LAS NUEVAS URGENCIAS DEL PENSAMIENTO

Recogiendo la experiencia de sus propias formulaciones, la Cepal revisa la base teórica de la integración latinoamericana

Ahora, ese núcleo de elaboración del pensamiento latinoamericano gira con urgencia hacia la revisión de sus propios documentos y renueva a partir de la experiencia práctica de la negociación comercial  el caso Rosales es paradigmático al respecto- aquella teoría. Los nuevos documentos cepalinos son densos en materia documental, pero sobre todo, están urgidos por una advertencia que se puede leer en cada una de sus capítulos. América Latina ostenta avances en su competitividad internacional, pero ellos son mediocres frente a un mundo que se mueve y consolida acuerdos que amenazan dejar a la región fuera del mercado global no bien varíen algunas de las excepcionales condiciones que hoy valorizan las exportaciones de commodities minerales y alimentarios.(2) Cepal no abdica del ideal integracionista caribeño y latinoamericano sino que recrea su propio pensamiento asilándolo de una ideologización fantástica a la cual es tan afecta la novelística y la discusión continental. Los siguientes son extractos del capítulo dedicado a esa revisión animada por la urgencia de generar pensamiento propio y útil frente a una experiencia desbordante y de enorme riesgo para la sustentabilidad de las nuevas propuestas de justicia social con afirmación institucional. La Separata de Economía está en condiciones de proveer el acceso más fácil para los lectores de LA REPUBLICA a los cuales, por distintas razones le resulte difícil ubicar las rutas de acceso a los documentos originales. La responsabilidad de la selección y la subtitulación es del editor. J.J. (3)

 

La dinámica de los hechos

Hasta diciembre de 2000, se habían suscrito 61 acuerdos que concedían preferencias arancelarias intrarregionales, la mayor parte de ellos en el marco de la Aladi, y tan solo se habían negociado y firmado cinco tratados de libre comercio con países desarrollados; cuatro de ellos suscritos por México–el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) en 1994 y los acuerdos con la Unión Europea en 1997, Israel en 2000 y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) en 2001– y uno realizado por Chile con Canadá en 1997. Desde entonces, y especialmente durante el último quinquenio (2001-2006), las negociaciones de acuerdos extrarregionales han sido muy numerosas en la región, de modo que los acuerdos concretados superaron a los intrarregionales. De un total de 68 acuerdos vigentes o en proceso de entrar en vigencia hasta mayo de 2006, 51 eran de preferencias comerciales intrarregionales y 17 extrarregionales.

 

Conclusiones y urgencias

La proliferación de tratados de libre comercio en América Latina y el Caribe en los últimos años responde a múltiples factores económicos, entre los que cabe mencionar la incertidumbre de las negociaciones de la OMC (véase el capítulo III del presente informe), el estancamiento del proceso de integración regional y la búsqueda de oportunidades para la diversificación de mercados y productos en negociaciones bilaterales con terceros, sin que ello pueda legítimamente interpretarse como desinterés en la integración regional. El desafío futuro en América Latina y el Caribe, sobre todo en América del Sur, es llegar a un acuerdo sobre un diagnóstico de las flaquezas de la integración y elaborar propuestas que impulsen su modernización, aceptando la variedad de estrategias comerciales, preservando los logros alcanzados y facilitando la gradual convergencia de la multiplicidad de acuerdos, en un itinerario y un programa de trabajo realistas, que partan por reconocer la urgencia de una renovada integración regional. La integración regional es necesaria y urgente. A las razones tradicionales que avalan la integración se agregan exigencias derivadas de la actual fase de globalización, tales como la necesidad de forjar alianzas internacionales estratégicas en los planos de producción, logística, comercialización, inversión y tecnología.

Las exigencias de competitividad e innovación tecnológica se acrecientan (véase el capítulo V), en tanto el salto competitivo de China e India redefine drásticamente el mapa mundial de intercambios y ventajas comparativas (véase el capítulo II). Los mercados ampliados, la certidumbre jurídica y la convergencia en materia de normas y disciplinas, sumados a los avances en infraestructura, energía y conectividad, son hoy requisitos para crecer con equidad.

La integración, además de los beneficios vinculados al libre comercio, supone la gradual cooperación macroeconómica en diversas políticas y normas, más allá del campo comercial, incluidos infraestructura, energía y ámbitos regulatorios, además de migración, previsión, salud, educación y medio ambiente, entre los más importantes. La experiencia europea incluye también políticas para reducir las asimetrías económicas entre sus miembros, estimular la cohesión social en sus respectivas sociedades y dotarse de una institucionalidad comunitaria que refleje el sentir balanceado del conjunto de sus integrantes.

 

Insatisfacción

Los resultados de la integración regional distan demasiado de lo anterior y más bien prima un generalizado clima de insatisfacción. Dicho clima es más marcado en el espacio sudamericano, donde el incumplimiento –a veces reiterado– de lo acordado erosiona la credibilidad política de la integración y la certidumbre jurídica, impidiendo que las principales apuestas de inversión se arraiguen en los esquemas de integración. Sin un trato adecuado de las asimetrías, los países más pequeños no sienten que la actual integración sea el mejor entorno para sus necesidades de crecimiento económico y diversificación exportadora.

