Datos objetivos del sector forestal: insumos para la reflexión
La ramificación extrazona del diferendo por las papeleras sirve de marco para repasar la incidencia y peso de este sector en nuestra economía.
Los datos
A continuación se recogen datos producidos por agencias del ministerio de Ganaderia (DIEA y Opypa, especializadas en la materia. La forestación viene registrando, desde hace aproximadamente 20 años, un vertiginoso crecimiento, prácticamente inigualado por ningún otro sector de nuestra economía.
La producción forestal iría aumentando constantemente sus volúmenes, pero es recién a partir del año 2000, que la exportación de este rubro superará lo importado, comenzando a generar datos positivos en la balanza comercial. Para los primeros años de este siglo las cifras exportadas superaban largamente los 100 millones de dólares al año, llegándose a 2005 a más de 140 millones por concepto de ventas al exterior, y con una marcada tendencia al crecimiento.
A la vez se observa una modificación en el peso relativo de los distintos rubros exportados por el sector. En 1994 el 54%, unos 14 millones de dólares, correspondían a papel y cartón, mientras en el año 2005 las cifras de este producto alcanzaron tan solo al 5,2% del total, significando más de 7 millones de dólares lo vendido al exterior por tal concepto.
De manera inversa, rubro madera para pulpa (rolos y chips) triplicó sus volúmenes exportados entre 1994 y 2005, representando unos cinco millones de la divisa norteamericana.
Por su parte el rubro madera aserrada y tratada aumentó significativamente en el período considerado, con unos 20 millones de dólares, representa el 15% de las ventas del sector al exterior.
El peso relativo del sector
Otro elemento a considerar es la participación del sector forestal en Producción Bruta de la actividad agropecuaria. El sector debió atravesar un largo período de caída desde el año 1997 a 2003. Una vez recuperado de la crisis de 2002. Si bien la participación del sector forestal en el valor de la producción, está en función de los precios y volúmenes de los demás sectores del agro, su peso relativo alcanzó su mayor guarismo en 2001, representando 11,4%, ya en en 2003, con la recuperación de los demás rubros, la incidencia del forestal se ubica en alrededor del 7%.
En cuanto a la superficie del territorio dedicado a la producción forestal se destinaron en 2005 714 mil hectáreas, representando un 4,1% de la superficie del país.
A modo de comparación la actividad ganadera ocupa algo más de 13,5 millones de hectáreas, lo que representa el 77,4% de la superficie total del territorio uruguayo. Respecto al Valor Bruto de Producción (VBP), la forestación supuso en 2005 168,5 millones de dólares, un 7,4 de VBP agropecuario, pero con un rendimiento VBP, de 236 dólares por hectárea, muy superior a la ganadera, cuyo valor bruto por hectárea alcanza solamente los 58 dólares.
Proyección de las tendencias y elemento
Según estas tendencias y las expectativas de los agentes del sector, es previsible esperar cambios aun mayores en los productos forestales con posibilidades de ser colocados en el exterior, a través de rubros que incorporan mayor valor agregado y, por ende, más mano de obra.
A la luz de estos datos, relativos a la rentabilidad del sector por hectárea, la creciente demanda internacional de los productos derivados de la madera y las diversas posibilidades de incorporar a la cadena múltiples actividades sucedáneas, parecen existir bases objetivas para que la competencia por la radicación de inversiones en el sector exarcebe, como lo viene haciendo, las distintas posturas. Por otra parte, la proporción de territorio destinado a esta actividad no parece ser tan alarmante, más si se pone en consideración la muy superior rentabilidad por hectárea del sector respecto a la vedette de nuestra matriz productiva: la vaca.
Mucho ruido y muchas nueces
Muchas son las voces que desde tiempo atrás, y nuevamente en estos días, reaparecen con fuerza en relación a las bondades y los perjuicios que este sector supone para la economía y el medio ambiente del país y la región. Sin embargo, muy pocas ponen en consideración datos objetivos como los arriba expresados, los que claramente muestran una incidencia relativamente baja de la forestación en relación a la utilización del suelo. Claro que no sería de extrañar que en casos puntuales se hayan desarrollado emprendimientos de este tipo en áreas aptas para otros cultivos, lo cual urge rectificar. Claro también está que lo ideal debe ser intercalar y combinar el cultivo forestal con otras actividades, de modo de no erosionar los suelos, sus napas y reservas acuíferas. No hay dudas de que es menester evitar los perjuicios que todo monocultivo tiene, tanto para el entorno natural, como para los seres humanos que lo habitan y para la diversificación de estrategias de vida para los mismos, otro principio que parecen tener en común el hombre y su entorno. Ahora, las voces que tan estruendosamente se alzan en relación a la instalación de las dichosas papeleras aparecen muy alejadas de la consideración calma de estos elementos, ineludibles de juicio. Respecto al Río Uruguay, todos los estudios realizados indican que, tanto por la tecnología utilizada, como por su caudal, el mismo estaría en condiciones de absorber los inevitables costos ambientales que toda actividad humana y productiva generan. De todos modos nada se ha oído por parte de las fuerzas que pugnan por la pureza ambiental respecto a las plantas del mismo tipo, aunque con tecnologías más rudimentarias, que existen río arriba, aunque en norteña jurisdicción. Cabe recordar que los cauces y los niveles de contaminación, de los cursos de agua, suelen hacer caso omiso a las jurisdicciones político administrativas. En este caso parece más que apropiado rescatar ese viejo proverbio cuya advertencia reza: que el árbol no nos tape el bosque. *
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