Una agenda cargada de obligaciones y vencimientos

El Presidente tiene unas horas para realizar las cinco o seis llamadas antes de que las cosas pasen a mayores y la especulación aumente más de lo debido. Hasta el lunes pasado el calendario de vencimientos era más o menos previsible y más allá de los ruidos, era soportable. A partir de que la Presidencia optó por volver la resolución de las desavenencias sobre la reforma tributaria al seno del grupo de trabajo de la bancada oficialista integrada con base en los delgados en la comisión de hacienda, las cosas volvieron a complicarse. Generalmente en la estacionalidad política y económica de este país, el fin de junio es una fecha con vencimientos que hay que prever; en particular para este gobierno que ha decidido recrear en cada rendición de cuenta anual toda la potencia desestabilizadora de la confrontación presupuestal.

Con cierto simplismo de diseño, la discusión legislativa se ha concentrado sobre la bancada del FA-EP la responsabilidad de enfrentar la suma de contradicciones naturales que tiene el gobierno.

Esa bancada, sin exposición a la competencia, crea diferenciaciones partidarias y personales que se superpone al juego de la representación ya de por sí conflictiva en extremo. Ello hace más dificultoso el logro de acuerdos voluntarios de la fuerza política en el gobierno.

Esta dificultad ha sido subestimada y ahora se cierne sobre el calendario exigido por dos proyectos pesados desde una visión de riesgo de la economía, por no decir de la sustentabilidad del programa de gobierno en su conjunto: la reforma tributaria y la rendición de cuentas. Dado que parecerían haberse desestimado dos propuestas formales del PN y el Partido Independiente de iniciar la discusión de la rendición de cuentas en el Senado, la reforma tributaria tiene que lograr la media sanción en diputados antes del 30 del corriente, fecha en la cual debe ingresar el proyecto de rendición de cuentas a la cámara baja. A lo sumo, mientras se distribuye y lee el proyecto de rendición, el tratamiento de la reforma tributaria tiene unos ocho o diez días más para ser aprobada, pero no más. Además, es fin de mes en el cual la gente y las empresas sentirán de diversas maneras la contracción monetaria obligatoria que el BCU aplica actualmente. Hay negociación colectiva abierta y la gente va a especular con la moneda que tiene, la de su propia movilización en la calle, como los administradores del capital lo hacen con las tasas cuando se sospecha un aumento de la inflación mayor al de las metas programadas. Y además, en este planetario de bóveda común, el nerviosismo de los mercados anticipando la reunión de fin de mes de la Reserva Federal, va a internalizar un efecto agregado de malestar y vulnerabilidad.

Esos intangibles se trasladan con mucha rapidez a las conductas financieras, dificultan el crédito, las transacciones y se carga en la tasa de interés. Por último, la delegación del FMI que debe iniciar la cuarta revisión del programa comenzará sus trabajos en un escenario que ya poco tienen que ver con los de las revisiones previas. Pudiera ser que, en la previsión del aumento de la confusión actual, a alguien se lo ocurriera pedir alguna contingencia fiscal agregada… Dado lo cual parece obvio que esas llamadas disciplinantes del Presidente no se deberían demorar: fuera de hora pagan moras y recargos caros . *

J.J

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