La integración actual tampoco aborda satisfactoriamente temas clave para la competitividad, tales como servicios, inversiones, comercio electrónico, innovación tecnológica, facilitación del comercio, logística y transporte aéreo y marítimo. Ello queda reflejado en las posiciones que ocupan los países de la región en las clasificaciones internacionales sobre la materia. De esta manera, los acuerdos de integración no están constituyendo eficaces plataformas de aprendizaje para exportar a terceros mercados ni instrumentos para negociaciones relevantes con los principales socios comerciales de la región, como se planteó originalmente.

En cambio, en Centroamérica, el debate es distinto. Allí impera una lógica de geometría variable, con diversidad de velocidades en el proceso de integración y aceptación de las negociaciones de países miembros con terceros de fuera de los acuerdos. Al negociar el Cafta, los países centroamericanos decidieron aplicar entre ellos lo que cada uno había establecido con Estados Unidos, con lo que intentan modernizar su propio esquema de integración, incorporando compromisos nuevos en servicios, inversiones y otros ámbitos. Así, generan condiciones para crear una zona económica ampliada, con disciplinas comunes y con perspectivas de alianzas comerciales para aprovechar tanto la ampliación del mercado centroamericano como el acceso al mercado estadounidense. Centroamérica utilizó las negociaciones comerciales con Estados Unidos y ahora con la Unión Europea para renovar su integración, perseverando en el objetivo de favorecer una mejor inserción internacional. El Caribe, por su parte, refuerza su institucionalidad integracionista, preparando la negociación con la Unión Europea. En ausencia de buenas noticias en el plano multilateral y en la integración regional, no debiera sorprender que los países de tamaño pequeño y mediano inicien negociaciones de libre comercio con economías industrializadas como Estados Unidos o la Unión Eur
opea, con el objeto de aumentar su acceso a los mercados de economías de gran tamaño. En la región, 11 países, más los 14 caribeños, envían al mercado estadounidense el 40% o más de sus exportaciones y, por lo tanto, tiene sentido económico y comercial que deseen garantizar y profundizar un acceso estable a ese mercado. El debate en el Congreso de los Estados Unidos sobre inversiones extranjeras, manufacturas chinas y externalización revela señales proteccionistas; en este sentido, los acuerdos bilaterales operan como un seguro contra eventuales situaciones adversas al comercio. Aceptando las diferencias de tamaño y de orientaciones comerciales, es necesario preservar los logros de los procesos de integración, promoviendo la convergencia en temas comerciales y no comerciales (Rosales, 2006a). Por cierto, cada esquema de integración debe interrogarse respecto de sus aportes al crecimiento y la competitividad de los países que lo componen.

La integración debe acercarse más al sector privado, intentando lograr una congruencia entre este y las iniciativas públicas que estimulan la integración. Esto no reduce el espacio de acción para las políticas públicas. Al contrario, más bien lo ubica en el abordaje de las fallas de mercado y de gobierno y de la necesaria alianza público-privada, ambos factores decisivos en las experiencias exitosas de integración. Al privilegiar la construcción de espacios comunes y flexibilizar las normas de funcionamiento de los acuerdos de integración, sería más fácil estimular la convergencia de políticas en los ámbitos de la energía y la infraestructura, en primer lugar, y luego en materias de medio ambiente, turismo, conectividad, tecnologías de la información y de las comunicaciones, comercio electrónico y prácticas regulatorias, entre otras. En el marco de esa pluralidad de opciones, es posible tender puentes entre los diversos acuerdos comerciales intrarregionales, definiendo un núcleo básico de obligaciones compartidas, con itinerarios flexibles, particularmente para las economías de menor tamaño relativo, y con programas especiales de infraestructura, facilitación del comercio y conectividad, que incluyan la dimensión de trato especial y diferenciado.

 

Preservar la integración  renovando su estrategia

Para alcanzar estos objetivos es fundamental preservar la calidad del proceso integracionista

(Rosales, 2006b). Esto supone respetar las diferencias, cuidar las formas, incorporar flexibilidades, entender los intereses de cada país y la diversidad de realidades económicas y comerciales, privilegiar los consensos y trabajar de preferencia en las áreas donde estos sean más significativos, teniendo en cuenta la vigencia del esfuerzo de integración y la necesidad de adecuarlo a las exigencias del mundo actual. La ponderación conjunta de los costos y las concesiones recíprocas posibles para minimizarlos, garantizando su aceptación por parte de las respectivas sociedades, es tarea primordial para la construcción de consensos y para mejorar la calidad de los procesos de integración.

(1) Osvaldo Rosales, el actual Director del Departamento se ha constituido en el ideólogo del nuevo pensamiento cepalino. Ha sido coordinador del programa económico en la campaña electoral de Eduardo Frei y del ex presidente Ricardo Lago. Ha sido el jefe de la negociación del TLC chileno con EEUU, y actualmente es el director de la División de Comercio Internacional e Integración de Cepal. Su artículo referencial «Crisis de la integración y convergencia de acuerdos comerciales» publicado en el No. 46 de las Notas de la Cepal ha sido glosado y explicado en la edición de la Separata Económica de La República en su edición del 17 de agosto pasado.

(2)-El documento más actual de la elaboración cepalina «Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe, 2005-2006″ y cuyas conclusiones principales son glosadas en esta entrega de la Separata fue conocido el jueves pasado y su versión impresa será publicada en las próximas semanas.

(3) Los lectores con dificultades de acceso a la ubicación en el web de Cepal www.cepal.org pueden solicitar el envío de los documentos citados en este artículo enviando un mail a [email protected] o bien solicitarlos en la sede local de Cepal Juncal 1305 – Ap 1002 tel. 916 1576 *

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