INSTITUCIONALIZACION, PRAGMATISMO, CUMPLIMIENTO DE LOS ACUERDOS, FLEXIBILIDAD

Sorpresa y cautela sobre la formalización de la demanda uruguaya

Paralelamente, el embajador Amorim, responsable nacional de la integración, desde Asunción, acababa de realizar valoraciones importantes sobre la cumbre de Córdoba, entre ellas: a) Ha quedado instituido formalmente el tema de las asimetrías como problema prioritario. b) Sin embargo, no hay nada dramático en la cumbre ni en el calendario que permita visualizar soluciones efectivas. c) Uruguay ha planteado formalmente la necesidad de que se le autorice a realizar TLC bilaterales. d) Que se ha operado convenientemente en eliminar los riesgos de avanzar en una «inflación institucional» del bloque.

 

En búsqueda de contextualizar la novedad

En el intento de recoger la opinión de Vaillant ya en posesión de los pronunciamientos que se fueron sucediendo en la mañana, al mediodía de ayer LA REPUBLICA le solicitó por escrito a uno de los especialistas en materia de integración, el Dr. Marcel Vaillant, una contribución a la explicación de esa apertura regional y flexibilización de la integración que parecía estar demandando formalmente Uruguay en esos momentos. La interrogante fue la siguiente: De hecho, parecería que el embajador Amorim, estaría confirmando de alguna manera una estrategia de permanencia «abierta» de Uruguay en el bloque, con acento de esta última característica. Usted, en cambio, parecería demandar un mayor esfuerzo de institucionalidad e internalización nacional de ciertos acuerdos pendientes. ¿Ello supone que usted considera inconveniente, o imposible, ese nuevo énfasis hacia la bilateralidad independiente que parece orientar la política exterior del Gobierno expuesta casi formalmente en el discurso oficial en Córdoba?

 

Permanencia y flexibilidad

Estas fueron las reflexiones del economista Marcel Vaillant sobre el tema:

«No observo la contradicción entre permanencia y flexibilización. Entiendo que el Uruguay, que es el país sede del Mercosur y que además es un país pequeño, debe actuar a favor de la institucionalización «eficiente» del Mercosur, en el sentido de tener los instrumentos adecuados para conseguir los objetivos perseguidos. Parte del problema de no cumplir la agenda y de como hacer para obtener mayores niveles de credibilidad, se basa en proveer al acuerdo de un compromiso mayor. La integración alcanzada y la que se quiere alcanzar demanda compromiso político y nuevos instrumentos institucionales. Debemos trabajar sobre la premisa de acordar lo que creemos y creer lo que se acuerda, de esta forma será más fácil cumplir con lo pactado y aumentar la credibilidad del proceso. Es importante destacar que en un amplio conjunto de asuntos, que no se circunscriben a los intercambios comerciales en bienes, la opción es entre integrarse con los vecinos o no integrarse con nadie (integración física, energética, gestión de recursos naturales compartidos, etcétera). A este nivel la globalización es idéntica a la regionalización. Luego hay un segundo aspecto: un tema de los tiempos que se necesitan para conseguir los resultados, y en particular los costos que enfrentan los países pequeños cuando las transiciones son tan prolongadas. Lo último ocurre dado que el primer nivel de transformación institucional no se da y el compromiso político es insuficiente en relación a los ambiciosos objetivos del bloque. En este sentido, es necesario responder con medidas que de alguna forma compensen el extra costo en que incurren las economías más pequeñas. En particular este problema es evidente en el lento desarrollo que ha tenido la construcción de la unión aduanera, lo cual es lógico dado que construir una unión aduanera no es fácil.

 

Compensar con flexibilidad

Darles una mayor libertad de acción en la negociación con terceros puede ser unos de los mecanismos de compensar a los pequeños. Quizás, incluso, el más efectivo y menos costoso. Sobre todo cuando la unión aduanera, recién la estamos instalando y tiene muchos otros obstáculos a superar antes que las pequeñas perforaciones que estos acuerdos puedan generar. Uno de los ejemplos más claros es que Brasil tiene otorgadas concesiones arancelarias para el funcionamiento de la zona franca de Manaos hasta el año 2023. Esto se da en condiciones diferentes del arancel externo común (AEC) en la relación con terceros, en lo que tiene que ver con el acceso al mercado de Brasil. La Zona Franca de Manaos compra bienes importados del resto del mundo por una magnitud comparable al total de las importaciones de Paraguay y Uruguay. Además ¿si todos juntos no podemos conseguir un mejor acceso al resto del mundo, por los motivos que sean, porque no permitir que los países más pequeños lo obtengan? Si esta libertad se obtiene, entonces la voluntad de integración de los pequeños se verá fortalecida, luego no verán con ojos tan críticos y molestos el eventual bilateralismo entre los socios más grandes. Es decir todos los socios se permiten una flexibilidad en el grado y la intensidad de la relación con terceros pero no desconocen o rechazan la senda de integración en la cual todos están, en mi opinión, irreversiblemente embarcados.

En el Uruguay hay una permanente tendencia en oponer la integración al mundo y a la región, lo cual en mi opinión es un error. Se trata de construir la integración a la región y al mundo, vistas como procesos complementarios y retroalimentados. Construir esta doble estrategia es el complejo desafío de la política de inserción internacional del país, en el contexto de las restricciones y dificultades evidentes que ambos planos de la inserción encierran».

(*) El Dr. Marcel Vaillant es profesor titular de la cátedra de Comercio Internacional del departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales. Sus respuestas son realizadas a título personal.

 

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