosa?
El director del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, Fernado Antía, dijo que la determinación de los efectos pos devaluación están relacionados a la cuantía de la medida aplicada por el gobierno, o sea si se trata de una devaluación moderada o de una devaluación cuantiosa (20 o 30%). Ambos casos presentan escenarios muy diferentes.
«Bajo la hipótesis de una devaluación moderada, habría cierto efecto inflacionario como consecuencia del aumento de los bienes transables internacionalmente o sea los bienes exportables e importables. El impacto inflacionario dependería de cómo se comporten los bienes no transables; si los precios de éstos aumentaran mucho tendríamos una hipótesis de inflación al alza y como consecuencia de ello tendríamos efectos sobre el sector de ingresos fijos (asalariados y jubilados). Si se produce una inflación distendida de los bienes transables hacia los no transables, la inflación aumentaría en promedio y los sectores de ingresos fijos tendrían una pérdida del ingreso real. La cuantía de la pérdida del ingreso real dependería de cuál fuera la trayectoria de la inflación», explicó.
En contrapartida los sectores exportadores cuyos ingresos están muy ligados a los precios internacionales, recibirían una renta crecida. En este sentido, dijo que «hay que ir con mucho cuidado, porque hay sectores que exportan una parte importante de la producción (lana y arroz) mientras que otros, como los exportadores de carne, tienen la mitad de su mercado en el país». «Si bien la devaluación mejoraría el ingreso asociado a la exportación de carne vacuna y si el mercado interno se deprimiera, los resultados son más inciertos o de dos fuerzas contrapuestas. Cada experiencia de devaluación es diferente».
Antía reconoció que los sectores netamente exportadores mejorarían sus ingresos, «pero otros sectores dependerán de cómo reacciona el mercado interno». Por su parte, los sectores fuertemente endeudados, en principio, «perderían t
odos porque verían crecidas sus deudas y los servicios de deudas que paga el Estado aumentarían».
Dijo que si los ingresos de los exportadores aumentan al ritmo de la devaluación, los ingresos mejorarán pero a la vez aumentan los egresos financieros por el mayor pago de intereses y entonces estarán en mejor posición que el deudor en dólares que tiene ingresos en moneda nacional como los asalariados.
«El efecto neto de la devaluación, dependiendo de cómo reaccione la economía, puede ser expansivo o contractivo. Si se produce una contracción muy importante en la demanda interna por la caída en el poder de compra de los ingresos fijos y por los problemas de los deudores en dólares, entonces la devaluación podría ser contractiva. Pero también depende de la cuantía de la modificación del tipo de cambio. Una devaluación grande podría tener un efecto contractivo en la economía mientras una devalución moderada tendría un efecto más equilibrado», subrayó.
¿Inestabilidad?
El economista entendió que si la devaluación es percibida como el inicio de un proceso de inestabilidad económica como el país vivió en el pasado y donde se transitara por un camino lleno de incertidumbres «la inversión y el consumo caerán y la recesión será grande y más aún si se producen problemas serios en el sistema financiero».
Más adelante sostuvo que la economía es una cienca social que opera sobre realidades sociales «lo que determina que los efectos de una devaluación sean difíciles de predecir y ninguna devaluación es idéntica.
Los efectos de una devaluación dependen de la cuantía y las circunstancia del mercado financiero».
No obstante, entendió que habría que mantener el actual esquema de devaluación (o sea mediante una banda) y alcanzar una recuperación del tipo de cambio real sin introducir presiones inflacionarias, manteniendo el actual ritmo devaluatorio de 7,5% anual.
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