La extraña reactivación de los juegos peligrosos
Lentamente, la evolución del plan de gobierno va llevándolo a una situación en la cual el autoritarismo va a ir sustituyendo la amable estrategia de relacionamiento que el gobierno ha podido mantener con su propia fuerza política de sustentación y las organizaciones de la sociedad civil. Inevitablemente esto debía producirse en algún momento en el cual, el equipo económico, en particular, no pudiera avanzar más en su programa contando tan sólo con las frágiles mayorías legislativas. Es interesante observar como el gobierno ha quedado embretado en una situación previsible sin más plan de contingencia que exponer al presidente a ingresar en un área en la cual el pragmatismo ya no alcanza para mantener la dinámica del proceso de cambios. Una parte del gobierno trabaja en políticas sociales con convicción militante pero extendiéndose en una confrontación más o menos explícita con la otra parte del gobierno, la que administra y ordena el gasto. Peor aún, los operadores de la izquierda saben que hacer política social «directa» remunera bien y en tanto el empeño consiste en diferenciarse lo más posible de ese ordenador insensible y alejado de las necesidades reales de la gente. En la lógica de la coalición eso va a seguir siendo así aunque todos entiendan los riesgos del juego. Juego que incluye el desgaste progresivo actual del equipo económico y del propio presidente en un mañana no muy lejano. En la otra vertiente, un núcleo muy estrecho del ejecutivo ejecuta una estrategia expuesta a riesgos elevados y cuyas premisas básicas no sólo no son compartidas sino que parten de diagnósticos que la izquierda no dispone (ver recuadro). El equipo económico conoce esos diagnósticos y el presidente los intuye con ese pragmatismo que lo caracteriza. Ha diseñado su programa para ejecutar los cambios suponiendo que puede avanzar en ellos desde el natural aislamiento de las elites y en el marco de un gobierno jugado exclusivamente al mantenimiento de la adhesión de la fuerza política que lo sustenta.
La lógica de la resistencia y el juego estimulado
Si los afectados por los cambios no pueden canalizar sus reivindicaciones a través de sus partidos de representación tradicional porque estos se destruyen sin participación en el juego- la resistencia corporativa a los cambios se canalizará vía los operadores de la fuerza política de gobierno. Pero, además, ese equilibrio entre estabilidad y reformas comienza a enfrentarse a esa estrategia de neutralización de las resistencias sociales basada en la apertura de una «consulta» que, naturalmente iba a generar más expectativas y oposición que adhesión. Esas consultas realizada prácticamente a la vera de la representación política y legislativa de los sectores afectados por las reformas son caras, no cuentan con una metodología de comunicación y síntesis adecuada y, además, en el fondo, todo el mundo adivina que lo que está en consulta realmente es muy poco, como no podría ser de otra manera. Por si fuera poco el gobierno ha reinventado las rendiciones de cuentas que «corregirían» los defectos de la Ley presupuestal. Es realmente sorprendente esa claudicación que supone el plan. La promoción de la discusión continua que implica ocupar prácticamente la mitad del tiempo legislativo en discutir el presupuesto ha reavivado la memoria de una confrontación que agrega poco valor y genera problemas gratuitamente. Es imposible reformar explicando materias complejas, arbitrando y conciliando los objetivos finales del programa de gobierno, cuando la gente ya está en la calle peleando por su porción de la torta, sin confianza alguna en que los otros se comporten de manera diferente. La discusión de la rendición de cuentas amenaza multiplicar hasta el infinito aquel juego de diferenciaciones permanentes que sufre la coalición, incluyendo al presidente. Todos quieren ponerle la firma a «conquistas sociales» confrontando con aquella insensibilidad del ordenador del gasto. Cualquier representante que no tiene siquiera idea del plan global se ha transformado en un perito de la distribución y la justicia social. Pero el problema no es del diputado y el senador que juega en un escenario comprimido, sin márgenes y potencialmente desvalido. Tampoco el problema es la comunicación aislada del juego. El problema es el método, el diseño que reactiva el juego de la confrontación permanente. Por ahora el mercado parece estar minimizando el riesgo político. La encuesta de expectativas económicas dada a conocer por el BCU el jueves pasado indica la confianza que inspira el plan monetario y fiscal de corto mediano plazo y la fortaleza institucional para llevarlo a cabo. El jueves pasado, al mismo tiempo que el BCU daba a conocer la referida encuesta, FACTUM informaba de un rápido deterioro de la confiabilidad social de la acción del gobierno, incluyendo los dos pilares de su acción ejecutiva: el ministerio político y el de hacienda. Si esto sigue así, o vamos a un escenario más «brasileño» de disminución progresiva del riesgo político partidario con sus consecuencias previsibles o en el caso contrario, la dominancia del conflicto político comenzará a reflejarse en las expectativas del mercado, y allí se realizaran las pérdidas formales de la confianza. En esta última perspectiva, todo quedará reducido a lo que pueda hacer el presidente, pero entonces las reformas habrán perdido su prioridad en el plan, porque de alguna manera habrá que volver a colocar los énfasis en la estabilización. *
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